Autor: Serrano, Eugenia. 
   Emilio Carrere escribió sobre Franco     
 
 El Alcázar.    12/02/1977.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

EMILIO CARRERE ESCRIBIÓ SOBRE FRANCO

Por Eugenia SERRANO

HA vuelto a la ramplona actualidad de nuestros días, Don Emilio Carrere. En un periódico arrevistado, o

revista con Ínfulas de periódico, casi se le acusa de haber vivido en la Casa de las Flores, en el piso donde

vivió Pablo Neruda, seudónimo de Neftalí Reyes, judío chileno. Pablo es nombre de judío converso.

Neruda lo tomó del hebreo checho Jan Neruda, el de los Cuentos. No se si seria cierto que Carrere vivió

en el mismo piso, o sólo en el mismo inmueble. De todos modos algún derecho tendría como madrileño y

antiguo vecino de la capital. Cuando Neruda vivió en la Casa de las Flores, no era gordo y búdico, como

lo retratan ahora, entre otros, los fabuladores que no lo conocieron. Levemente marsupial, como todos los

hebreos, sólo en eso se le notaba el judío. Piel de luna] alimonada, muy, muy limpio, muy cuidado,

vestido deportivamente, pero con cosas muy caras. El encorbate empezó después, cuando pasó a hacer de

poeta capitalista redimido por los soviéticos. Bonito, aparte de su pulcritud, sólo tenía el pelo liso, con mil

aguas. Le protegían, en su modesta tarea de cónsul, los Moría, diplomáticos de alto copete, y muy elegan-

tes. El, aficionado en exceso a los toreros dorados y al pobre Federica García Lorca, al que Neruda ofrecía

púdicamente, en su "Residencia en la Tierra", salió la primera edición en 1936 su amistad de varón

varonil. Era entonces el poeta un tipo muy hispanoamericano, masón, masón. Recusaba—ana, con al-

gunos mas, se lo oyó— el Frente Popular, porque guien gana en eso es el comunismo. Tu lo entiendes

Eugenio. Eugenio era Eugenio Mediano, para quien yo acababa de comprar el último libro del cónsul que

casi venía de Mandalay De niña y adolescente yo he manejado siempre mucha plata familiar de hija,

nieta, sobrina única, tesoro perulero de mi sangre. Creo que el libro valia siete duros de plata, de los de

entonces. Una fortuna. Vale esto porque en este mismo Alcázar, respaldado empresarialmente por gentes

de José Antonio Girón, en el 54, 55, 56 y algún año mas, una se ha aburrido de citar, con vía libre, versos

de Neruda. Ahora como los citáis vosotros, oportunistas de la mamadera roja, que lo chupéis en exclusiva

vosotros, hasta desacreditarle. Hasta que dé nauseas.

Tiempos en que Juan Ramón Jiménez citaba a María Teresa León —mujer del general León— sobrina de

Menéndez Pidal, como la conozco, tiene el retrete —W.C.—, forrado de damasco rojo. Y aludía a Ne-

ruda, sospecho que por la breve edición y poema de Villa mediana me gustaba. Pero, desde que te gusta a

ti, ya no ¡y.e gusta.

Todas estas cortesías se publicaban en las paginas literarias del Sol, para gran regocijo de la grey menuda

y estudiantil.

Opaca y de salmodia, de Yom-Kipur, era la hebrea voz de Neruda. Y no hacía mal. En los discos que se

dan hoy está hecha una pena. Para subsistir vital y razonablemente, el poeta tenía que recurrir, de antaño,

al alcohol y a algún excitante más, que entre indios es normal. La voz se le fue adelgazando. En su

subsistencia, personal y familiar, le falló el Gobierno chileno. Que le plantó en la calle. Y allí el cónsul

tuvo que arriar su bandera burguesa; su regalada vida, no. Y el Partido Comunista, vía Rusia le acogió,

aprovechó y exprimió.

Como poeta es muy desigual. Y, para los que se babean de deliquio elogiándole, ininteligible. ¿Que

quiere decir cuando se refiere al mar, verdes en cantidad, de sus aguas y olas?. Buscar en la Química, oh

malditos autodidactas ¿Que significa el mar se ha puesto a golpear una mano de niña?. Su propia hija, que

nació mostruo-

sa, parte por el alcoholismo inveterado del poeta. Parte porque la madre holandesa, una verdadera belleza,

muy alta y estrechísima de huesos, tenía algo raro en la pelvis. Y, por eso, y ya lo sabes, Rafael García

Serrano, desde entonces Neruda buscó mujeres viejas, que no pudiesen ya concebir. Delia del Carril, por

otra parte, era bellísima, pese a su gris cabello que no tenia, y su piel algo quebrada ya. Elegantísima, dis-

creta y dulce. ¿Que quiere decir Angela Adónical Buscar adonices, en la preceptiva. ¿Quien es la niña de

Manda-iay?. La´ propia primera esposa. ¿De donde viene, a donde va, ese verso de "El delgado labrador

te da la espalda". Trasposición de Virgulo. Va a la luna que sala.

