Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Denigración no desmitificación     
 
 El Alcázar.    18/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DENIGRACIÓN NO DESMITIFICACION

EL libro de Franco Salgado-Araujo ha sido juzgado por críticos y por políticos. He apuntado en torno a

ese tema algunas consideraciones que, a mi ver, resultaban irreversibles ("¡Tu también. Bruto!", 9 de

octubre, 1976) por lo que, de momento, no añadiré ni una sola palabra. Las cosas se juzgan por sí mismas

y no es la pasión beligerante la que ofrece mejores condiciones para cualquier objeción reflexiva. He

pensado bastante, sin embargo, en la afirmación que ha hecho don Miguel Juste ("Pueblo", 16 de octubre,

1976) según la cual "alguien tenía que desmitificar a Franco, que era un hombre, ni más ni menos". El

señor Juste, autor al parecer de una célebre carta fechada en Estocolmo, que ha prologado el libro del

señor Franco Salgado-Araujo, gozaba de cierta amistad intramuros del Palacio de El Pardo. No trataré de

discutir, pues, sus opiniones personales referidas a uno u otro Francisco Franco —el grande o el pequeño,

para entendernos— pero sí un concepto de la mitología.

Casi resulta innecesario que a un hombre tan culto tenga que recordársele el sentido de las palabras, según

los cantables de la Real Academia de la Lengua: "mito: fábula, ficción alegórica, especialmente en mate-

ria religiosa". Franco no fue, ni pudo ser, jamás, un mito, como el Quijote o el mismo Rodrigo.

Franco fue —y estoy recogiendo frases de personas que no se distinguieron precisamente por su fervor al

Caudillo — primero, un heroico soldado y un jefe militar, que se sepa, insuperable; fue, después, un

estadista sereno y moderador, que no se dejó arrastrar fácilmente por la pasión de una u otra contingencia

-nacional y que veló durante muchos años la paz y el bienestar de su pueblo. Jamás se encerró en una

torre de marfil, como Oliveira, y se comunicó habitual-mente con las provincias y regiones y con los,

españoles individual o colectivamente considerados. Fue todo lo contrario a un mito. Era hermético y

sencillo; nada wagheriano, de aficiones vulgares y no se le conoció escándalo o vida paralela alguna. No

tuvo, pues, que soportar dramas biográficos.

Quienes hablan de desmitificación lo que, acaso, quieren decir es denigración, aunque no se atrevan, por

el momento.

Esa operación se ha iniciado paradójicamente, después de una pomposa declaración del "nuevo Régimen"

en la que se proclamaba a Francisco Franco Bahamonde —que no haya errores en esto de los nominati-

vos— "patrimonio espiritual de nuestro pueblo". He apuntado, en una de las más recientes anotaciones,

que el señor Reguera Guajardo parece ser el político peor informado, sobre todo en determinadas cuestio-

nes. El Ministerio de Información y Turismo es uno de los departamentos que con mayor pulcritud debe

cuidar de los patrimonios- colectivos y no parece que hasta el momento haya dado síntomas de evitar la

erosión que está provocándose sobre quien fue una solida, inconmovible,´ figura nacional, además de

promotor y responsable de un largo tiempo de vida pacífica. Ahora bien: como ese " patrimonio

espiritual" siga confiado a esas manos, los indices de su descenso pueden alcanzar una verticalidad análo-

ga a los que registra la Bolsa. Claro está que el "nuevo Régimen" cuenta con otras asistencias para estos

fines, del mismo modo a como la memoria de Francisco Franco está más segura en la lealtad de las gentes

de España que en el respeto que para ella tenga el Ministro de Información y Turismo y, a nivel político,

sus liberales herederos y antiguos servidores, que lo mismo para ejercitarse de nuevo en la arrogancia,

vuelven a prohibir, como lo hizo Fraga Iribarne, el homenaje del pueblo al estadista muerto.

Antonio IZQUIERDO

 

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