Autor: Pinilla, José M.. 
 Del P. O. U. M. A las purgas en la URSS. 
 Los otros Paracuellos de los que no se habla     
 
 El Alcázar.    19/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Del P.O.U.M. a las purgas en la URSS

EL País" ha realizado el domingo un ejercicio deslumbrante de facciosidad con el fin de exculpar a

Santiago Carrillo del genocidio de Paracuellos. Nada de extraño tiene que "El País" defienda al Partido

Comunista y a sus hombres con tan disciplinado fervor y tan significativa metodología. Y no lo digo por

aquella acusación de haber recibido 31 millones del PCE, no desmentida con la convicente energía que

aguardaban los lectores "liberales". Se trata sólo de la apreciación razonable de un lector asiduo.

Cinco laboriosas arañas se han esforzado en tejer un tapiz de sofismas, cuyas apoyaturas dialécticas son

muy evidentes: Madrid estaba en peligro de ser barrida a sangre y fuego por los moros,- todos los presos

más de 8.000 miembros de la quinta columna y por consiguiente un peligro permanente para la reta-

guardia republicana y una fuerza potencial muy estimable para Franco, si llegaba a rescatarlos con vida;

las órdenes las daba el Gobierno legitimo desde Valencia, del que Santiago Carrillo era simplemente un

disciplinado funcionario, y las ejecutaban milicianos incontrolados, nunca comunistas; Santiago Carrillo

era un muchachito inocente que minea se quitaba la corbata burguesa, por lo que los bestias de la CNT

quisieron apiolarle; y aunque Santiago Carrillo tuviera alguna relación con el genocidio de Paracuellos,

los deudos de aquellos le besan hoy en las mejillas, conscientes de que cumplía su deber en defensa de la

República y de que le asistían las mismas razones que a los que mataron a García Lorca, con prólogo de

Gil Robles. Por lo demás, nadie sabe el numera de los

asesinados en paracuellos, pues hasta allí fueron llevados por los fascistas otros miles de cadáveres

desenterrados aquí y allá con objeto de hacer bulto y poseer siempre un arma arrojadiza contra el infeliz

Santiago Carrillo, cuya paternal consideración final, termina por hacerle brotar a uno lágrimas de gratitud:

"Nos ha costado mucho convencer a nuestra gente de que es necesario hacer la reconciliación; estamos

luchando por eso desde 1956. Si se hurga y se hurga, es muy peligroso en la situación que estamos. Y

fomentar ese peligro es la intención política de los hombres que agitan esto".

Convendría aclarar a Santiago Carrillo que el recuerdo de Paracuellos no hubiera adquirido dimensiones

políticas actuales de no haber sido por su presencia provocadora. Si los mandos del Kremlin, de los que

Santiago Carrillo ha sido siempre un siervo ejemplar, han decidido ofender a los españoles, haciéndole

venir como secretario general del PCE, sólo puede ser por dos motivos: para convertirle en mártir

propiciatorio y en justificación de una campaña- de interven-

cionismo, o precisamente para fomentar ese peligro cuya intencionalidad atribuye Carrillo a quienes le

acusamos.

Entre las historias de Caperucita Roja que nos cuentan los cronistas disciplinados de Santiago Carrillo,

figura una coartada para explicar el porqué de la defensa tomada por Ruiz-Jiménez: Justicieros milicianos

comunistas arrebataron a Ruiz-Jiménez y otros no identificados de manos del grupo que pretendía darles

el paseo y fusilaron allí mismo a sus miembros. Nunca hasta ahora habíamos escuchado esa hermosa y

fraternal historia, que de ahora en adelante será incorporada a las preces de las misas que oficien los

curas-paco del movimiento "cristianos por el socialismo". Existen otras historias, pero _al revés. Esta, por

ejemplo: los últimos paseas los dio en mi ciudad un piquete perfectamente diseñado para tales menesteres

en el organigrama del PCE. Estaba ya avanzado 1938. Los cadáveres de los componentes del piquete

aparecieron tendidos en medio de la calle de Ramón y Cajal, con unos rótulos colgados del cuello que

rezaban: "Así hace justicia la CNT". Lo cual concuerda con un lapsus que el Partido no perdonará a los

autores del contradictorio reportaje histórico de "El País". A! transcribir el relato de un antiguo estudiante

tradicionalista, hoy arquitecto", inquilino durante aquellos meses trágicos de las cárceles de Ventas,

Alcalá de Henares y Duque de Sesto, olvidaron supri-mer esta frase: "En Duque de Sesío era director

Melchor Rodríguez, el anarquista que luego seria director general de Prisiones, y allí no había ya sacas".

La historia de Melchor Rodríguez y su enérgica hombría de bien, son de sobra conocidas. No obstante,

Melchor Rodríguez, aunque de la CNT, era también en la cárcel de Duque de Sesto, y luego en la

Dirección General de Prisiones, un funcionario disciplinado, como pretende haber sido Santiago Carrillo.

