Autor: Reyes, Roberto. 
   Y de México ¿Qué?     
 
 El Alcázar.    11/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Y DE MÉXICO ¿QUE?

ROBERTO REYES

Alas 10 de la mañana del miércoles 9 de Febrero de 1977, ha tenido lugar un hecho importante y, sobre

todo, nuevo. España y la Unión Soviética han acordado reanudar sus relaciones diplomáticas, que en lo

que se refiere a la España nacida del 1° de Abril de 1939, nunca habían estado establecidas —lo que,

dicho sea de paso, desde hace años nos pareció estúpido, pese al oro, pues para reclamarlo mejor es hablar

sin intermediarios, al igual que para comerciar, si es que convenía hacerlo—, como tampoco, a partir del

1° de Abril de 1939, con el llamado Gobierno republicano en el exilio, porque los soviéticos, serán lo que

se quiera, pero no tontos. Y naturalmente, jamás tomaron en serio aquella larga pantomima montada en

México por el precitado "Gobierno republicano en el exilio" y por el entonces presidente de aquella Na-

ción, Lázaro Cárdenas. Pantomima que ninguno de los jefes de Estado de la República mexicana, han

tenido hasta ahora el buen sentido de liquidar, ni siquiera ahora en que las más eximias figuras que son o

fueron de aquel "Gobierno" se dan o pueden darse un garbeito por España o instalarse en ella.

Ahora bien; reanudadas las relaciones con los soviéticos a nivel de embajada —ya que nivel de Ministro

Plenipotenciario no se estila en parte alguna— con todos los "países" de la órbita soviética, a excepción

de la diminuta y altiva Albania, que, aunque parezca mentira, no está en esa órbita, constituye un

contrasentido que teniendo España representación diplomática hasta en la Cuba de Fidel Castro y

acabando de

establecer relaciones con Moscú, la normalización diplomática con México, siga siendo una esperanza

más o menos acariciada por bastantes españoles y por no menos mexicanos.

Porque ¿qué diablos pasa con México?

¿Es el oro del "Vita"?

—En absoluto. Aquel despojo, no olvidado ni renunciado, no puede ser obstáculo, si se han establecido

relaciones con la Unión Soviética sin que nos devuelvan el oro que se desembarcó en Odesa o sin que rin-

da unas cuentas razonables de cómo lo invirtieron —si es que tlegó a invertirse—, y qué pagos se hicieron

con él por alguno de aquellos señores, aún vivitos y coleantes, que contrataron con el gobierno de Moscú

el suministro de armamento y pertrechos para "lucha del pueblo español contra el fascismo". Señores que,

aunque un tanto derrengados y vejetes, hoy por hoy los tenemos aquí y algo debían decir o explicar de

cómo, cuándo y por qué, toneladas y toneladas de oro fino en lingotes, producto de la riqueza patrimonial

amasada por la nación española durante siglos, fueron depositadas en la Unión Soviética, pues que

sepamos los del lado de acá —y ustedes perdonen—, de tales pertrechos y material bélico, ver, sólo

vimos unos aviones, no demasiados, llamados "mosquitos", que brillar, lo que se dice brillar, lo fue por su

ausencia durante los 32 meses en que estuvimos matándonos, hace 40 años, tos españoles entre sí y unos

cuantos extranjeros que voluntariamente acudieron a tal matanza, y que también dejaron sembradas las

tierras hispanas con su sangre o con sus barbaridades, que de todo hubo

en aquella, no ciertamente, viña del Señor.

Pero, volviendo al tema y en síntesis, hay que d´ecir que para mí —y conste que no oculto mis

antecedentes mexicanos—, resulta sencillamente ridiculo que tengamos relaciones con la Unión Soviética

y no con México.

No creo, de otra parte, que el tenerlas con la URSS y su corte de adláteres, y no con la República

Mexicana, lo sea por motivaciones relacionadas con nuestra actual apertura democrática, pues aunque to-

dos sepamos que en México el PRI es partido único, de él, al que hace muchos decenios es el unipartido

almamater de todos los PPCC del mundo, "ma-de en Moscú", hay diferencias de años luz, por fortuna

para los mexicanos.

De otra parte, que sepamos —y uno lo sabe con mayor motivo que otros—, mexicanos por España más o

menos "ma-nitos" —expresión cariñosa que se da al amigo que es como hermano—, y españoles por

México "gachupines" o exilados, los hay y los sigue habiendo a montones, si bien de estos últimos, ya

han regresado cuantos han querido hacerlo.

Es más, el más fiel turista de América que visita España, el que ni siquiera ha fallado ante la reiterada

devaluación de su moneda, es el de la tierra de Moctezuma. Y contrariamente, aunque nuestro comercio

con la Unión Soviética represente, como es lógico, bastantes más millones que con México, que sepamos,

no hacen turismo por tierras españolas ni soviéticos, ni checos, ni búlgaros, ni rumanos; y si vemos

alguno que otro, es porque se han exilado de sus "democráticos" países de origen.

 

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