Autor: Foncillas Aragón, Fernando. 
   La Falange, esa "contradictoria síntesis"     
 
 Diario 16.    11/02/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Viernes 11 febrero 77/DIARIO 16

OPINION/5

La Falange, esa «contradictoria síntesis»

Fernando Foncillas Aragón

(Secretario Nacional de Prensa y Propaganda de FE y de las JONS auténtica)

El 4 de febrero de 1970, hace siete años ya, fallecía en Madrid, víctima de penosa enfermedad, Manuel

Hedilla Larrey, que fuera segundo jefe nacional de Falange Española de las JONS, tras la desaparición de

José Antonio Primo de Rivera.

La fidelidad a los principios y la consecuencia con la propia conciencia de hombres como Manuel Hedilla

Larrey, ha hecho posible levantar públicamente y con toda dignidad la bandera de la auténtica Falange, de

la otra Falange, la de los bolsillos vacíos, la Falange perseguida que no aceptó, ni aceptará, sobornos

contra su independencia y su verdad.

Hoy, como ayer, siguen existiendo dos grupos considerables que reinvindican el nombre de Falange,

aunque hoy, y no como ayer, las dos Falanges son públicamente conocidas. La una y la otra son hijas de

la historia política de quienes las integran y, consecuentemente, se basan en distintas, e incluso contrarias,

alternativas ideológicas y prácticas. Como muy bien señala Salvador de Brocá en su obra "Falange y

filosofía": "Primo de Rivera dijo y repitió "ad libitum" que la Falange no era un movimiento de derecha ni

de izquierda ni de centro. En realidad, era de derechas, de izquierdas y de centro.

Radicalización

Esta misma "contradictoria síntesis", a la que hace referencia el citado autor, se proyecta hasta nuestros

días, si bien la radicalización ha hecho desaparecer, o minimizar, la categoría de centro para reforzar

las otras dos tendencias antagónicas, sin árbitros ni relaciones.

De una parte, la Falange oficial que lo ha sido durante el largo mandato del general Franco y, claro está,

oficializada por el Gobierno Suárez en razón de la proximidad habida en los años pasados, alberga en su

seno a las camarillas conocidas por su lealtad personal, dada la inexistencia de pensamiento político, al

desaparecido Jefe del Estado, a su decadente Movimiento (en sus vertientes de Institución, Comunión,

Consejo Nacional y Secretaría General) y a una línea ideológica y práctica desechada, por la vía de

superación, por su propio autor en continua evolución madurativa, a la que además se le introducen las

variantes habidas en el proceso de falseación y utilización que arranca con el decreto de Unificación en

abril de 1937.

Reivindicamos a Hedilla

De otra parte, la auténtica Falange que no hedillista, puesto que, como ya he indicado, Manuel Hedilla

Larrey fue un ortodoxo de los planteamientos prácticos derivados de una doctrina y no un ideólogo; aun-

que, evidentemente, reivindicamos en toda su dimensión a tan ejemplar figura.

Se ha llegado a decir por los más interesados en que esto fuera así, que la auténtica Falange tuvo su razón

de ser en una época histórica ya pasada. Si un movimiento político no es sólo la creación de un hombre

sino también el fruto de unas circunstancias, la auténtica Falange tiene más razón para existir hoy

que ayer. No la tiene, sin embargo, para los que nos creyeron fuerza de choque anticomunista y ahora,

convencidos de la universalización de los problemas, atribuyen a otras fuerzas internacionales y

nacionales, como la Falange oficial que ocasionalmente se presta al juego, el papel de protectores del

antiguo régimen y de defensores del capitalismo. La auténtica Falange, en base a las ideas de José

Antonio Primo de Rivera, aspira, como lo hicieran Manuel Hedilla Larrey y otros leales, a un cambio de

estructuras y, en especial, a un cambio radical en las estructuras económicas, no porque lo material sea lo

importante, sino porque la justicia sí que lo es. Para no ser tildados de lo que no somos, diré que,

inherente a esta aspiración se encuentra todo un humanismo enteramente diferente al que subyace en el

capitalismo, consistente en potenciar la presencia viva del hombre en el control, en la dirección y en la

explotación de sus propios esfuerzos.

La exposición de nuestras ideas con la debida extensión nos ocuparía más espacio del que podemos

disponer y queda mucho por decir, y aún más por hacer.

 

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