Muchos cientos de sacerdotes y religiosos fueron asesinados. 
 En las fosas de Paracuellos     
 
 El Alcázar.    19/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Muchos cientos

de sacerdotes y

religiosos fueron

asesinados.

No fue nada anormal que la Iglesia-Institución convirtiera por

voluntad propia el Alzamiento Nacional en Cruzada.

Muchos miembros de la Iglesia-Pueblo de Dios

fueron asesinados con ferocidad por la única razón de sus creencias

religiosas y su piedad. Pero también

la Iglesia-Institución pagó el precio de un extensísimo martirologio. A las

razones esencialmente patrióticas del Alzamiento,

se superpusieron altas motivaciones religiosas, como consecuencia

en parte de la alienación anticlerical de algunos sectores populares,

pero sobre todo como resultado del plan de antirreligiosos fríamente

diseñado por el Partido Comunista.

La iniciativa de calificar de Cruzada nuestra guerra,

fue una iniciativa indiscutible de la Iglesia-Jerarquía,

a todas luces justificada tras la lectura de

"Historia de la Persecución Religiosa en España. 1936-1939",

de don Antonio Montero Moreno, en la actualidad obispo.

(Biblioteca de Autores Cristianos. 1961.)

En el instante en que algunos sectores políticos que se denominan cristianos flirtean con el Partido

Comunista y con su secretario general. Santiago Carrillo, conviene recordar a los cientos de sacerdotes y

religiosos que fueron vilmente asesinados en Paracuellos del Jarama, en comunión con los miles de

seglares que también morían gritando ¡Viva Cristo Rey!

Para refrescar la memoria a los que ahora parecen sentir una predilección especial por preferir la

compañía política de los asesinos de sus hermanos que la de otros cristianos, reproducimos las páginas

escritas por don Antonio Montero sobre la contribución de

sangre pagada por el clero y las órdenes religiosas en Paracuellos del Jarama. No creemos que su lectura

conmueva la más mínima fibra cordial del hombre culpable en gran medida de aquel genocidio, sobre

todo después de su declaración a una revista extranjera, en la que se mostraba dispuesto a matar de nuevo,

si fuera preciso, al servicio del Partido.

Por lo tardío de la fecha y lo descomunal de la cifra, las ejecuciones ocurridas durante el mes de

noviembre en las inmediaciones de Paracuellos del Jarama constituyen tema aparte lo mismo en la

historia del Madrid rojo que en la del resto de las provincias afectadas por la perse-

cución religiosa. Más abajo intentaremos descifrar los móviles y circunstancias que dieron origen a tan

impresionante holocausto, pero antes nos será útil indagar someramente la ruta seguida, desde la propia

residencia hasta la descarga final, por aquellos grupos de religiosos que aportaron más número a las

trágicas fosas de Paracuellos.

Corresponde sin discusión el primer puesto a los padres agustinos, que sólo en noviembre perdieron a 69

miembros, con la agravante de ser .muchos de ellos primeras figuras de la Orden, presentes durante el

mes de julio en Madrid con motivo de un capítulo provincial. Pero a las zanjas de Paracuellos

contribuyeron, y muy notablemente, casi todos los institutos´ religiosos con residencia estable en la

capital, y desde luego, aunque en aventuras individuales y dispersas, el clero secular. Sigue en número a

los agustinos la benemérita y maltratada Orden de San Juan de Dios, con 23 bajas, y luego, por orden

numérico también, los Oblatos de María Inmaculada (14 miembros asesinados), los Hermanos de las

Escuelas Cristianas (doce), los dominicos (ocho) y los escolapios (seis).

No todos los grupos religiosos mencionados cayeron a la vez, como tampoco los miembros de cada

instituto. Para dar continuidad a la narración aue nos ocupa, vamos a ceñirnos tan sólo a los que de algún

modo fueron o capturados o muertos en común.

El catálogo martirial de los padres agustinos se nutrió, en las muertes de Paracuellos, de tres comunidades

diferentes:

La Universidad de la Princesa, situada en el número 23 de la calle del mismo nombre, y que había

reemplazado, más o menos camuflada, a la suprimida Universidad de El Escorial. Ejercían allí sus

diferentes ministerios de docencia o atención espiritual con los estudiantes una veintena de agustinos.

