Autor: Canals Vidal, Francisco. 
   España es diferente     
 
 El Alcázar.    13/11/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

ESPAÑA ES DIFERENTE

AL acercarnos a momentos trágicamente decisivos, en que España puede perder nuevamente el rumbo de

su historia, para recaer en errores ya antes probados en sus catastróficas consecuencias, hay que insistir

nuevamente en esto: España es diferente v

Al término de la Segunda Guerra Mundial se produjeron en Alemania y en Italia los hechos simultáneos

de su derrota militar y del hundimiento de los estados fascistas. En uno y otro país el poder pasó a ser de-

sempeñado durante varias décadas por un partido político que por primera vez desempeñaba un papel

hegemónico y de protagonismo nacional e internacional: la democracia cristiana.

En Alemania y en Italia estaban vigentes concordatos que habían suscrito con la Iglesia católica Hitler y

Mussolini. Por obra de la democracia cristiana, aquellos concordatos quedaron incorporados al ordena-

miento constitucional de la República Federal Alemana" ;•--de la República Italiana. En Italia, el artículo

de la Constitución que ratificaba los tratados de Letrán y el concordato italiano de 1929, tuvo el voto fa-

vorable incluso del partido comunista, siempre realista y anticipativo, y que ya entonces, en los tiempos

de "Don Camilo", iba en busca de las futuras posibilidades de compromiso histórico.

En España parece claro que bastantes demócratas-cristianos desean con urgencia la desconfesionalización

de la vida política. Esta es una de las razones de su poco entusiasmo, o de su mucha reticencia y aún

hostilidad abierta, respecto del ordenamiento jurídico fundamental de un Estado irreversiblemente de-

finido como Monarquía católica y tradicional.

Hay que preguntarse decididamente cual pueda ser la razón del contraste. Sin olvidar, al plantear el pro-

blema, el significativo dato de que, mientras por parte del Estado italiano la situación concordataria fue

obra de Mussolini, la española de 1953 se debe muy principalmente, a D. Joaquín Ruiz Jiménez.

Estoy convencido de que la profunda diferencia entre las actitudes de los demócratas-cristianos en sus

respectivos países se debe a la que hay, histórica y so-cialmente, entre España, respecto de Italia y Alema-

nia.

España es un pais cuya misión universal y cuya grandeza histórica han estado vinculadas íntimamente a

su catolicidad. Italia- y Alemania debieron su unidad política "nacional" a revoluciones de inspiración

masónica durante el siglo pasado, que en Alemania se apoyó además en la tradición anticatólica del

protestantismo prusiano.

La democracia cristiana alemana recibía con Adenauer la herencia del partido del Centro Católico, que

había combatido al liberalismo masónico, al socialismo, y al sectarismo protestante. Precisamente porque

allí la fórmula de un partido católico tenía una razón de ser sociológica e histórica, era posible que

actuasen con la fórmula democrático-cristiana fuerzas que buscaban sinceramente el bien público, la

libertad política y la tradición cristiana de Occidente. Por esto la democracia cristiana alemana declaró

fuera de la ley al partido comunista.

Italia era un pais sociológicamente católico pero políticamente secularizado desde la revolución que creó

su unidad como Estado nacional. Por esto, tal vez, la imitación italiana de una fórmula nacida para países

religiosamente pluralistas ha podido todavía ser, a veces, cauce de la defensa del orden cristiano frente a

la amenaza del comunismo.

En España la democracia cristiana es una fórmula de imitación. El católico español, sincero en su reli-

giosidad y no desorientado en su comprensión de la historia patria, toma otras actitudes que las de la de-

mocracia cristiana. Sólo por error, falta de formación

o pedantería extranjerizante las prefirieron algunos a las actitudes tradicionales y nacionales que se ex-

presaron en la Cruzada del 18 de Julio de 1936. La Cruzada fue entonces, no había más remedio, recono-

cida y apoyada por algunos de nuestros demócrata-cristianos, como hizo entonces Gil Robles, pero no

fueron ciertamente ni sus inspiradores ni sus promotores.

El demócrata-cristiano español está siempre tentado de cometer un grave pecado. Su admiración por lo

extranjero le lleva a envidiar las posibilidades políticas que estos partidos tienen en países pluralistas y,

secularizados. De aquí pasa-también a sentir, a veces, "envidia contra los bienes espirituales que el pró-

jimo ha recibido de Dios". Tienen una misteriosa antipatía al pueblo español; odian la cristiandad hispá-

nica; no encuentran sino defectos e hipocresía en nuestro catolicismo "sociológico"; llegan a desear que

dejemos de bautizar a nuestros hijos y que sus matrimonios pasen a ser contratos civiles. Algunos trabajan

por desterrar la educación religiosa de las aulas, de las del Estado, y de las de Centros Educativos de la

Iglesia.

España es diferente. Los católicos bien intencionados que han sido formados en mentalidad democrático-

cristiana, están llamados por las cosas mismas y por su proceso apremiante y amenazador, a un examen

de conciencia urgente, antes de que sea demasiado tarde.

Todos los que tengan conciencia recta deberán reflexionar en que se impone ruptura, esta sí sumamente

indispensable para el bien de España. La ruptura de todas las alianzas formadas con los partidos socia-

listas y comunistas; y con esto la aceptación del sentido y de los valores auténticos que pueden mantener

en España la paz social para el futuro. Que así sea.

Francisco CANALS VIDAL

13 — NOVIEMBRE — 1976

 

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