¿Depuración militar?     
 
 El Alcázar.    28/12/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

¿DEPURACIÓN MILITAR?

ASOMBRA la frivolidad con que en España, desde que la partitocracia ha venido se escribe y

pontifica sobre las cuestiones mas serias de la vida nacional. Decimos frivolidad, porque pensar

en una táctica premeditada de descomposición del Estado, seria demasiado graw atribuírselo a

personas que no aparecen integradas en tos centros clasicos de subversión.

El comentarista de «Ya», Luis Apostua, al comentar las medidas militares del último Consejo de

Ministros, parece inclinarse por un cambio en los altos mandatos del Ejército y, tres reconocer

su dificultad reglamentaria, opina: «Lo único que puede hacerse es graduar´ el ascenso al

grado de teniente general de los candidatos que sean mas concordes con las linees básicas de

la política del Gobierno y del Rey, de forma que sea muy difícil o imposible que los tenientes

generales mantengan públicamente linees políticas e incluso mandatos parlamentarios con un

inequívoco sentido conservador».

El ascenso a teniente general se encuentra graduado por te categoría y méritos profesionales

de los militares que lo alcanzan. Sustituir esta norma por una elección en función de

consideraciones políticas, nos llevaría a los mas nefastos tiempos del cuartelazo, cuando cada

partido político procuraba tener un sable a su servicio que garantizaba lo que no podía con las

urnas. Asombra que Apostua, defensor a ultranza del pluralismo político, no se dé cuenta de la

contradicción que entraña exigir para el ascenso en el generalato estar de acuerdo con la

política del Gobierno, ya que siendo la ideología de los Gobiernos cambiantes, por te propia

dinámica de la democracia parlamentaria, cada elección entrañaría una limpia de tenientes

generales y la designación de otros nuevos. Esta alucinante posibilidad no queda modificada

por añadir a la política del Gobierno la del Rey, ya que el Rey. en las opciones licitas, no debe

tomar partido, como tampoco deben tomarlos los jefes del Ejercito, del que es jefe supremo el

Rey. ¿O va a haber unos tenientes generales con el Gobierno Suárez y otros con el Gobierno

Martínez Esteruelas si, por ejemplo, gana la Alianza Popular las próximas elecciones?

Es tan descabellado el proposito, que no merece gastar tinta en rebatirlo. Como en esa

imposibilidad, que señala Apostua, de que pueda haber tenientes generales «con un

inequívoco sentido conservador». ¿Los puede haber, en cambio, con un inequívoco sentido

ultraliberal?

Sobre la nueva democracia española parece planear, en la mente de algunos de sus cantores,

la sombra de Stalin, «purgando», de una sola tacada, a los mejores mariscales del ejército

soviético.

Un sueño que podría convertirse en una pesadilla.

 

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