Autor: Labordeta, José Antonio. 
   El Trasvase de las bases     
 
 Diario 16.    02/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Escritor y cantante

El trasvase de las bases

La izquierda aragonesa se echó multitudinariamente a la calle hace cuatro días para pedir el

desmantelamiento de la base norteamericana. Parece que es lo único en que pueden ponerse de acuerdo

los «progres» del Ebro.

O las bases del trasvase, da lo mismo, porque ambas expresiones ponen negro al personal que se lava y

bebe de las aguas del Ebro mientras observa, allá en los cielos, cómo se pasean y bambolean los cazas

yanquis haciendo maniobras por los alrededores de las Bardenas. Ambas expresiones son de las pocas que

hacen que las gentes de aquí se movilicen de modo ¿unitario? y radical.

En la década de los setenta, cuando en este país gobernaba el fa-raonismo de Silva Muñoz o de Fernández

de la Mora, desde el Ministerio de Desobras Públicas se proyectó, desde la óptica del puro monetarismo,

llevarse las aguas de unas zonas, para regar y sacar tajada a las «perneas», hasta otras zonas carentes de

agua pero con buenos climas para el «productivismo».

El agua

Se hizo el del Tajo-Segura y se intentó el del Ebro al Pirineo oriental Las gentes del Tajo se callaron. Las

del Ebro salieron a la calle. Todas. Porque aquí, donde el desierto está al borde de la escalera de casa y

que tenemos conciencia de sobrevivir gracias al agua, el solo hecho de mentar la cuerda en casa del

ahorcado nos une a todos y nos lanza a la calle como dardos. Y fue hermoso el espectáculo de unas gentes

pasivas —siempre lo somos— desconfiadas — tenemos razones para ello— y orgullosas —¡no se de

qué!— firmando ¡o que hubiese que firmar en contra del intento de arrebatarnos algo que desde niño

hemos mamado: El agua que nos hace país en el desierto.

No sucedió lo mismo en los cincuenta cuando nuestros amigos los yanquis aparecieron despistados por

las mudejares calles zaragozanas y, con aspecto de chicos bobalicones, preguntaban:

— ¿Dónde putas?

Y nuestros encantadores «hombres de negocios» pronto montaron tablados flamencos del más puro

ancestro andaluz, a orillas del río Ebro, que carece por completo de embrujo y por el contrario lleva

consigo la rabia de! cierzo puñetero y respondón. Pero a los chicos del Nebraska —¿existió este territorio,

o se lo inventó J. Ma-llorquí?— qué más les daba flamenco, que chihuahua o el tango argentino. Aquí

todos éramos hispanos — menos un amigo mío de Mendavia que ya entonces se declaraba afgano— y

estábamos en el bodrio del hambre y del sacar el cuerpo de apuros cotidianos.

Pero pronto vimos que de la bella estampa de Guadalcanal ya no quedaba nada y que los tíos estos habían

venido aquí para sacar tajada de un país que andaba entre la dictadura feroz de! general, y la miseria de

una autarquía empedorrada entre burócratas de la falange y tecnócratas del Opus. Y ellos, mientras tanto,

haciendo de su capa un sayo.

Las bases del trasvase

Y de golpe, cuando más tranquilos andábamos contemplando el espectáculo socialdemócrata del PSOE,

van V nos pegan el susto de que como en Torrejón hay mucho personal para morir, y que además trabaja

en la Administración Central, lo mejor será llevarse todo el aparato estratégico militar a Zaragoza que,

como son sordos — ¡hombre todos no, sólo Goya y Buñueü— no se enterarán de nada. Y alguien (o

murmuró bajico, para ver si con io de la sordera no se enteraban. Pero el personal se enteró y se armó una

que vaya usted a saber de qué lado se garraba !a ^formación. La derecha y la izquierda; los ecólogos y los

de historias; las betas y los adolescentes se unieron a! partido del botijo, del gurrión y la fiambrera y, a

codazos, se pusieron de acuerdo: ¡BASES, NO!

Fraga

Pero siempre tiene que haber uno que dé la nota y que a la manera «gallega» — es decir, sabiendo lo que

se dice aunque se diga sin saberlo — saque la patita del tiesto y se la meta en la tripa del personal. En este

caso, don Manuel Fraga Iribarne, con su jovial juventud ininteligible se marcó la revolera de decir:

— Donde hay que poner las bases es en Teruel. Hay mucho sitio.

Y más, si hubiese seguido él de ministro de aquellos de la información para saber quien tenía que no dar

información en este país. Su desfachatez llegó tan de sopetón que cogió a todo su partido con el misal en

la mano y sin saber qué cara poner. Alguno dijo que es que se le había entendido mal. Claro, como

siempre. Pero por si acaso lléveselos a su casa, don Manuel, que por las tierras de Teruel hace frío y

necesitan otras cosas que soldaditos negros mascando chicles en defensa de la civilización occidental que

tanto les gusta a ios barrio chino de San Francisco.

 

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