Autor: García Serrano, Rafael. 
   Dietario personal     
 
 El Alcázar.    25/01/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

DIETARIO

Por Rafael GARCÍA SERRANO

LUNES, 24 DE ENERO

Mientras nuestro pequeño Marcelino, con su chaqué de cuando hasta los peces —no confundir con pe-

cés— del Mediterráneo llevaban en su lomo las barras cátalanoaragonesas, dictaba en Malta la gran

política española para el Mare Nostrum, el profesor Tierno Galván, todavía sin quitarse el tapabocas

contra los fríos soviéticos, nos anunciaban que las relaciones diplomáticas entre, la URSS y España están

a punto de caramelo y que es cosa de días su inmediato restablecimiento. ¿Ha sido Tierno el nuncio

desacralizado de nuestro menudo Metternich, o acaso el von Ribentrop que nos salva, gracias a las órde-

nes del Fuhrer de Santa Cruz, de la guerra en dos frentes económicos? ¿Será uno de los elementos de en-

lace con el Kremlin, como la elegante «Pasionaria-Dior» de la Presidencia?

La «Hoja del Lunes» de esta mañana nos muestra el grado de democratización que estamos alcanzando

los españoles a través de un párrafo que merece la gloria periodística. Las celebraciones dominicales en

Madrid, ya tan famosas en el mundo entero como las famosas «manifestaciones de júbilo» que siguieron

al triunfo del Frente Popular en su anterior etapa, y que en este caso le preceden, llegan a tal pureza en la

cuestión que el anónimo informador de la «Hoja» advierte la alta conciencia democrática de un grupo de

unos doscientos manifestan-

tes que «se encontraban discutiendo sobre la conveniencia de arrojar o no piedras sobre las fuerzas de

orden público». Si después de esto no ingresamos en el Mercado Común y en la Otan en hombros y por la

puerta grande, es que no hay justicia ni siquiera en los sistemas demoliberales.

Por lo demás, ya se sabe, el Gobierno no se rendirá ante la ofensiva que trata de impedir el normal

desarrollo de la voluntad nacional, pase lo que pase, y está atento, sereno, firme, enérgico mientras le

secuestran al teniente general Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar, en la calle

que la autoridad del Gobierno hace transitable y segura para todos los españoles, si bien algo más para los

secuestradores, para los piquetes, para los huelguistas, para las plañideras dominicales de la amnistía, para

las «ikurriñas», para las banderas rojas y republicanas, para los pistoleros, para ios asesinos, para los

agentes provocadores...

A la hora de cerrar esta emisión el señor Martín Villa está reunido con sus colaboradores. No hay nada

peor; ahora sí que hay que temerlo todo, mis queridos españoles.

(Y don Santiago Casares Quiroga, donde quiera que esté, sonreirá contento pensando: «Vaya, al fin ha

aparecido un ministro de la Gobernación más torpe que yo y que encamina a España a donde yo la llevé,

pero con más prisa»}.

 

< Volver