Autor: ;Barrenechea, Eduardo. 
 Víctima de un exceso de desmitificación. La Reforma Agraria puede morir. 
 Menos agricultores     
 
 Diario 16.    16/05/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Menos agricultores

La disminución del porcentaje de población agrícola es evidente, tanto en el conjunto nacional como

considerando provincia por provincia. Sin embargo, en casi todas las provincias sobre las que se ha

cebado el latifundio, el peso agrario sigue siendo fundamental (cuadro 1).

Pero lo que es más significativo, en términos absolutos, el número de agricultores que viven en estas

provincias ha variado relativamente poco en este casi medio siglo transcurrido desde que se planteó de

forma tan acuciante la cuestión agraria. Si tenemos en cuenta que, a pesar de todos los progresos vividos,

las provincias conservan la misma extensión que entonces y que no ha variado esencialmente la superficie

cultivada, no puede ser espectacularmente diferente la relación hombre-tierra. En el cuadro número 2

puede observarse claramente este fenómeno, tanto en lo que se refiere al total de agricultores como a los

que sin poseer propiedad rústica alguna continúan trabajando el campo, cuando encuentran trabajo.

Es, además, interesante resaltar que durante las casi cinco décadas aludidas apenas ha cambiado la

estructura de la propiedad. Al comparar las cifras de 1930 y 1959, Malefakis, en su libro "Reforma

Agraria y Revolución Campesina en la España del siglo XX", observa: "...pocos cambios fundamentales

han tenido lugar en la propiedad de la tierra en la España de 1930, o, en realidad, de 1910. Las cifras de

1930 tienen casi la misma validez en 1959 que en la fecha de su publicación. Debido al fracaso de la

reforma política y a la lentitud del cambio económico, los fenómenos descritos por el catastro han

resultado ser, no transitorios, sino muy duraderos. Al hablar de ellos puede emplearse el presente o el

pretérito casi indistintamente."

Conscientes de que 1959 es la fecha clave que marca grandes transformaciones económicas en España, no

es ocioso investigar lo que ha ocurrido en este período. En el cuadro 3 se comparan los datos obtenidos en

este respecto por los dos censos agrarios (1962 y 1972). Como puede observarse, durante dicha década las

grandes propiedades se han redondeado a costa de las pequeñas y las medianas. Nada más lejos, pues, de

una reforma agraria que se hace por sí sola, como han insinuado algunos sectores de la derecha.

Y hoy, como ayer, el régimen de cultivo típicamente latifundista produce un fruto inevitable: el

subempleo, el paro estacional y el otro.

En cualquier caso no comprendemos el empeño en apoyar el abandono de la reforma agraria en base a la

disminución de la población activa en el sector, primario. Estos datos no sólo no eliminan la necesidad de

tal reforma sino que la facilitan. El éxodo agrario ha podido mermar el furor que en otras circunstancias

aplicarían los campesinos a lograr la tierra; han perdido fuerza los embates para conseguirla pero ,en

compensación, las posibilidades técnicas para realizaría son, precisamente por esta circunstancia, más

favorable que nunca.

Los enemigos de la Reforma Agraria de los años treinta basaron su oposición en que había demasiados

agricultores para tan pocas tierras. Resulta curioso que los oponentes de hoy aleguen justamente lo

contrario.

Asco de tierras

Ciertamente a un ritmo de huida del campo de 200.000 agricultores por año, como se ha venido

produciendo durante la década de los sesenta, nos habríamos quedado en poco tiempo sin reforma agraria

y sin agricultores.

Habría que preguntarse, en primer lugar, si este éxodo es deseable. Pero al menos hay que reconocer

que la continuidad del mismo es imposible, desde la perspectiva de los datos disponibles. En las

circunstancias actuales, a lo mas que puede aspirarse es a estabilizar las altas cifras de paro nacionales. Y

como es sabido, la emigración a la Europa desarrollada no sólo está cerrada sino que está cambiando de

signo.

Aun superando la crisis actual, los expertos coinciden en que no son previsibles más crecimientos a la

japonesa capaces de absorber la desbandada agraria. Hablar en este momento de "asco de tierras"

desprende un tufillo de humor negro.

Las puertas se han cerrado casi herméticamente para el campo, y lo que hay de puertas para adentro no

invita a la cristalización de las actuales estructuras.

 

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