Autor: Valero Bermejo, Luis. 
   La unidad que debemos mantener     
 
 El Alcázar.    07/10/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA UNIDAD QUE DEBEMOS MANTENER

Por Luis VALERO BERMEJO

EN estas últimas semanas, los medios de comunicación han dedicado su atención, a referir las

conversaciones entre los grupos políticos que, desde Mayo, establecieron un acuerdo de actividad conjun-

ta ante el período electoral cuya apertura se iniciaba. Las entrevistas, con comida o sin ella, se han

extendido a otras personalidades que, en distinto grado, constituyen el núcleo de fuerzas en condiciones

de ofrecer su vocación (sin ambiciones personales! al servicio de la comunidad nacional. La información

que sobre estas reuniones se dan a la opinión, no son lo suficientemente abiertas, y, muchas de ellas, se

tiñen de malevolencia y partidismo. Es posible que en parte, a ello contribuya la conveniencia de no

anticipar hechos, o de no presentar los deseos como realidades, aunque los propósitos, y por tanto las

conclusiones, son decididos y coherentes.

La malevolencia informativa insiste en el término de "derechas", con que se pretende bautizar a

la alianza, o de"centro-derecha", sin duda, con la intención de facilitar él empleo de los futuros epítetos,

que una supuesta "izquierda nacional", y en todo caso el marxismo (en sus diferentes familias y grados),

ha de tratar de utilizar, al servicio de un juego político sucio y desleal. Conseguida la unidad falangista,

con la aceptación del grupo de F.E. y de las J.O.N.S. (salvo la escisión hedillista que habrá también que

soldar para quienes de buena fe y limpieza de propósitos sirvan los ideales joseantonianos), la calificación

de "derechista" a la alianza prevista, resulta por completo incongruente. Ni la democracia cristiana

homologada por los heterogéneos grupos europeos, ni !a mixtura de las camarillas liberales, ni las

proclamas cabalísticas de una ´"socialdemocra-cia de importación", puede pretender situarse a la

izquierda, en sus gustos, en sus aficiones, en sus compromisos de orden económico y social, de una

alianza de carácter nacional.

Incluso muchos de los pseudo-juveniles grupos socialistas, ofrecen una conducta social en ex-

tremo vulnerable a una exigencia profunda y enérgica de la comunidad nacional creada, modelada y

arraigada por el franquismo, si la despojamos de toda la escayola que el egoísmo de los grupos de

intereses y de presión, han venido ocultando en sucesivas superposiciones. La estructura fundamental del

Estado del 18 de Julio es en este aspecto concreto, la Ley marco de talante de justicia compacta y

generatriz del Fuero del Trabajo la hora de examinar los balbuceos programáticos de los socialistas

españoles de 1976, pronto se descubre una retórica que suena a hueco, a falso. Sólo del P.C.E. a la

izquierda, es cuando se encuentran las antítesis demagógicamente expresadas, y las síntesis utópicas, en-

cubridoras de una dictadura perfectamente traducible al español, que muestra sus "conquistas", en buena

parte de la Europa vencida por vencedora, de la última guerra mundial.

Fernández Cuesta, Fernández de la Mora, Martínez Esteruelas y Tilomas de Carranza, han

negado, niegan y negarán siempre, una calificación de derechistas en el terreno de las ideas; En la

práctica, o en el ejercicio del poder, el empeño de su gente es acometer una tarea nacional, que por serlo,

no puede apoyarse en una clase para servir en contra de otra u otras clases. Quien parta del Estado del 18

de Julio, no puede cometer esta traición, o este error, aunque la imagen de dicho Estado venga siendo

desvirtuada, zarandeada, falsificada, por una legión de intelectuales o de economistas (pseudointelec-

tuales o pseudo economistas muchos de ellos) con todos los "gastos pagados", sin que esta insidiosa

campaña haya merecido desde hace ya varios años, una contrarréplica, fundamentada y clara, de

Administración estatal que confió excesivamente en la fuerza de la razón, y respeto de manera

equivocada lo que debe entender por "dignidad humana". Por esta circunstancia, nos resulta tan difícil

"tragar" el espíritu de la tecnocracia en la "alianza" que pretendemos, y nos gustaría que una actitud

modesta y humilde de sus principales protagonistas de veinte años casi facilitara nuestra cohesión y

nuestra auténtica imagen.

Los grupos anteriores, decidimos a levantar una bandera para los españoles del futuro, cuyo

mástil permanece clavado en el franquismo, sin perjuicio de que deseen mantener sus autonomías con la

pluralidad admitida (el "contraste de pareceres" de la constitución abierta del Estado Nacional) en el terre-

no de la política concreta, no son excluyentes, al estar persuadidos que la identidad de objetivos, de

actitudes y de estilo, son comunes a otras personas y grupos y no solo por sentido de autodefensa, sino

también para una sugestiva tarea de futuro, con objetivos mucho más duraderos qué los de las elecciones

de la primavera de 1977. La "alianza" que se está conformando, o que se debe de conformar, debe estar

protegida de la insolaridad y del radicalismo e impregnada, hasta la saturación, de afán y de espíritu de

servicio... y de humildad y de caridad inteligente, y fructífera.