Especial importancia tuvo en las dos semanas antecedentes al 18 de julio el colegio-residencia de la calle

de Valverde, número 25, donde se hospedó el capítulo provincial, que en anteriores ocasiones se había

siempre celebrado en el monasterio de El Escorial. Allí vivieron sus últimas jornadas de normalidad

religiosa hombres tan preclaros como el asistente general, Rvdmo. P. Mariano Revilla; el elegido por

unanimidad superior provincial, M.R.P. Avelino Rodríguez; el P. Esteban García, etc., etc. De los

superiores y jerarquías asistentes al capítulo, dieciséis en total, diez murieron en Paracuellos, tres en otros

puntos y otros tres se salvaron, 17

Pero el grueso de las bajas correspondió lógicamente a la comunidad más significada y numerosa, la del

mismo monasterio de El Escorial A? por habilidad de los superiores y titubeos de las autoridades rojas

que custodiaban a la sazón el Real Sitio, pudieron los religiosos del monasterio mantenerse entre sus

muros hasta bien entrado el mes de agosto. Siguieron practicándose las costumbres conventuales, aunque,

a partir del día de Santiago, una orden tajante del alcalde, señor Carrizo, obligó a cerrar la iglesia

principal y suprimir el culto público. Los religiosos eran conscientes de la tempestad que se fraguaba

sobre sus cabezas, aunque algo fiaban en el respeto de la vecindad y de los mismos cabecillas, que veían

en los padres, a despecho de todo anticlericalismo, figuras beneméritas en el campo del saber. Mas el

rumbo de Madrid durante estas dos semanas se mostraba cada vez menos propicio a componendas y

amnistías. No había autoridad municipal o ciudadano

que pudiese a aquellas alturas sobreponerse al oleaje creciente.

El día 8 de agosto, aún de madrugada, cumpliendo órdenes de Madrid, dos policías y un buen grupo de

milicianos instalaron a 106 religiosos en tres autobuses y dieron orden de partir hacia la capital.19

El diario de la tarde Claridad informaba puntualmente sobre lo acaecido en su número del mismo día 6:

"Ciento catorce frailes parados..., como de costumbre. El alcalde de El Escorial comunica a la Dirección

General de Seguridad que ha enviado 114 frailes que estaban allí".?).

El itinerario seguido por esta expedición fue, por demás, el corriente: hicieron escala en la Dirección

General de Seguridad, en cuyos calabozos permanecieron hasta el anochecer, llenando durante aquellas

horas la correspondiente ficha carcelaria. Y para que no quedase en el papel, montaron de nuevo en los

coches a las ocho de la tarde para ser trasladados a la cárcel de San Antón, en cuya "sala de los frailes"

encontraron nuevo domicilio. Allí estaban —les habían precedido en dos fechas— sus hermanos de la

comunidad de la calle de la Princesa 21 .

Tres días más tarde aumentaba considerablemente la población religiosa de San Antón con una nueva

remesa de detenidos, procedentes ahora del sanatorio psiquiátrico de Ciernpuzufcios. Eran cincuenta y

tres hermanos de San Juan de Dios, cuyas peripecias anteriores al encarcelamiento coinciden casi a la

letra con las ya referidas de otras comunidades hospitalarias. Hasta el día 31 de julio puede decirse que no

hubo cambio apreciable en la situación de los doce pabellones del gran sanatorio mental, tanto en las

dependencias de enfermos como en los apartamentos ocupados por los hermanos. Verdad es que ya desde

el mes de abril la existencia de estos últimos se había venido complicando con las incursiones y asalto de

grupos extremistas del pueblo, hasta el punto de que el general Miaja, capitán general de Madrid, hubo de

destacar un piquete de soldados para protección del sanatorio. Pero hasta el día de San Ignacio no se

verificó la incautación formal por el Gobierno de Madrid, a cargo de unos mandatarios tan poco

cualificados, al menos en la nomenclatura, como los concejales del municipio Tomás Garcia (Cara Muía)

y Vicente Sánchez (Satanás).

El superior de los hermanos, P. Guillermo Llop, les cedió sumisamente el gobierno de la casa, reduciendo

su autoridad durante la primera semana de agosto a la dirección escueta de la comunidad religiosa, que de

forma clandestina pudo mantener sus prácticas de piedad hasta el día mismo de la detención.

