La unidad de España, en peligro     
 
 El Alcázar.    20/01/1977.  Página: 1. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LA UNIDAD DE ESPAÑA, EN PELIGRO

LAS circunstancias, descaradamente públicas, que han concurrido en la legalización del uso de

la bandera separatista en las provincias vascongadas, convierten en un verdadero asalto a la

unidad de España el triunfo obtenido por un grupo minoritario y nada representativo de

ayuntamientos de la región. Escribimos las anteriores palabras conscientes de su gravedad,

pero en un momento en que los supremos valores de te Patria están en juego. Ni nuestra

dignidad de periodistas y españoles, ni los ideales que representan la cabecera de nuestro

periódico y la Confederación Nacional de Combatientes de que es órgano oficial, nos permiten

la menor debilidad ni, menos, el silencio. Si alguien dudara sobre la capacidad que tenemos pa-

ra, desde el centro de España, comprender en todo su alcance la problemática de las

provincias vascas, la fulminante dimisión de los gobernadores civiles de Vizcaya y Guipúzcoa,

como protesta por (a medida del Gobierno, y (a enérgica reacción de la Diputación de Vizcaya,

proclamando que en sus edificios no ondearan más banderas que la de España y la tradicional

del Señorío, son los mejores testimonios de que donde, decididamente, no se comprende el

problema vasco en particular, ni el español en general es en el departamento ministerial que ha

adoptado la más triste, desdichada e inaudita decisión de la reciente historia de España.

Justo es recordar para valorar este paso, que la Segunda República hasta que empezó la

guerra no hizo concesiones al separatismo vasco como las que ahora se proyectan, entre las

que destacan, si hemos de creer a los locutores de la Televisión del Estado, el propósito de

suprimir la Guardia Civil en las provincias vascas, no por razones técnicas, que serían iguales

en cualquier otra región industrializada, sino para satisfacer una demanda reiterada de sectores

a los que parece interesar más congraciarse con los asesinos de la ETA, que el mantenimiento,

a ultranza, de los valores de orden, legalidad y patriotismo que la Guardia Civil representa, por

lo que en sus miembros se ha cebado especialmente el odio de unos asesinos que, para mayor

infamia, se escudan en esa misma bandera separatista, cuya "oficialización" vergonzante

acaba de ser autorizada.

Mientras estamos escribiendo esta protesta, escrita bajo la emoción de nuestro amor a España

ofendido, nos llegan noticias de reacciones del mismo sentido en diversos puntos de la

españolfsima tierra vasca, que no dudamos se extenderán como reguero de pólvora por toda la

geografía de España. La unidad de la nación, principio fundamental de la existencia de la

Patria, que está por encima de cualquier sistema institucional, ha sido asaltada al darse a

entender´, sibilinamente, que puede ponerse en centros oficiales, junto a la bandera nacional, la

bandera bajo cuya sombra fatídica militan los asesinos de guardias civiles, de policías, del

almirante Carrero Blanco, de los pacíficos ciudadanos de la calle del Correo, de vascos

beneméritos, asesinados en Guipúzcoa y Vizcaya por proclamar su orgullo de ser españoles,

de alcaldes incorruptibles y del mismo presidente de la Diputación de Guipúzcoa, cuya sangre

reciente debe ser pintada, con unos brochazos rojos, sobre la vil "ikurriña", si hay alguien con te

desvergüenza necesaria para hacerla ondear en el balcón de te Diputación, que presidía.

No recordamos, aunque sería justo hacerlo, (a sangre derramada durante nuestra guerra de

liberación por culpa del Partido Nacionalista Vasco, cuya bandera, mal copiada de la inglesa,

es te que ahora se legaliza. Hablamos de los muertos de hoy, de los muertos que demuestran

que, hoy como ayer, la bandera del separatismo vasco no es más que la bandera del crimen,

enarbola-da por los enemigos de la unidad de España.

Algo que el pueblo español no puede consentir, por los que sus miradas se vuelve hacia el

Rey, supremo defensor de te unidad dé España, al que la Diputación de Vizcaya ha pedido au-

diencia, seguros de que tomara las medidas que el supremo interés de la Patria exige. Se

puede desmontar un gobierno. Se puede cambiar un Régimen. Lo que no puede romperse es

te Unidad Nacional. Sería un crimen imperdonable.

 

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