Autor: EUROPEO. 
   Thailandia elige su camino     
 
 El Alcázar.    28/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

THAILANDIA ELIGE SU CAMINO

El azar hace bien las cosas, —¿o son los hombres quienes las deciden con su voluntad nietzscheana?— y

así, casi al mismo tiempo ha colocado frente a frente los acontecimientos de China, la China comunista, y

Thailandia, la Thailandia salvada del comunismo en el último cuarto de hora por la rápida acción quirúr-

gica de los jefes militares. Y ya pueden poner el grito en el cielo los mismos que aplauden a dos manos el

golpe militar a la portuguesa y con claveles rojos porque esperaban que fuera rentable para el comunismo,

—y lo hubiera sido sin la acción también rápida de los comandos militares de Amadora, en noviembre del

año pasado— pero se rasgan las vestiduras porque el Ejército thailandés ha evitado a su país el siniestro

dentino de Camboya o de Vietnam.

Y que sobre Thailandia tenían clavados sus ojos los comunistas asiáticos, —los de Camboya, los de Laos,

los de Vietnam y los de Pekín—, lo indican la brutalidad de sus reacciones. La "teoría de los dóminos",

—un país tras otro en el saco comunista, cayendo como las fichas del dominó—, no es una teoría de los

tiempos de Foster Dulles, asino una trágica realidad. Varía el procedimiento, la aplicación. "En Vietnam

se escogió la guerra y la infiltración desde Hanoi, después del fracaso de aquella intentona del

"neutralista" general llamado "el gran Minh", reaparecido con´ la entrada de los norvietnamitas en

Saigón. En Thailandia se había elegido la anestesiante vía de la "democratización", tras la revuelta de los

estudiantes comunistas en 1973. "Construiremos la democracia desde el tejado hasta el sótano", decía el

ahora depuesto jefe del gobierno, Sani. Y la estaba "construyendo", eliminando a los´ ministros que se

oponían al comunismo y metiendo en su gobierno a los socialistas, permitiendo todos los movimientos de

subversión, estrechando las relaciones con Pekín y los gobiernos comunistas, que son los mismos que

arman las guerrillas rojas del norte del país.

Siguiendo una tortuosa táctica, —la misma que Allende en Chile—, se buscaba neutralizar a las Fuerzas

Armadas con algunos sillones ministeriales, para dar la sensación de que los jefes militares apoyaban esta

"vía democrátíca", al final de la cual estaba el comunismo. Se olvidó en Bangkok que al "neutralismo"

falso de un Prats siguió el patriotismo del almirante Huertas y de los generales Pinochet y Leigh, que

eligieron el buen cambio. Con Práts y Allende, ¿qué sería hoy Chile?. ¿Una hueva Cuba?. Exactamente

eso: un Chile sometido al "knut" soviético.

Y Thailandia, muy "democráticamente", había emprendido el camino de un Vietnam. Por si había dudas,

los dirigentes socialistas, —o que se presentaban como tales—, se han unido a los guerrillas comunistas,

de las que eran con frecuencia los ecos impunes. Khaiseeng Suksai, que fue diputado y ocupaba el se-

gundo lugar en el escalafón de los dirigentes socialistas, ha seguido el mismo camino. Se recordará que

este diputado socialista fue el "mártir" que agitaron como una bandera los amotinados de octubre de 1973,

para provocar la caída del Mariscal Thanon y la apertura de la "era democrática". Y que el jefe de esos

amotinados fuera un comunista resultó tan pura "casualidad" como el hecho de que haber criticado las

actividades de la subversión fuera, hace dos semanas, el motivo para que el buen demócrata Seni

reemplaza a dos viceministros del Interior, considerados de la derecha, por otros d.os izquierdistas,

mientras era evidente qué la subversión estaba movilizada para otra operación que debía completar la

conquista del poder iniciada hace tres años exactamente con la "democratización".

Ese plan es el que han hecho fracasar los jefes militares, que están actuando con gran rapidez. El jefe del

gobierno, nombrado ahora es Thanin Klavichien, hombre de cuya energía frente al comunismo no hay

dudas, y cuyo ministro del Interior es Samak Sunthoravei, precisamente uno de los políticos cuyas buenas

relaciones con los jefes militares provocaba la irritación de la izquierda y al que Seni eliminó de su

gobierno, acelerando así la decisión militar de poner fin a esta trágica "experiencia" democratizadora. Pa-

ra evitar nuevas amenazas y tortuosidades, los veinticuatro jefes multares del Comité Nacional de

Reforma Administrativa que derrocó a Seni y sus amigos políticos, se convierten en Consejo Consultivo

cerca del jefe de Gobierno, además de asumir los puestos claves del gabinete. En Pekín, en Hanoi, y en

Pnom Penh se ha rechinado los dientes. Se comprende muy bien por qué: se les ha escapado Thailandia

cuando ya creía que iba a caer como una ficha de dominó... Como se les ha escapado Corea del Sur, pese

a las provocaciones en Panmunjon.

EUROPEO

 

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