Autor: Pinilla, José M.. 
   Chantaje de la izquierda al Gobierno     
 
 El Alcázar.    06/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

CHANTAJE DE LA IZQUIERDA AL GOBIERNO

Por José M. Pinilla

LA Plataforma de Organismos Democráticos pone condiciones al Gobierno y le amenaza con represalias,

en el caso de que el Gabinete cumpla con su deber de defensa del Estado, en vez de plegarse mansamente

a su ultimátum.

La Plataforma de Organismos Democráticos, cuya fuerza representativa está por demostrar, ha-colocado

al Gobierno frente a una situación incómoda y ante la necesidad de clarificar de una vez ante el pueblo su

actitud política. Si el Gobierno no acepta las condiciones de la Plataforma, cuyo conjunto significa la

asunción plena de la ruptura y dinamitar el Estado desde el mismo puente de mando, toda la izquierda se

aplicaría a un esfuerzo conjunto para hacer fracasar el referéndum.

Ante esta situación de reto descarado, es necesario recordar algo que quedó bastante claro en el Consejo

Nacional y ha sido refrendado ahora en la fase previa al debate de • la ley reforma en las Cortes: la refor-

ma política hacia fórmulas democráticas abiertas, está siendo posible única y exclusivamente merced a la

generosidad, a la buena disposición y, sobre todo, al indiscutible talante democrático de los tachados de

franquistas por una prensa y una «oposición» que hacen de la coacción, el terrorismo intelectual, la

manipulación y él falseamiento las armas preferidas de su pretendida democraticidad. Si los franquistas

no hubieran querido democratizar España, ningún Gobierno, ni tan siquiera el de .Adolfo Suárez, habría

podido ´avanzar un paso. Se trata de una verdad irrebatible, que esa tosca y promiscua «oposición» está

subrayando cada día con sus burdos ataques.

En los medios políticos de esa misma «oposición», corre la especie de que el reto se ha hecho a

conciencia de que el Gobierno tiene miedo y habrá aceptado previamente las líneas generales del mismo,

en un pacto con Felipe González. Esa sería la razón del desaforado empeño del Presidente Suárez y sus

ministros más conspicuos, por ganar a los enmendantes todas las batallas. Pero sobre todo dos, de cuyo

bloqueo el Gobierno haría «cuestión de gabinete», pues en otro caso «la izquierda se movilizará contra el

referéndum»: la representación parlamentaria de los intereses reales y no sólo de los de partido y el

sistema electoral mayoritario. En efecto, la «oposición» exige un parlamento exclusivamente reservado a

los intereses partitocráticos y, por lo tanto, a la oligarquía de las minorías dirigentes, y el sistema

proporcional, única manera de montar coaliciones que permiten acceder al Gobierno a socialistas y

comunistas unificados, socialdemócratas, liberales y los diversos grupitos democristianos.

En tales circunstancias, los errores mínimos del Gobierno pueden adquirir dimensiones trascendentales.

Ayer, como expliqué, cometió uno demasiado grosero y espectacular. Hoy podemos señalar otro también

lamentable: en la lista de audiencias del Presidente figuran Noel Zapico y Belén Landaburu, miembros

ambos de la ponencia que estudia en las Cortes las enmiendas presentadas. El Presidente Suárez ha roto

de manera harto imprudente la imagen de neutralidad y distanciamiento que el ejecutivo ha de mantener

respecto del quehacer del legislativo, especialmente en situaciones tan graves y polémicas como la actual.

A partir de hoy, y sin que esto suponga dudar de la independencia de ambos procuradores, muchos

españoles albergan la sospecha de que desde el Gobierno se está presionando sobre las Cortes, confir-

mando así los rumores corridos estos días en tal sentido.

Supongamos que, en efecto, durante los próximos días se pone de manifiesto un desusado interés del

Gobierno en impedir la posible aceptación de las enmiendas que contrarían a la Plataforma de

Organismos Democráticos. Todo el mundo tendrá derecho a pensar que el Gobierno tiene en mayor

consideración a la oposición ilegal que a unas fuerzas políticas legalizadas, cuya honestidad y sinceridad

democráticas están fuera de duda, por razón misma de que han hecho posible la reforma política ¿Y qué

puede esperarse entonces de un Gobierno con miedo a la «oposición» y recelo masoquista hacia quienes

le apoyan?

Aparte de que el Gobierno ofende innecesariamente una vez tras otra a los Procuradores en Cortes y les

empuja a situaciones limite ya la eventualidad de resoluciones extremas para la defensa del Estado y de su

soberanía, tampoco deben olvidar sus miembros esta otra realidad: es posible que una nueva y general

entrega a la «oposición», equivalente a una cesión suicida del poder, haga que una parte reducida de la

izquierda, pues la otra hará siempre de su capa un sayo, no se pronuncie contra el referéndum. Pero en-

tonces resultará que en vez de la izquierda será la gran mayoría de los españoles conscientes de lo que

exige el servicio a España y de lo mucho que se juegan quienes repudien un referéndum que vendrá

viciado de origen. El Gobierno debe medir la alternativa, posiblemente irreversible merced a sus propios

errores, en que se está colocando a las Cortes y al pueblo español.

 

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