Con todas estas cosas recuerdo que se trata de un poeta pasado por la cultura. La lectura humanística,

César Vallejo, la Mistral. Más el artificio hebreo. Más trabajador que un chino de Mao. Nada popular.

¿Que quedará de él?. Se verá.

Don Emilio Carrera era todo lo contrario. Un poeta claro y popular. Recuerdo que sus primeros versos,

los oí siendo yo niña, un poco asustada por el pergeño mal afeitado del poeta, de labios de persona muy

culta. Con esa cultura que ya perece. Humanidades, latín, carrera de Derecho, ingreso y algunos años de

ingeniería, más esa vida deportiva del nombre del campo andaluz, esos andaluces finos que hablan sin

acento. Me justificó, citando esto, al desastrado indumentario.

Cruzábamos tristemente las calles llenas de luna, y el hambre bailaba una zarabanda en nuestra mente.

Pues sí, se siente el hambre.

Años después, en el Madrid de la postguerra mundial ya superada gracias a la unión del pueblo con

Franco, un escritor traductor, con el más limpio castellano de España, aunque aniquilado en la publicidad

por la genialidad de su hermano, volvió a defenderme a Don Emilio Carrere.

Eso de "la tristeza de la amada mal vestida", es preciso y magnífico. Es verdad. Quien me descubrió el

verso era Julio Gómez de la Serna, traductor impar.

Busqué lo que encontré del alabado, en librerías de viejo. Novelas cortas, unas buenas, otras menos. Pero

Don Emilio tenía sentido del humor. En una, unos viejos amantes, que se han perdido, se encuentran. El

empieza a delirar tiradas poéticas, mientras ..."la señora se entregaba religiosamente al anís". Verdadero y

breve tratado de psicología amorosa.

Antes que Serrano Anguila, y por tanto mucho antes que Obregón, Carrere fue columnis-ta del "Madrid".

Me refiero al primero, al de verdadero éxito, el de Don Juan Pujol. No he hablado más que una vez en mi

vida con Don Juan y ya no vivía Carrere, y lo lamentaba el extraordinario periodista. Me explicó: "Mire.

Su columna diaria era de esas que suben la tirada del periódico donde se publica". Claro que los perió-

dicos entonces, y hasta hace poco, hasta la muerte de Frnco, justamente, estimaban mucho la aportación

literaria. Los escritores eran todo.

En el 47 o 48, vi varias veces al poeta colutnnista por la calle. Estaba horrible. Su barba de tres días,

nunca uno más, ya blanca. La capa. Bien. El sombrero. Bien. Los hombres llevaban sombreros, sobre

todo, para poder quitárselos para saludar a una mujer. La cabeza estaba torcida, con el gesto. Una

hemiplejía. Y, a su lado, de bracete, pero llevándole ella, una mujer joven. No creo pisase la treintena.

Alta, morena, muy flaca, una de estas caras que hoy resultan moderna. La musa se había enamorado del

viejo poeta. Le iba a buscar todos los mediodías al café "La elipa" que hoy es una cosa donde se vende

material depor-

tivo, de caza, camisería. "La Etipa´\ decorada por el gran arquitecto Carlos Arniches, extraordinaria y muy

madrileñamente, con la gran y severa distinción madrileña.

¿Quien puede hoy, siendo enfermo, medio paralizado y medio pobre, conseguir una adoración así? Y/ en

la dura vejez. Chira que, entre otras cosas, el poeta gustaba de veras a Eva y ella le correspondía. O ellas.

¿Quien puede subir hoy, sin politiquear, con esta innoble politiquilla de después de Franco, y sin citar en

crónica de sociedad, a típicos, sostener una leidísima crónica diaria en un periódico?. Con literatura, bo-

hemia, y corazón, Carrere lo consiguió. Le censuran que escribió versos a Franco. Muy bien. Ya se había

dicho "lo de cambiaría mi pluma por tu espada". Más tarde Machado el mayor, quería la pistola de capitán

de Lister. La tinta y pluma de verdugo de Santiago Carrillo, no le tentaba, no. Neruda, en versos bien

cortados, aunque equivocados, denostó a Sanjurjo. Don Manuel Machado hizo un soneto a Franco.

Ovidio versificó en loor de Octavio Cesar. Y Virgilio señaló la Edad de Oro que traía consigo el mismo

Octavio Augusto.

Los más antiguos han quedado. Los recientes están en tela de juicio aún. Los de hoy, que no desprecien a

los escritores de pasado reciente que, a lo mejor y seguro, tienen más larga y pura vida literaria que los

vivos y ¡que vivos!, que los denostan. Entre otras cosas porque no pueden responder los muertos geniales.

Me gustaría que algún editor con sensibilidad, desde luego el curioso Lara, no, hiciese que repasasen no

sólo la obra, sino las crónicas de Carrere, en aquel periódico, tan bueno cuando era de otro franquista,

Don Juan Pujol.

 

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