Por eso es, por lo que los nombres de Fraga y de Silva, han estado en la mente de la "cuádruple",

desde los primeros momentos. Respecto al primero, sólo reliquias de un pasado muy reciente y demasiado

corto, pueden ser causa de cautelas; estas reservas pueden ser mutuas, ya que también el "incombustible",

recibió adhesiones equivocadas, atraídas por el triunfo que se veía cercano, e incluso para algunos

"impacientes", en sus propias manos. Federico Silva es un caso diferente; partió de una base plenamente

incorporada (tras un pasado fallido) que. levantó el Cardenal Herrera que supo ofrecer al Caudillo perma-

nentes consejos y sus más acreditadas "promesas". Sirvió a la Nación, sin vestir la camisa azul ni

colocarse la boina roja, por falta de estilo, aunque no por inconvenientes sinceros. En los últimos meses,

se halla rodeado de peligros y ha querido, ante ellos, actuar con astucia. No se definió con claridad en el

proceso asociacionista del Movimiento guardó sus espaldas ante un futuro incierto. Personalmente creo,

que poco tiene de común con la D.C. de Ruiz o de Gil, si éstos persisten en su revanchismo. Si me

equivocara, habría que saludarle cortésmente y desearle buena suerte.

Esta ha sido la posición de la Confederación Nacional de Combatientes en los dos meses

últimos, a partir del acuerdo de la II Asamblea de Marzo: la de hacer posible la unidad ante lo

fundamental, incluso ante el neutralismo democráticoliberal de los gobiernos pasados, presentes y futuros.

Esto es lo que los órganos territoriales de la Confederación vienen urgiendo y reclamando, como a ellos

les urgen y reclaman orientación y actitudes, los hombres y mujeres de sus bases, desperdigados por todo

el territorio nacional, que no son sólo burgueses, sino desperdigados también por trabajadores, clases

medias y grupos sociales arraigados, que no se dejan aturdir por la algarabía marxista, tan magistralmente

dirigida por toda suerte de egoísmos y de "malas conciencias". Son la mayoría aritmética que en Cataluña

o en Galicia, en Canarias o en el Pais Vasco o Valencia, están soportando una presión de locura

autonomista, que pudiera significar el preludio de una ruptura dramática. Son cientos de miles de

familias, que no han cubierto aún el hueco dejado hace muchos años por los héroes y mártires antimar-

xistas. Son millones de trabajadores, que empiezan a sentirse manipulados en su propia dignidad y en su

libertad de trabajo. Son pequeños, medianos y grandes empresarios, abandonados ante un futuro

sembrado de odio, de demagogia y lleno de inseguridad y de incógnitas económicas. Son los hombres del

campo, son millares de jóvenes que empiezan a darse cuenta que su futuro se puede quebrar, pese a su

esfuerzo y afán de promoción... son, en fin, los millones de españoles que vivieron, nacieron y crecieron

en el franquismo, con dignidad y orgullo, sin percatarse de que les faltaba esa "libertad", o esa "demo-

cracia", que ahora se ofrece como medicina milagrosa para toda clase de males.

Y junto a esas Asociaciones nacidas en 1975, u otras por nacer, a su derecha todavía quedan

masas de patriotas, enardecidos y entusiastas, a los que dejar aislados, deslindados por un gheto de

cobardías, sería además de una injusticia, un error político. Porque frente a los "acollonados" que hoy

tonto abundan, las actitudes viriles ante el terrorismo moral al que se quiere someter la conciencia

nacional, las fuerzas que actúan con gallardía y pureza de ideales, son la sal de toda empresa común que

la Pabia demanda en un futuro próximo. Los hombres y las mujeres de Blas Pinar, sus juventudes

ejemplares e inasequibles al desaliento, los grupos universitarios que han sostenido con honor a las Insti-

tuciones, las Asociaciones Políticas Juveniles que han sido constituidas bajo un signo nacional y

antimarxista inequívoco... todos deben incorporarse a la "alianza" con generosidad y con confianza. Ante

la amplitud del ataque al 18 de Julio, y de los valores comunes que constituyen el legado de Franco y la

substancia de la Patria española, ninguna aportación puede ser menospreciada.

Ya no falta mucho tiempo para que llegue el primer aniversario de la muerte de nuestro Caudillo.

Urge limar aristas, renunciar a protagonismos, abandonar al pasado viejas rencillas, poner en juego la

imaginación para recorrer con firmeza el futuro, dando rápida forma a la evolución legítima del orden po-

lítico que Franco dejó permanentemente abierto, salvados los Principios inmutables que nos salvaguardan

como Nación y. nos aseguran el cumplimiento de su destino histórico en el contexto mundial. Una forma

de atender el último Mandato, del que millones de españoles llamaremos siempre Caudillo, seria la de que

al rezar por su alma y por el bien de España el 20 de noviembre, nos halláramos ya unidos y dispuestos a

continuar la tarea sin temer el resultado de la reforma. Su voluntad durante cuarenta años sostenida con fe

por su pueblo, nunca dejfraudó, nunca engañó, a este mismo pueblo que ahora ha de ser llamado a

expresar libremente lo que cree que es mejor para todos. Esto es lo que tenemos que conseguir, aunque

con ello tengamos que abandonar de nuevo el descanso, la intimidad, el patrimonio y la paz del hogar.

 

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