Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   El tachunda de la homologación     
 
 El Alcázar.    22/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

digo yo que.."

EL TACHUNDA DE LA HOMOLOGACIÓN

CUANDO se hable de todo este proceso democratizador español se hablará sin duda de la gran

abdicación de un país que había logrado cierta independencia incluso económicamente. No olvidemos

qué por lo que estaban a la greña en el extranjero era por nuestra unidad sindical y por la independencia

que nuestros Sindicatos tenían respecto a las grandes internacionales. Lo que se llama homologación no

es sino una torpe servidumbre en bandeja de nuestras fórmulas propias e intransferibles para caer en los

internacionalismos. De este modo el Sindicato español tendrá que ser a imagen y semejanza de los

franceses y alemanes, o de las Trade Unions y cualquier medida de tipo solidario afectará al Sindicato

español del futuro y como consecuencia a la .economía española que para pronto estará tan deteriorada

que es muy posible que nos hallemos en la temida espiral inflacionista y con ella en la impotencia

exportadora e importadora. De la misma manera España había logrado un capitalismo "sui generis" bas-

tante más independiente de lo que la gente puede opinar. Un capitalismo que no se Vinculaba a los

teoremas del sionismo internacional y que aunque tenía cierto aire doméstico, la realidad es que

funcionaba bastante bien. Incluso en momentos apurados, el capitalismo español se mostró muy

razonable. Hoy, el capitalismo en España, si quiere sobrevivir, ha de tener una estrecha vinculación con

los capitalismos mundiales. Cualquier decisión tomada en Wall Street repercutirá como un eco en el

capitalismo español y por lo tanto, en su economía, si es que para entonces — Ínsito— nos queda

economía.

También se había conseguido una cierta independencia política sólo comparable a la que De Gaulle

instauró en Francia. Es decir se había logrado un sistema original que hasta los norteamericanos

respetaban y que Europa intentaba aniquilar con urgencia. Este sistema político español tuvo que ver en

gran medida en la recuperación española tras la contienda civil. Los mismos yanquis que mantenían un

ejército _de ocupación en Alemania y una flota que invadió el Mediterráneo para hacer frente a la

constante agresión rusa, se contentaban con unas bases y un modesto personal para servirla. Existía en el

mundo un respecto para la posición política española aunque el comunismo internacional estuviera

degradando constantemente nuestro ambiente a su favor y para que no prosperásemos.

He aquí tres vías originales: el sindicato, el capital y la política. Tuvimos un sindicato independiente y

una política independiente. Esto que ahora los feroces demócratas llaman homologación no es sino una

vergonzante abdicación ante la presión de las internacionales. Porque ellas son las que se pasean en

triunfo por España. No socamente la Interhacional socialista acaudillada por el tonto de la hucha, por

Willy Brandt y por el prehistórico Nenni, sino también la Internacional comunista que dialoga en comidas

opulantas a través del secretario del partido para España, el tristemente célebre Carrillo Solares con

Areilza y otros juglares, como decía el clásico, de "comedia con vizcaíno que finge ser conde". La cosa ya

no tiene remedio. Nos han internacionalizado, hemos perdido nuestra absoluta independencia, nuestro

poder de decisión; estamos en las manos del capital internacional, del Sindicato internacional y, si mucho

me apuran, de la política internacional. A esto, vuelvo a repetir, se le llama pomposamente y con lenguaje

triunfalista homologación. A mi ni me va ni me viene. Lo encuentro estúpido, lleno de un fervor

papanatesco y más pasado de moda que el comunismo, que ya es decir. Lo que se es que se ha ido, no

para siempre, claro, nuestra auténtica originalidad, nuestro modo de ser, nuestra manera de ver las cosas,

nuestra arquitectura propia.

Es muy común en los españoles el afán intolerable de imitar todo aquello que ven en el extranjero aunque

se trate de las barbaridades más inmensas que puedan pensarse. Este fue, por ejemplo, el defecto de don

Mariano José de Larra (´´Fígaro") ilustre escritor y pésimo criticó que rechazaba de antemano cualquier

obra que se presentara en un escenario español si no era romántica. Aplicaba el canon del Romanticismo

a todo cuanto juzgaba. Era el español "a la page", el quejoso de su originalidad, el culto apartado. Y como

además tenía talento se homologó con Europa y se mató por una mujer. Las homologaciones ténganlo en

cuenta los jóvenes corren el peligro de ser una abdicación de la propia identidad que es en el fondo, lo

único que puede salvarnos.

ALFONSO PASO

 

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