En la mañana del 7 de agosto se hizo cargo del sanatorio el nuevo equipo de enfermeros, reclutados,

según todas las referencias, entre campesinos sin trabajo, profanos en absoluto para todo ambiente clínico.

A los hermanos se les recluyó en un salón de recibo, junto a la portería. 22 donde permanecieron día y

medio, excepción hecha del superior a quien, previa entrega de 10.000 pesetas a Francisco Tejeiro (el

Bote), jefe de las milicias de Ciempozuelos, le fue permitido gestionar con la Dirección General de

Seguridad el traslado a Madrid de sus subditos. Salieron del sanatorio a las cinco y media de la tarde,

entre insultos y griterío del populacho; pernoctaron en los calabozos de la Dirección General de

Seguridad, para acabar, al anochecer del día 9, en las galerías de San Antón.

Algo debía tramarse bajo cuerda en las esferas responsables de estas detenciones, a juzgar por la

coincidencia de fechas y procedimientos, que hizo encontrarse en el colegio de los Escolapios a casi

doscientos eclesiásticos en poco más de cuarenta y ocho horas.

Aparte de los 126 agustinos y los 53 hospitalarios mencionados, y en la fecha intermedia entre ambas

expediciones, cayeron también por San Antón, previa captura en el asilo del Sagrado Corazón, ocho

hermanos de las Escuelas Cristianas, 23 que fueron instalados en el aula "C".

Los arriba nombrados oblatos de María Inmaculada, cuya sede de Pozuelo de Alarcón fue asaltada, según

queda dicho, en la primera semana del Alzamiento, luego de perder a los siete miembros fusilados en la

madrugada del día 24, fueron trasladados a la Dirección General de Seguridad y libertados al siguiente

díaTtn total eran 34 los supervivientes, y varios de ellos volvieron a ser detenidos posteriormente para

coincidir en la cárcel Modelo 24 y ser trasladados el 15 de noviembre a la bien nutrida de San Antón.

Aparte estos grupos numerosos, los controles de las cárceles registraban un ininterrumpido goteo de

detenidos, buena parte de los cuales procedían de las filas de uno u otro clero. Sólo el número de los

nominalmente

identificados —entre los muertos

posteriormente— asciende, de agosto a noviembre, a 23 sacerdotes seculares 25 .

Las prisiones más nutridas de eclesiásticos fueron, después de la de San Antón, la de Porlier, colegio

también de los Padres Escolapios; la cárcel propiamente dicha de Ventas, destinada hasta entonces a

mujeres, y la Modelo, de la Moncloa, cuyos vecinos hubieron de pasar a otras prisiones, a la libertad o al

fusilamiento cuando las fuerzas de Franco hicieron brecha en los edificios contiguos de la Ciudad

Universitaria y de la Casa de Campo. Las de San Antón y Ventas tenian sendas dependencias destinadas

fundamentalmente a prisioneros eclesiásticos. Esta circunstancia favorecía notablemente la tensión

espiritual de los presos, que reconstruyeron en el nuevo escenario todos los módulos de su vida

piadosa.26.

Pudo parecer, en un momento dado, que la prisión era, en efecto, según ciertos cálculos de primera hora,

más un refugio contra la tormenta de fuera que una antesala del fusilamiento. Por desgracia prevaleció

con mucho este último concepto. Noviembre fue, según se ha dicho, el mes trágico pro excelencia.

Conviene anotar que, exactamente el día 6, abandonaba la villa el Gobierno Largo Caballero, recién

reforzado con la incorporación anarquista27. Hasta entonces, la Dirección General de Seguridad, al

mando de Manuel Muñoz, había sido el organismo más operante en la detención de personas malquistas y

en el fusilamiento de muchas de ellas. Aunque en modo alguno podía considerársela como responsable

exclusiva de la sangre diaria, ya que detenciones y asesinatos fueron producto casi siempre de la

connivencia explícita o disimulada entre los poderes públicos y los grupos dé presión o, más en concreto,

los comités políticos y las checas. Fue muy frecuente antes de noviembre la llegada repentina a los

recintos carcelarios de piquetes de milicianos, provistos de un volante avalado por firmas muy altas, 28

que, so pretexto de traslado c mostrando abiertamente sus propósitos, sacaban consigo a determinados

presos para deshacerse de ellos, cruzada apenas la ciudad.

 

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