Con la diferencia de que Melchor Rodríguez no permitió que donde el mandaba se hicieran sacas con

destino a Paracuellos ni para ningún otro sitio mientras Santiago Carrillo hizo lo contrario. ¿Por qué

Santiago Carrillo, de cuya biografía sustraen sus defensores el episodio referente a la persecución de su

padre por el Partido, no hizo entonces (o que Melchor Rodríguez, en vez de presentarse ahora como si

hubiese sido entoncesi un angélico congrégate, de cuya dirección espiritual se encargara el padre Llanos y

de su adoctrinamiento temporal Ruiz-Jiménez?.

La lectura de lo que debiera haberse titulado "Alegato en defensa del democrático hermano en Cristo

Santiago Carrillo", me ha hecho dedicar casi toda la noche a viejas lecturas y recuerdos: Castro Delgado,

Jesús Hernández, Pelayo de Hungría, el Campesino, Listen..

De las conversaciones con algunos de ellos, existen anotaciones muy valiosas, al igual que de las confi-

dencias de una persona que estuvo muy cerca de Carrillo durante los largos años de exilio bien retribuido

por la Unión Soviética. Juan López y otros viejos y ejemplares Genetistas, entre ellos el lugarteniente de

Durruti, proporcionaron a diversos profesionales una valiosa información complementaria que con la

anterior ha incrementado el fondo de un silencioso historiador, cuyo parto, que puede estar próximo,

conmocionara a Europa.

De todo ese material emerge la evidencia de una prolongación terrible del genocidio de Paracuellos hasta

fechas muy próximas. Quienes en todo ese amplio periodo controlaban los instrumentos de represión del

PCE, tienen sobre sí no sólo la sangre enemiga, sino más caudal aún de sangre de miles de miembros de

otras organizaciones del Frente Popular y de muchos cientos de cantaradas del Partido.

Santiago Carrillo y sus epígonos, podrían ilustrar a los españoles sobre algunos asesinatos políticos que

quedaron sin autor atribuible en el periodo anterior al Alzamiento en su mayoría cometidos por las

MAOC. Pero interesaría, sobre todo, un relato minucioso del exterminio del POUM, que costó la vida,

mediante el esterotipado tiro en la nuca, a cerca de veinticinco mil trotskistas. La operación la dirigió

Palmiro Togliatti y entre sus ejecutores, además de algunos conocidos comunistas españoles ortodoxos,

estaba Luigi Longo, quien hubo de reconocer publicamente en Roma, en el curso de una conferencia de

prensa, la certeza y cuantía de aquella purga staliniana ea tierra y cuerpos españoles Un socialista que,

muy joven, vino a Barcelona en las primeras semanas de guerra, posee una valiosa documentación al

respecto, que publicará cuando el panorama político italiano cambie a bonazanza y se le pase el miedo. O

cuando se decida a trasladarse a los Estados Unidos.

¿Y quien ordenó y preparó el asesinato de Durruti? ¿A quienes hay que cargar la responsabilidad de las

matanzas subrepticias de Genetistas y socialistas anticomunistas? La historia del asesinato sistemático de

cam aradas no termina ahí. No sólo El Campesino, sino cientos y cientos de militantes del PCE refugiados

en la URSS y formidables soldados en la lucha contra las tropas alemanas, pasaron por los horrores de la

Lubianka y de los más terribles campos de concentración en Siberia. La mayoría de ellos no volvió jamás.

Todos los supervivientes señalan unánimes como máximo responsable a la ferocidad enfermiza de la

Pasionaria, amancebada con Antón, y cuya conducta depravada y criminal llevó a la muerte a su hijo,

según está escrito por el último español que acogió su desesperación antes de marchar hacia Stalingrado.

Pero no sólo fue la Pasionaria la responsable del calvario y muerte de tantos comunistas españoles y

tantos niños de los que fueron llevados a Rusia. A la implacable máquina de matar montada por Stalin, La

Pasionaria y sus hombres de confianza suministraron abundante carne española correligionaria.

¿Motivos? Se le puede preguntar, por ejemplo, a El Campesino.

¿Qué pensarán los supervivientes de aquella vesánica persecución, entre ellos El Campesino? ¿Estará

Santiago Carrillo tan libre de culpa corno "El País" pretende hacernos creer respecto del genocidio de Pa-

racuellos? ¿O como ahora quiere estarlo en relación con las feroces represalias ejecutadas por et maquis"!

A periodistas e historiadores, no sóJo españoles, interesaría mucho, a efectos documentales, un careo so-

bre la actuación represiva del PCE entre La Pasionaria y Carrillo, de un lado, y El Campesino, Lister y

otros a designar, de la otra parte de la mesa. ¿Estaría dispuesto el secretario general del PCE a afrontar el

debate, junto con La Pasionaria?. Los otros no lo eludirían.

José M. PINILLA

EL ALCÁZAR

 

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