Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Entre en cinismo y la cobardía     
 
 El Alcázar.    13/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CRONICA DEL RIO REVUELTO ENTRE EL CINISMO Y LA COBARDÍA

Por Ismael MEDINA

CUALQUIER cristiano decente rezó aquella noche una oración por el alma de Carlos González e imploro

por la hermandad entre los hombres. Cualquier cristiano decente elevaría noches después parejas

plegarias sobre el rastro sangriento de los cinco españoles asesinados en San Sebastián. Cualquier

cristiano decente cumple el deber hermoso de la caridad, cada vez que la sangre se vierte bajo la

crispación del odio y la discordia.

La vieja catequesis del maestro de escuela y del cura de pan y olla, casi la única que hemos tenido quienes

venimos de los estratos humildes de nuestra sociedad, crecía desde el compromiso del amor al prójimo.

Desde una sencilla y recta interpretación del Evangelio, concebido como un mensaje de salvación

personal y de contribución, desde la caridad, a la creación de un mundo de hermanos, crecido a partir de

la ejemplaridad cristiana de cada Cual. Ahora que los maestros de escuela se han convertido en bárbaros,

desaunados y prepotentes jóvenes profesores de EGB y que los curas de misa y olla se han transformado

en bárbaros, desaliñados y prepotentes misioneros sociopoliticos, aquelles se inhiben de la formación

religiosa, con el pretexto grotesco de que no son especialistas y estos rehuyen la vida sacramental,

refugiándose tras la cínica excusa del compromiso temporal del cristiano.

Todo lo anterior viene a cuento de un penoso suceso, fijado para la historia en la primera página de "El

País", tan inclinado siempre a desfigurar la realidad política y a rizar el rizo de la verdad engañosa. Varios

sacerdotes, acordes con las características del cura social de nuestro tiempo, ofician una apariencia de

misa en la "iglesia universitaria", envueltos por una asamblea encrespada de estudiantes de hoy, es decir,

hijos de papá disfrazados de proletarios. Tras los sacerdotes, una pancarta, con un garrapato entre sus

líneas. Lo que en la fotografía publicada en "El País" era un garrapato, en la pancarta real eran la hoz y el

martillo. Qulenes asistieron a la supuesta misa por el alma de Carlos Gonzálel en la "iglesia universitaria",

llevados exclusivamente por un honesto sentimiento religioso, salieron del templo presos de la nausea. A

la inmensa mayoría de los asistentes les Importaba muy poco la ceremonia religiosa. Buscaban

«exclusivamente el escándalo. Por eso el aplauso sectario que envolvió a uno de los oficiantes cuando

sustituyó la reflexión litúrgica por la lectura de un engendro panfletario. Y por eso también, que el signo

de la cruz fuera sustituido por la sañuda afirmación dé los puños cerrados. Se veía de inmediato que a los

allí presentes, burgueses enmascarados de revolucionarios, adornados con farisaicos crespones negros

sobre el brazo, les traían sin cuidado el alma de Carlos González, su muerte prematura, el dolor familiar,

la concordia nacional, la religión, el Cuerpo Místico de Cristo y todo lo que externamente podría

suponerse que tiene de significado una misa de difuntos. Aquello fue, en realidad, una orgía farisaica,

cuyo único objetivo parecía constituirlo lo que en la jerga del activismo se denomina "aprovechamiento

integral del muerta".

Ninguno de esos sacerdotes ni de esos universitarios acudieron al mismo, templa pocos días después, para

mostrar idénticas y extremosas actitudes vindicativas por el asesinato de otros cinco españoles en San

Sebastián. Ni hubo jornada de lucha ni protesta multitudinaria. Para los curas sociales y sus fieles transi-

torios, solo parecen tener derecho a misa reivindicativa los muertos suceptibles de ser atribuidos al ene-

migo bunkeriano. Para los asesinatos por Jos comandos marxistas no hay en esos espacios "cristianos" ni

paz, ni amor, ni duelo, ni recuerdo. Son vil canalla fascista, perros azules sucia carne derechista. La

portada y ocho páginas dedica "Opinión" en su primer número al "terror ultra", es decir, a la muerte dé

Carlos González. Y sido dos a los cinco, asesinados de San Sebastián. En el primer caso, se construye un

interminable rosario retórico de: adjetivos acusadores contra los presuntos asesinos de la ultraderecha, en

una de cuyas estaciones aparca Ricardo de la Cierva, mientras en lo que se refiere al crimen de San

Sebastián, realizado con firma inequívoca, se utiliza un lenguaje aséptico y distante. El destino le ha

jugado una mala pasada a "Opinión", presunto semanario independiente, poniéndole desde su iniciación

en el terreno- político frente a lo que los italianos llaman "prova d´amore" en el espacio de las relaciones

prematrimoniales. "Opinión" se ha visto sometido por la casualidad a una prueba de contraste o de pureza

ideológica. Y el resultado ha sido lógico. ¿Podía aguardarse otra cosa de un semanario que tiene como

mentor, entre otíos, a don Pió Cabanillas y a don Ángel Gómez Escorial como subdirector de nacional?

"Opinión" ha enseñado la oreja del todo. Lo que era solo sospecha se ha convertido en certeza.

 

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