Nueva afrenta a la democracia     
 
 El Alcázar.    09/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

NUEVA AFRENTA A LA DEMOCRACIA

TODO demócrata honesto se mostrará tan sorprendido como nosotros, a la vista de JÉ referencia del

Consejo de Ministros. Los tres decretos-leyes llovidos del Gobierno, en un nuevo acto de fuerza legisla-

tivo, configuran otro y destructivo golpe bajo a la débil criatura democrática que creíamos haber parido

entre todos los españoles, con la esperanza y el anhelo de garantizar y mejorar lo conseguido, tras de

tantos años de sacriñcio y esfuerzo mancomunados.

El recurso al decreto-ley podía haber tenido justificación en algún caso excepcional. Pero cuando el

decreto-ley se transforma en uso frecuente o en mal hábito, cualquier posibilismo democrático se

convierte en pura práctica totalitaria. En el momento actual, una diagnosis fría de la situación política

española, haría exclamar: ¡Apariencia democrática y práctica autoritaria del poder!

Las Cortes que bajo determinadas condiciones aprobaron e! proyecto de ley para la Reforma

Política, siguen constitucional-mente vivas. ¿Por qué el ejecutivo las desconoce, las somete a burla

permanente y a humillación sistemática? El recurso habitual al decreto-ley, en efecto, es un desafio a las

Cortes legal-mente constituidas y programadas en su legislatura y al propio pueblo español, que creyó

limpiamente en las ofertas democráticas del Gobierno. Este comportamiento del ejecutivo da materia

suficiente para que las Cortes toquen a rebato y se quiten la mordaza formalista con que las neutraliza su

presidente. A las Cortes Españolas solo te caben dos opciones respetables frente a la ofensa sistemática al

parlamentarismo, sea orgánico o inorgánico, que supone gobernar por decretos-leves: defender su

legitimidad o autodi-solverse. Lo que no puede ser es que las Cortes, con una pasividad que las

compromete ante la Historia, sigan siendo la tapadera de un Gobierno autoritario, que está intentando

imponer por las bravas una forma democrática a su medida. España ha

avanzado macho y a cosía de demasiada sangre y tremendos sacrificios, como para volver a las prácticas

políticas del siglo XIX, aunque los cortes de chaqueta sean distintos. Ni los Nar-vaez de paisano ni los

valimientos institucionalizados sirven para el final del siglo XX que transitamos.

El pueblo español y sus instituciones legitimas, entre ellas las Cortes, merecen mayor respeto. Gobernar a

golpes de decreto-ley, con una clara tendencia a favorecer a los que ondean baa-deras republicanas y

gritan por las calles su odio al Rey, no es lo más consecuente, de otra parte, con la voluntad proclamada

de defender la unidad y la soberanía de Espaia bajo la Monarquía.

¿Qué validez podrá concederse a las próximas elecciones y a un proceso constituyente, cuyo tinglado se

monta desde el despotismo legislativo y en el que la coacción marxista parece nder más que tes instancias

nacionales legitimadas por la constitución?

 

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