Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    22/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Por Rafael GARCÍA SERRANO

MARTES, 21 DE DICIEMBRE

El lengüetazo a Cataluña es una tradicional expresión de la política nacional cuando se ve en apuros.

Esforzarse en entender a Cataluña no lo ha hecho nadie nunca, jamás, ni mucho menos los catalanes, con

la excepción de José Antonio Primo de Riytra. El propio José Pla reconocería que en un debate horroroso

—provocado, según me parece recordar, a causa de un estúpido y criminal "¡Muera Cataluña!" lanzado en

el Congreso 33-35 por un cretino de la derecha— la única voz lúcida, comprensiva y serena que terció

entre aquel aquelarre mayoritario de dementes, sinvergüenzas, posibilistas, masones, sacristanes,

estraperlistas y demás ralea, fue la de José Antonio. Lamento no reproducir el texto exacto de José Pía,

pero los cuatro tomos de su "Historia de la II República española" se los presté a un amigo íntimo, sin

tomar nota, por supuesto, y entre su memoria y la mía hace ya seis o siete meses que contemplo en el

anaquel correspondiente un hueco que me suena a definitivo y me llena de melancolía.

El Presidente Suárez acaba de conceder a Cataluña, en principio, lo que ya tenía: el derecho a hablar y

escribir en catalán, el bilingüismo, cosa que a mí siempre me ha parecido bien, porque lo he vivido de

niño en la Ulza-ma y el Baztaú y porque en mi propia casa se practica, ya que mi mujer es "mallorquína,

aunque coincide ampliamente en mis criterios sobre el dichoso Josep Meliá (antiguo José Antonio

nosecuántos Mella), a quien sacó procurador en Cortes mi buen amigo y camarada Pepe Utrera por

aquello de que la Falange siempre ha favorecido más a sus untuosos y relamidos colaboracionistas que a

sus fieles e incómodos cantaradas. Ahora el Josep Meliá es el Sabino Arana, el Macía, el Castelao de las

Baleares. Ya se que la Falange no existía en tiempos de Pepe Utrera en la Secretaría General, que era del

Movimiento, pero Pepe Utrera, en cambio, sí que era y es falangista. Y Josep un colaboracionista,

intrépido escalador de nóminas dictatoriales.

Lo malo es que el Presidente Suárez se ha comprometido, sin previa consulta al pueblo y sin esperar a las

próximas Cortes, que serán constituyentes por debilidad gubernamental, a ir adelantado en el camino de la

equiparación del castellano y el catalán, de modo que a poco que nos descuidemos o se retrasen las

elecciones, nos encontraremos con que el residente o viajero nacional en Cataluña se sentirá allí como en

él extranjero, y los magistrados dictarán sentencias en Catalán, los profesores dictarán sus lecciones —si

no huelgan como de costumbre o ellos o los alumnos o ambos estamentos al alimón— en catalán, los

curas darán la extremaución en catalán, las trotonas suspirarán en catalán y los oficiales del Ejército

tendrán que dar sus órdenes en catalán. Es de esperar que en Cebreros, para

estimular la nueva vía llamada regional, se estudie en la escuela en castellano y en catalán y allá para

febrero, además, en vasco, en gallego, en bable, en mallorquín, en castúo, en guanche, en caló, en

alicantino, en valenciano y en sipí-nopó. ¡.Qué porvenir de Berlitz subpirenáica les espera a nuestros

viajantes, políticos y funcionarios civiles y militares!. Y no es eso todo, que hay promesas peores.

Aquí lo hermoso sería ser extranjero para poder reírse a carcajadas. Pero mi condición de español nacido

en Pamplona, Navarra —no sé si futuro Euzkadi o no— y de madrileño adoptivo, me dice que estas his-

torias aquí han acabado siempre en sangre y, la verdad, no me hace la menor gracia.

Y como está tan de moda voy a citar a don Antonio Machado, porque a don Manuel no lo citan ni en el

juzgado. No voy a recordar lo del camino, que es una bobada, pero sí este autorretrato que sirve para

bastantes españoles entre los caules, por fortuna, y objetivamente hablando, no puedo incluirme por sobra

de razones:

"—Nuestro español bosteza.

¿Es hambre? ¿Sueño? ¿Hastío?

Doctor, ¿tendrá el estómago vacío?

—El vacío es más bien en la cabeza."

Diagnóstico que va muy bien al posfranquismo y a sus dirigentes. Y puede que al propio poeta.

 

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