El "Maquis" en España. 
 En nueve años de bandolerismo (1944-1952) cometió 953 asesinatos y 845 secuestros     
 
 El Alcázar.    03/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EL "MAQUIS" EN ESPAÑA

EN NUEVE AÑOS DE BANDOLERISMO (1944-1952) COMETIÓ 953 ASESINATOS Y 845

SECUESTROS

Realizó, además, más de seis mil atracos

Con la autorización de Editorial San Martín y de su autor Francisco Aguado Sánchez, iluestre militar e

historiador, vamos a reproducir unos capítulos de la obra "El Maquis en España", uno de los más valiosos

libros publicados en España sobre el bandolerismo que con el nombre de "maquis", copiado de Francia,

de donde partió la acción, ayuda y protección de los forajidos armados, sembró el terror y la muerte en los

años de la posguerra, especialmente desde 1944 a 1952. Destaca en este formidable testimonio de nuestra

Historia, la heroica acción de la Guardia Civil, principal cuerpo encargado de reprimir el bandidaje de no

menos de 5.000 hombres perfectamente pertrechados, que quisieron subvertir la paz de España; la

Benemérita contó también en ocasiones con la colaboración de la Policía Armada y del Ejército.

Es éste un capítulo poco conocido por muchos españoles e incluso ignorado por la mayoría de las nuevas

generaciones y, a la vista de la presencia en Madrid del principal instigador y dirigente de esos bandoleros

que asesinaron a 953 españoles (guardias civiles y paisanos) y cometieron 845 secuestros, sabotajes y

toda suerte de violencias (casi seis mil atracos) en los más difíciles años de la Patria, cobra enorme

actualidad y es una terrible acta de acusación la sangre de las víctimas inocentes caída en la

tierra de España desde Gerona a Huelva, y desde Asturias a Granada, en varios años de lucha, en la que la

Guardia Civil demostró un heroísmo pocas veces superado. Porque no fue sólo una lucha abierta, frontal,

sino que el Benemérito Cuerpo tuvo que sufrir el asesinato de muchos de sus hombres, de sus mujeres e

incluso de sus hijos, niños de corta edad. Una de las más feroces peleas de la Historia de España, cuya

responsabilidad alcanza al comunismo internacional y en particular a su jefe español Santiago Carrillo.

Vayan, pues, como terrible testimonio de los hechos, las páginas escritas por el historiador Francisco

Aguado Sánchez. En el prólogo, Ricardo de la Cierva escribe: "No sé si el teniente coronel Aguado se ha

dado cuenta del insigne servicio que, con este libro, acaba de prestar al conocimiento histórico de esta

España real. Resulta realmente impresionante la conclusión digamos bélica de este libro: La Guardia Civil

salvó a ta España de Franco de un derrumbamiento interno frente a la ofensiva exterior. Y ha mantenido

oculto este hecho, realmente decisivo, durante caso treinta años. En esa linea habría que destilar las

posibles consecuencias históricas que se deducen de este libro, no solamente para la explicación del

pasado, sino quizá también para la prospección del futuro".

El 29 de mayo de 1955, en su discurso de despedida como director general de la Guardia Civil, por pase

ai grupo de Destinos de Arma o Cuerpo, el general Camilo Alonso vega, al hacer el balance de su largo

mandato de once años y diez meses, definió el bandolerismo comunista como un problema nacional de

gran transcendencia que "perturbaba las comunicaciones, desmoralizaba a las gentes, destrozaba nuestra

economía, quebrantaba nuestra autoridad y nos desacreditaba en el exterior".

Nada más cierto. Por otra parte, la ayuda económica y moral de países a cuyos gobiernos de turno no les

fuimos gratos —en particular el de Francia— contribuyó en gran medida a su existencia. El bandolerismo

—en sentido lato— lacra social que surge paralela con la historia de los pueblos, ofreció en las tierras y

ciudades cto nuestra patria, de 1939 a 1952, características muy distintas a las de otros tiempos. Los

últimos bandoleros, producto subversivo del estalinis-mo, carecieron por entero de los actos de gallardía

que mostraron algunos personajes de antaño. Las hazañas realizadas por estos forajidos están muy lejos

de las atribuidas por la historia, la literatura y el romance de mal gusto, a las de aquellos otros tan

conocidos como populares. Sus crímenes estuvieron, las más de las veces, impulsados por un odio contu-

maz en sus mandos, como derivación de sus actuaciones vituperables durante la guerra civil.

El temor a rendir cuentas de su conciencia, sobre la que pesaban en ocasiones vandalismos y delitos de

sangre realizados en la que fue zona gubernamental, les impulsó a estar en constante huida. Poco más

tarde,

el comunismo, con el marchamo externo de su lucha para que "derroquemos a Franco y Falange", según

Vicente Uribe nos explica en "Todos unidos por la reconquista de la República", supo darse —dirigido

siempre desde el exterior— buena maña y mucha prisa, para sacar partido de la situación histórico-

política y encuadrar con mandos ejercitados e instruidos a los elementos huidos y descontrolados, cuya

única meta era la de subsistir lejos de la civilización, en lo más agreste de determinadas regiones.

