Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Nosotros contra el caos     
 
 El Alcázar.    01/12/1976.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

NOSOTROS CONTRA EL CAOS

Uno da los más grandes motivos de pasmo que podrían darse en España, sería una inteligente reacción

política del actual ministro de Trabajo. Tampoco esta vez el señor Jiménez de Parga ha dado la talla. El

señor Jiménez de Parga ha arremetido airado contra los empresarios catalanes, reunidos en el

polideportívo del Barcelona Club de Fútbol. Diez mil empresarios le parecen una minoría al albo

ministro. Es evidente que ha asimilado a la perfección la metodología centro-marxista en materia

informativa: jibarizar lo adverso y agigantar to propicio. Con la asamblea empresarial ha intentado el

ministro de Trabajo lo mismo que ciertos medios informativos oficiales con el funeral de esta mañana por

el comandante Imaz, la manifestación antiseparatista de Pamplona, el pronunciamiento popular de la

Plaza de Oriente, etc.

La incontinencia cordial del señor Jiménez de Parga, no obstante, ha permitido valorar en su justa

dimensión la importancia política de la terminante y solidaría acusación empresarial. Y es que el señor

Jiménez de Parga —¡oh, infeliz de él!— había llegado a creerse la propaganda del señor Suárez sobre

«los pactos de la Moncloa», cuyo texto íntegro acaba de editar la Presidencia del Gobierno, a 50 pesetas

ejemplar. Leído sin el apremio periodístico, el contenido de «Los pactos de la Moncloa» confirma

pfenamente su dimensión irreversible de cuento de la buena pipa.

Sólo le faltaba a) Gobierno Suárez el autotorpedo del señor Jiménez de Parga, cuya imagen política no

difiere mucho de la asignada a don Tancredo en las charlotadas. El señor Suárez está recibiendo en estos

días más golpes que la selección española de fútbol en Belgrado. Los empresarios Eé han lantado un

directo en pleno rostro. Las sindicales Obreras se le han despatarrado. El PCE le ha puesto una soletilla

traicionera, muy propia de la casa. El PSOE le hace la cama con cinismo insuperable. El confesionalismo

adherido a UCD se le repucha. La Unión Soviética, a través de ETA y GRAPO, le ha colocado dos

cadáveres enojosísimos sobre la mesa. El general Haig le ha advertido muy seriamente sobre los riesgos

del amancebamiento con el marxismo, más aun en tiempos de crisis y con el Estrecho de Gibraltar a

punto de arder. Las cancillerías europeas le envían recados poco gratos. La Bolsa le trabaja otra vez el

hígado. El laicismo de los libérales y socialdemócratas, aliado a ta torpeza de los «tácitos» y otros

neoclericales, ha hecho reventar los esquemas de la Nunciatura y ha forzado las primeras medidas de

beligerancia activa de la CEE. Este somero repaso justifica con creces que RTVE se haya lanzado en

picado, como buitre escuálido; sobre él gol de Rubén Cano en Yugoslavia. Ese gol es el único asidero

político que hoy tiene el señor Suárez para ocupar a los españoles en cosa distinta de sus gravísimas y

perentorias preocupaciones.

He dejado para tratamiento aparte el tema de la crónica del «Washington Post». El instrumento

periodístico del Watergate, leha enviado al gobierno Suárez un torpedo más consistente y bien dirigido

que el de la Iglesia. De su poder destructor da buena idea el hecho democráticamente insólito del recurso

a la protesta diplomática..Y eso que el «Washington Post» se limitó a contar una parte sólo de lo que

piensan varios millones de españoles y comienzan a sospechar (os restantes millones. Esa protesta

intempestiva y la entrada enjuego de los canales secretos de imagen (Véase la «Hoja Informativa número

2» del titulado «Comité Anticorrupción»), explayan una declaración inequívoca de debilidad suarecista.

La clase política dominante da la impresión de no haber comprendido que España y Portugal están sobre

el volcán y que las frivolidades y los desplantes sólo divierten en muy es pecíficas circunstancias. Pero

cuando suena el timbre de la alarma estratégica, el.juego político se hace exigentemente serio. Porque

interesa a quien decide, el «Wahington Post» ha advertido a los norteamericanos que la democracia

española es un tremendo engaño, inmerecedora de mayores consideraciones. Aconsejo al enorme y cos-

tosísimo aparato burocrático det presidente del Gobierno que dedique con urgencia sus efectivos a

estudiar el Watergate, pues la crónica del «Wuashington Post», acaso pueda significar el comienzo del

Watergate español para el señor Suárez. ¿O no se han enterado de la presencia aquí del CCS y de la IIT?

Los dos argumentos fundamentales esgrimidos por el «Washington Post», han hecho sangre, mucha

sangre, en el frágil costado del Gobierno y de sus aliados marxistas. Ambos dieron en la diana: la demo-

cratización española es sólo un castillo de naipes; no hay democracia, sino dictadura.

Respecto a la debilidad intrínseca del pretendido proceso democratizador, parece innecesario detenerse en

detatles. Es algo tan conocido como tos senos de algunas actrices. Pero sí conviene insistir, no obstante su

evidencia, en el estilo dictatorial de la actual clase política.

El éxtasis de esa vocación dictatorial lo consigue ETA, que pretende {levar adelante el proceso político y

la anexión de Navarra a tiro limpio. Pero tampoco se queda atrás el señor Tarradellas, que ha entrado en

la Diputación de Barcelona como el caballa de Atila. Los ochenta millones recibidos del Gobierno, a

costa de sudor físico de los españoles de a pie, parecen haberle llenado de energía. Se ha subido en el

caballo de San Jorge, se ha calado la visera, ha enarbolado ta lanza y, convertido en caballero del más

poderoso detergente, la ha emprendido con las adherencias fascistas. «¡Cataluña por Tarradellasí», ha

gritado, y el eco ha rebotado desde París y Moscú un clamoroso «Tarradellas y cierra Cataluña». Pueden

prepararse fas otras Diputaciones. El señor Tarradellas está dispueto a no dejarse pisar por Leizaola.

¿Caerá e) señor Suárez en la tentación de imitar también al señor Soares? El presidente del Gobierno

portugués amenaza tontamente desde la descomposición y la ruina derivada de la incapacidad socialista

para gobernar: «Nosotros o el caos». Me temo que el señor Suárez haya llevado ese mismo recado a atgún

oído asustadiza. Pero de la misma manera que Strauss respondió «Democracia o socialismo» a la

falsificación-brandtiana de «socialismo en democracia», aquí y en Portugal habremos de anticiparnos á

advertir que el caos es el acompañante inseparable dé tales ideologías, componendas y gentes. Los que

todavía creemos en España ios que-poseernos un concepto profundo de (a libertad, los que aspirarnos a la

autenticidad democrática, los que queremos evitar el hundimiento y rehacer nuestro bienestar destruido,

hemos de pactar con energía un compromiso en esta hora envilecida: «Nosotros contra el caos.»

Ismael MEDINA

 

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