Don Nemesio Fernández-Cuesta, en el C.E.P.E.D.E.. 
 "Al empresario español se le ha metido la política en la cuenta de resultados"     
 
 Informaciones.    09/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

DON NEMESIO FERNANDEZ-CUESTA, EN EL C.E.P.E.D.E.

«Al empresario español se le ha metido la política en la cuenta de resultados»

MADRID, 9 (INFORMAC1ONES).

AL empresario español le han pasado muchas cosas. Pero se quisiéramos resumirlas en una fórmula, yo

diría que al empresario español se le ha metido la política, de pronto, en la cuenta de resultados», dijo don

Nemesio Fernández-Cuesta en su conferencia sobre «El papel político del empresario», dentro del ciclo

que desarrolla en Tarragona el CEPEDE (Centro de Perfeccionamiento y Desarrollo de la Dirección de

Empresas).

«No vengo —dijo el conferenciante— a dar un mitin, ni a iniciar una campaña electoral, sino que me

propongo traer un poco de claridad a una situación en la que la sorpresa de los acontecimientos puede

producir oscuridad y confusión. Y espero que esa claridad, que no va a alumbrar precisamente campos de

rosas, acabe por infundir alguna firmeza en el presente y alguna razonable confianza en el futuro.»

«Acostumbrados a que la economía —dijo más adelante— haya sido durante años la princesa del cuento,

no entendemos cómo de repente se fue convirtiendo en la Cenicienta, hasta el punto de que el vuelo

político, que con tanto aliento se emprendió, se superpuso a un anclaje económico de suma gravedad por

su excesiva duración. El empresario español siente una confusión generada por dos corrientes: la presión

política y las presiones económicas interiores y exteriores; pero siente también las tensiones sociales y las

que se ejercen incuestionablemente entre los pueblos de la comunidad en que vivimos. Y todas estas

fuerzas nos llevan, sin duda, a un nuevo orden político y a un nuevo orden social.

Pero también, lo que importa muchísimo al empresario, nos exigen un nuevo concepto del desarrollo. El

desarrollo es, antes que nada, la puesta al día de un concepto, la renovación de una mentalidad. El

desarrollo hay consiste en un humanismo. El contenido de la avalancha que nos empuja consiste en el

deseo irreversible y operante de un mundo políticamente más libre, socialmente más justo y

económicamente más eficaz. Nadie prefiere ya la injusticia al desorden, porque está claro que la injusticia

es el más profundo y más grave de los desórdenes.»

PARTICIPAR EN EL CAMBIO POLÍTICO

El señor Fernández-Cuesta afirmó después que ante esta realidad, «el empresario español debe tomar

posición activa, no para hacer política, sino para participar en el cambió político, para adelantarse en el

cambio social, para volver a ser protagonista del nuevo concepto del desarrollo. Los acontecimientos han

sentado al economista en su mesa de trabajo y nos han puesto delante al político, ante el que debemos

tomar sin demora una postura clara de ofrecimiento y de exigencia. La economía no sustituye a la

política. El economista es un experto de preciosos valores, pero no el hechicero de la tribu, manipulador

de las ecuaciones del milagro.

Una economía más justa va a resultar más eficaz. Pero también una economía más eficaz va a resultar por

si misma más justa. Han pasado los tiempos en que los viejos dogmáticos se escandalizaban cuando oían

relacionar la economía con la justicia. Ante la situación viva —o muerta, según se mire— de nuestra

economía, lo que nos hace falta es acertar en el tratamiento, algo concreto y específico, que no debemos

esperar de los políticos, especializados en generalizar. Ahí están los pobrísimos programas económicos de

los partidos que, puestos a innovar, nos ofrecen como plato caliente y especialidad de la casa la Economía

Social del Mercado, guisada por Erhard para la restauración de Alemania hace treinta años...

El empresario español —concluyó— debe manifestar con la mayor agudeza dos sentidos: el sentido de la

responsabilidad y el sentido de protagonismo. El es el motor de la economía libre, pero siempre que tenga

un concepto contemporáneo y justo de la empresa; basado en la defensa de la iniciativa privada, sí, pero

también de una más justa distribución de las decisiones y de los beneficios.

En esta fascinante aventura del cambio, en la que a todos se nos debe conceder un margen de error, a los

empresarios nos corresponde otorgar su margen de error a los políticos. Pero siempre con la idea muy

clara de que ellos y nosotros nos necesitamos para hacer un nuevo país, que ya palpita en nuestras

ilusiones y deseos.»

 

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