Intentaron así dar un giro y colorido distinto a la lucha represiva. Para que el lector no nos conceptúe

equivocadamente, recordemos una de aquellas hazañas, con las que decían luchar por la liberación del

oprimido pueblo español y sus más nobles derechos. En definitiva, tal vez pudiera ser ésta una de las

formas que "e! camarada Vicente

Uribe, fija con absoluta claridad en cuanto a la posición política del P.C.E., y señala el camino a seguir

para acabar con el franquismo". A pesar de tratarse de un crimen vulgar y repulsivo, ellos lo titularon

eufemís-ticamente con el apelativo de "eliminación física".

Veamos: A las diez y media de la noche del 29 de septiembre de 1974, mientras la fuerza del

destacamento de la Guardia Civil, se hallaba preparando la cena en la aldea de Gúdar (Teruel), pequeña

localidad de menos de mil habitantes, una fuerte explosión derribó parte del edificio donde los. guardias

se albergaban. Una partida de bandoleros, armados con fusil, metralleta y granadas de mano, había

atacado por sorpresa a la fuerza pública. Repelida la agresión, la

partida, compuesta por quince forajidos, antes de abandonar la aldea, hizo entre la población unos

prisioneros. Estos fueron dos matrimonios y tres hijos de ambos, de siete, nueve y doce años de edad, más

una anciana de sesenta y cuatro. A todos ios condujeron a las eras, los asesinaron y luego, con piedras,

patadas y pisotones, Íes machacaron los cráneos, derrochando más ensañamiento precisamente con las

mujeres y los niños. Casos como el reseñado, de tan execrable intencionalidad, podríamos recordar

muchos más, aunque en cierto libelo titulado pomposamente "Búsqueda, reconstrucción e historia de la

guerrilla española del siglo XX, a través de sus documentos, relatos y protagonistas", destaque su autor un

"conmovedor testimonio", acaso de uno de aquellos personajes.

guardaba su ganado. No tuvo miedo en decir: mi padre estas gentes me lo han fusilado. Mi madre no

puede mantenerse, tan apenas le dan un jornal. Está enferma. A lo mejor morirá. Venía este niño de la

familia de Vicente Mosqueruela, en término de Fortanete. ¡Y cuántos como éste. Niños de tan tierna edad,

hasta mozos hechos y derechos, podríamos escribir páginaá enteras de su abnegación y cautela. Gracias

os dan los hombres de aquella época que estuvieron luchando"...

Tal vez -el autor ignore que entre Fortanete y Mosqueruela y Gúdar no hay grandes distancias. Son

localidades de la misma provincia, junto al Maestrazgo, en la Sierra del Royo, por más señas. El masivo

asesinato del que hemos dado referencia, fue un ejemplo de "justicia guerrillera", a causa de una

represalia por haber sido delatados, aunque "el abuelo" nos dé un testimonio tan enternece-dor. Sin duda

alguna los niños de Gúdar hubiesen preferido hacer novillos y guardar ganado antes de acabar su corta

vida de aquella forma.

Aunque desde el comienzo del problema la gran mayoría estaba per-

a deducir por los nombres alusivos que da en su relato.

"En las apresuradas cuartillas —se lee en el libelo- escritas por "el abuelo", un hombre de más de setenta

años, que hoy vive sus recuerdos en Praga, había unas palabras que no puedo por menos de transcribir en

estos momentos:

"Quiero ofrecerles a los que ayer eran niños un saludo, un fraternal saludo de los camarades caídos. Por-

que el que suscribe estas líneas ha pasado cerca de nueve años fuera de la ley. Y que tantos padres y

abuelos se han excusado con los niños, de no tener confianza en vosotros, que por la presencia de los del

monte en vuestras casas podrían ser descubiertos y caerá la mano represiva de los verdugos de España. Ni

un solo caso, ni un solo padre puede decir que sus hijos han hablado, nada se descubrió por los niños...

Así pues, hombres de hoy, niños de ayer, que vuestros padres y familiares se portaron como buenos

antifascistas en la ayuda hacia aquellos hombres que tuvieron el valor de hacer frente a los enemigos de

España y que en no pocas ocasiones tuvieron que luchar uno contra cien o más, no nos olvidamos, seguid

los ejemplos que os daban, luchad para que la tierra sea de quien la trabaja. Recordar niños que erais

teniendo que guardar ganado de amos, mientras no podíais ir a la escuela. Cuántos niños y jóvenes se

encontraron los hombres del monte y disteis una buena información. Que recuerde aquel niño de seis

años, hoy hombre, cuando un día lloviendo nos encontramos; éf

suadida de su .triste final, de que habían sido engañados por la encendida propaganda elaborada por el

Partido, o de que luchaban por una causa perdida,-ios portavoces de las organizaciones comunistas, bien

desde Francia, obedeciendo a Moscú, bien desde el interior del país, amparados en la clandestinidad, son

exhortados una y otra vez a la lucha. Es entonces, cuando el que ha huido aunque sabe o presiente desde

lo hondo de su pensamiento que más pronto o más tarde acabará malamente sus días, se aferra a las

soflamas subversivas como única tabla de salvación.

