La nueva subversión     
 
 Diario 16.    24/11/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La nueva subversión

La presencia estos días en Madrid, y oíros puntos de España de grupos fascistas y neonazis, procedentes

de varios países europeos, da credibilidad a cuanto recientemente se ha dicho sobre la organización

internacional de los fascismos. Hay indicios suficientes de que no se trata de gentes nostálgicas que se

reúnen para recordar a sus ídolos caídos o desaparecidos. Son activistas dotados de sólidos apoyos

financieros, bien armados y, seguramente, decididos a todo para no quedar desplazados. Los fascistas

aspiran a llegar al Poder en varios países, y el nuestro es una presa especialmente apetecida, pues se trata

del baluarte perdido. El proceso democratizador español puede ser una buena ocasión para intentar esas

maniobras desestabilizadoras, que ya dieron aquí resultado en 1935-36, y que después se han repetido con

éxito en otros sitios. En la ¡tradición conspiratoria de la derecha española pueden encontrar el caldo de

cultivo adecuado. La tentación va a ser muy fuerte para quienes tienen perdida la batalla en el terreno

político.

Urge prever estas actividades violentas, a las que hay que calificar — ¡oh ironía!— conio netamente

subversivas. La consolidación de una democracia es incompatible coa la existencia de grupos armados, y

esto quiere decir que es preciso desarmar inmediatamente a cuantos disfrutan, escudados ea añejos

privilegios del franquismo, licencia de armas. Una evolución política no satisfactoria para ellos puede

hacerles creer que también poseen licencia para matar. La profusión dé amenazas que están recibiendo

políticos, intelectuales y periodistas debe terminar de una vez. Se trata de algo impropio de una sociedad

civilizada que, además, puede degenerar en cualquier momento en algo más grave. Las recientes

declaraciones a una revista alemana de un conocido líder de estas bandas, luego refrendadas en la "Hoja

del Lunes" madrileña, es un serio indicio de peligrosidad que no puede dejar impasibles a las autoridades;

El monopolio de la fuerza corresponde al Estado y no puede permitirse que subsistan activistas de ningún

tipo.´ La Policía tiene suficientes medios para erradicarlos. Perder el tiempo en este tema nuede ser

irreparable.

 

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