Autor: Casto Albarrán, A. De. 
   La soberanía del pueblo     
 
 El Alcázar.    05/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA SOBERANIA DEL PUEBLO

La voz de este articulo, si

él encuentra la hospitali-

dad que le deseamos, va a

desentonar asperamente, en el

concierto de euforias, de himnos

triunfales, de tempestades de

aplausos, que ha producido el

"si" del pasado REFERENDUM. A los entusiastas, a los

fervorosos, a los alegres y con-

fiados, yo me atrevo a decirles:

"no os fieis mucho, no confieis

demasiado".Lo que, en ese REFERENDUM, ha, verdadera-

mente, triunfado es la SOBERANIA POPULAR, y bien en-

gañoso es el fundamento que esa

SOBERANIA ofrece para la

confianza y la esperanza. ¿Por

que, entonces este idolo contara

con tantos y tan ciegos adora-

dores? en el acto juridico_politico que el COLEGIO DE ABOGADOS de madrid celebro el

pasado dia nueve acerca del en-

tonces futuro referendum, yo

tuve la infeliz ocurrencia de le-

vantarme para lanzar una invec-

tiva contra esa soberania del

pueblo que a todas luces

triunfaba en la asamblea.

Las brevisimas frases que pu-

de pronunciar, en los rapidos

casi segundos, que se me conce-

dieron, sonaron en la sala como

una explosion. Seame licito

ahora acometer con mas viveza,

si cabe contra ese dogma nefas-

to, que tanto daño ha causado a

las sociedades y tantisimo puede

inferirnos a nosotros en esta

etapa tan critica y tan delicada,

que atravesamos.

Y pareceria que dado mi ca-

racter la primera censura que

deberiamos lanzar contra ese

idolo es la de su anti-catolicidad.

Bien facil seia en efecto, tomas

en la mano la antorcha del pen-

samiento catolico y a su luz

poner de manifiesto el craso

error. Facil, asaetear esa absur-

da sobernia con textos de la

Sagrada Escritura y de los Pa-

pas a partir sobre todo de LEON XIII. Mas prefiero aqui y

ahora, ofrecer a los corifeos

esta soberania otra doble lec-

cion: doble eleccion que apoyare

en un doble argumento, de

aquellos que los escolasricos lla-

maban as hominem y caben

en la expresion evangelica:" ex

are tuo te iudico".

La primera de estas lecciones

es para aquellos que, enamora-

dos de la soberania del Pueblo,

alardean a la vez de LIBERA-

LISMO. Y no es que yo vaya a

mostrarme paladin de este error,

ni del que pueda no ser pecado

ni del que es pecado (UNAMU-

NO decia que él era liberal del

liberalismo que es pecado). Lo

unico que quiero es mostrar

radical antinomia que existe en-

tre esa doble profesion . Y pienso

que la leccion es hoy mas nece-

saria porque tantisimo abundan

los proselitos de la doble utopia.

Nada hace falta decir de la in-

numerable grey que se prosterna

ante el pueblo. A eso lo llaman

democracia y la democracia es

hoy una peste que no podia ser

mas apestosa. Por lo que toca al LIBERALISMO, pocos son los

politicos y afines que no procla-

man su condicion liberal. Es

una autentica moda. Hasta al

llorado CASTIELLA se le ha

querido cargar, despues de

muerto, el sambenito de no sé

que talante liberal. Muchos,

pues los idolatras del Pueblo.

Muchos los tocados por la filia

liberal. Y, muchos, muchisimos,

los profesos de ambas profesio-

nes.

Pero esto es lo que resulta

absurdo. Nada hay tan reñido

con el liberalismo como el dog-

ma de la soberania popular.

Porque el liberalismo, a quien

concede la plenitud de la sobenia es al Estado, que es el que

es absorbe en su vientre al indivi-

duo y a la multitud. Es sabido

que es el patriarca del liberalismo

es HOBBES. Pues este jurista

proclama, antes que ROUS-

SEAU, la necesidad de un CONTRATO SOCIAL, por el

que los ciudadanos, para evitar el " bellum onnium contra omues,a que, necesariamente, lleva d estada

de naturaleza, transfieren su derecho —hay, originariamente, un "ius omnium in omnia´"— al soberano.

Mas he aqui que esta transmisión ha de ser absoluta, total e irrebocable. Pero nacido el Estado absoluto y

absolutista. Pero "lo STATO assoluto —die CIAVACCI— e lo Stato liberale". ¿Con qué, pues, os

qaedáis, con d LIBERALISMO o con la SOBERANIA DEL PUEBLO? Porque las dos cosas no pueden

ser.

La SEGUNDA leccion que

quiero dejar caer es una leccion

de ESPAÑOLIDAD. Ségura-

mente todos esos adoradores del

LIBERALISMO y de la SOBE-

RANIA POPULAR no tolera-

rian que se ponga en duda su

españolismo. Pero sucede que

esa concepcion de la soberania

del Pueblo es una concepción emi-

nentemente antiespañola. Y lo es precisamente en ese mundo en que a tantas taato les gusta moverse, es

decir en el ámbito de la democracia. Porque hay ciertamente una DEMOCRACÍA, a la que debemos

llamar española, aae es la antítesis de la Mea dd PUEBLO SOBERANO. Hay también muchos que, si se

tes habla de esta democracia, hacen ascos y escorrozos. Pero ella es una De las gemmas mas preciosas dd

DERECHO PUBLICO, cristiana, español. Y, bien: ¿cúal es esa democracia? La que enseña el común

pensar de nuestros juristas de los siglos XVI y XVII. Todos dios coinciden ea asentar, como base, d

origen divino de Poder. Supuesto este origen, la autoridad civil viene a recaer íntegramente en la

sociedad, en d Pueblo. Mas, como es imposible que éste la, ejerza par si mismo, ha de entregársela a un

sujeto particular, individual o colectivo (AL PRINCIPE, dicen nuestros clasicos). Pero ha de entregársete

sin reservas. Únicamente admiten nuestros juristas que, en el Pueblo, permanece siempre aaa potestad

constituyente, habitual y radical, que é1 puede actualizar, cuando el poder degenere ea tiranía (BAÑEZ,

MOLINA, §).

Pero aquí se nos atraviesa, en el camino, ROUSSEAU. El, claro esta, heredera de LUTERO y de LOCKE,

la primera, da un manotazo a esa, para él, entelequia, del origen divino del Poder y hácele brotar, como

los hon-

gos. Juntan los hongos todos los individuales y eso es la VOLUNTAD GENERAL y te AU-

TORIDAD POLITICA, que primaria e inalienablemente,

pertenece al Pueblo. Cierto ooe

éste la transmite a sus mandata-

rios

PUEBLO y bajo su mirada

inspección y centrarse, la ejercen

además, por el que el Pueblo se lo consienta. Esta es te democrada ROUSSEAUNIANA, cu-

yo elemento esncial es la so-

berania DEL PUEBLO.

Y aquí estaís, aquí os habéis quedado, es decir, en ROUSSEAU, todas los idolatras de la

soberania popular. Habeis cambiado

la democracia española por

la democracua revolucionaria.

Con ello, habeis entronizado,

habéis divinizado la masa.

Dáis el mismo valor al voto de ADOLFO SUAREZ que al de

limpiabotas de la esquina. Y,

todos los grandes valores, para

que valgan, han de ser empu-

jados por la fuerza del número,

como si se tratase de un camión

atascado. Y habéis dejado te tierra bien sembrada para que brote, cuando quiera, la demagogia, la

explotación del Pueblo.

A. DE CASTRO ALBARRAN

 

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