El bandolerismo de posguerra tuvo, pues, en su evolución, una embrionaria fase, donde sus fechorías se

limitaron a proporcionarse en caseríos, masías, torres, cortijos, dehesas y casas aisladas, con violencia o

sin ella, los medios imprescindibles para subsistir. Pero después, surgió una segunda fase, más

consolidada, iniciada en 1945, hacia el verano y meses después de la mal llamada "gran invasión del

maquis", y aquellos elementos, dispersos y desorganizados, fueron presa fácil para el proselitismo

comunista. En definitiva, empleando una expresión muy de moda actualmente, hicieron de "tontos útiles"

y fueron la masa humana predestinada para la explotación de las consignas del estalinismo.

Entonces al recibir ayuda del exterior (armamento, dinero, propaganda, ropa, transmisiones, etcl, el huido,

que era presa de una psicología de lucha sin aspiraciones, dedicado a

escapar de su propia sombra, impulsado a padecer el resto de su vida escondido como una alimaña, se

deja organizar por los elementos capacitados venidos del exterior, se siente fuerte, hace uso de una

terminología peculiar y, convencido y traumatizado de creer que está en posesión de la verdad, se deja

llamar impropiamente "guerrillero", intenta medir sus fuerzas con los mantenedores del orden para

comprobar si son, de una parte, tan fuertes como les han dicho reiteradamente, y de otra, si están

capacitados para la realización de "empresas liberadoras", como sus dirigentes comunistas les prometen.

Por estos años, fruto de la nueva corriente de elementos capacitados, el bandolerismo adquiere mayor ex-

tensión y crudeza. La lucha represiva se endurece al máximo. Este bandolerismo, se nutre además, con

recluta joven, embaucada por la propaganda —arma definitiva— uniéndose a los elementos de más

actividad, otros más tibios que, son en fin de cuentas, los que han actuado por cobardía, se han

complicado en la subversión con la prestación de ayudas a los que ya estaban al margen de la Ley y, sobre

los que el fantasma & ser inesperadamente descubiertos o apresados por la Guardia Civil, influye de

manera decisiva. Algunos volvieron al buen camino, presentándose a la fuerza pública cuando en

momentos de lucidez comprendieron la gran desproporción que existía ante la responsabilidad contraída.

Persuadidos de este peligro, los jefes del bandolerismo —siempre al otro lado de la frontera—, para con-

trarrestar las defecciones que desalientan al contingente de su "ejército guerrillero", los obligan a tomar

parte activa y directa en delitos de sangre, lo que está muy lejos de cualquier lucha en campo abierto por

un idealismo que, falsamente, alardeaban defender.

Entretanto, la Guardia Civil, aunque ciertamente no estuvo sola, sí soportó el peso principal y casi ex-

clusivo de la represión. Con sus características peculiares del esfuerzo cotidiano, cotejando datos, relacio-

nando informes, armonizando pesquisas... "atando cabos" de manera incansable y paciente, día tras día,

noche tras noche, con buen o mal -tiempo, bajo el sol implacable o la lluvia torrencial, sin descanso ni

respiro, consiguió dar con los forajidos. "Perseguidos sin tregua por la Guardia Civil", asevera Guy

Hermet, en´ su libro "Los comunistas en España" por mucha que fuese su ocultación, por más que

intentasen disimular su personalidad y se sirviesen de los más extraños y originales procedimientos para

tal fin, fueron eliminados en su totalidad.

El resultado de este esfuerzo, casi ignorado, y que no dudamos en llamar, aunque sea prematuro, ante una

comceptuación histórica del problema, como la época gloriosa de la Guardia Civil, fue la supresión de

más de cinco mil bandoleros, tras unas dos mil refriegas, muchas de ellas, verdaderos combates encarni-

zados, que durante una docena de años> tuvieron a los pueblos y paisajes de España bajo la solapada

amenaza del inesperado y súbito "acto de presencia".

Con tan dilatada experiencia, la Guardia Civil, con sus seiscientas veintisiete bajas, no sólo corroboró y

aumentó su antiguo prestigio de otros tiempos románticos, evocados una y mil veces, sino que vigorizó su

existencia, aumentó la magnitud de su buen nombre, tan arraigado en la conciencia de los buenos

españoles y consolidó y robusteció el reconocimiento que las gentes honradas ven plasmado en la silueta

inconfundible de cualquier pareja de servicio, recortada allá en la lejanía imprecisa del* horizonte.

 

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