Autor: Reyes, Roberto. 
   Lo que hay que exigir     
 
 El Alcázar.    16/02/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

LO QUE HAY QUE EXIGIR

Por Roberto Reyes

crónica política del domingo 13 apareciera en el diario YA, de la que es autor el Sr. Apostua, se titula

"Los

exitos"

Se refiere el primero a algo que venía siendo un auténtico baldón, inteligentemente, valerosa y

limpiamente liquidado por la estupenda acción del equipo confiado al Jefe Superior de Policía de

Valencia, al conseguir el simultáneo rescate de los señores Oriol y Villaescusa, llevando así a muchos, y

sobre todo a dos familias españolas acongojadas, el respiro y la tranquilidad, frente a ausencias

desesperantes y desesperanzadoras. Ausencias que al alargarse día a día, erosionaban gravemente, no sólo

a la Autoridad, sino al prestigio de una policía de la que nuestro pueblo se ha sentido siempre orgulloso.

Y de la cual intuía que algo grave estaba sucediendo cuando fallaba en lo que no podía ni debía fallar.

Como también ha intuido que el espectacular resultado alcanzado se na producido tan luego como pare-

cen haberse rectificado errores que iban llevando la seguridad personal de los españoles a la altura —o

mejor a la bajura—, de lo que está aconteciendo en las naciones de Europa y América que más padecen

la plaga del terrorismo.

Ahora bien, esa crónica termina su comentario a este importante hecho diciendo literalmente que con su

solución "el Gobierno recupera autoridad; el país calma; la policía prestigio. ¿Qué más se le puede pedir a

la situación?".

Ello invita a exponer algo de lo que creemos que se puede y debe pedir, casi diríamos que

acuciantemente.

1)—Asi entendemos que por ningún concepto la "situación" puede limitarse a pasar los balones de la

inflación, de nuestro endeudamiento exterior y de la insoslayable necesidad de contener los precios, hoy

desbocados y sin perspectivas de freno, a ese imprevisible Gobierno que vendrá tras de las elecciones

generales. Gobierno que por su

origen será mucho más alérgico a la adopción de medidas ineludiblemente necesarias pero impopulares,

que debe serlo el actual, nacido sólo del Consejo del Reino y de la voluntad de Su Majestad.

2).—Que tenga también en cuenta el Gobierno que a tales elecciones no van a concurrir tan sólo esa

oposición, clandestina sólo hace unos meses, que es hoy su casi permanente y única interlocutora, sino

otros que deben ser escuchados con tanta atención y asiduidad que aquéllos, aunque no puedan exhibir

ningún palmares de clandestinidad o de algo peor.

3).—Que considere igualmente que si su celebración tendrá lugar a fines de la primavera o principios del

verano próximo, hallándonos a mediados de febrero, aún no tenemos ni idea del sistema a que va a

someterse la elección, lo que urge y más ahora en que por obra y gracia del Real Decreto-Ley del pasado

día 8 —que ha dejado en estado comatoso a la Ley de Asociaciones Políticas, aprobada por las Cortes no

hacen aún ocho meses—, cualquier peña de amigos no excesivamente numerosa está legitimada para

constituir un partido político, sin más que visitar a un notario, exhibir cada compareciente su Documento

Nacional de Identidad —si es que lo tienen— y solicitar acta que exprese su voluntad de realizar política

naturalmente de la mejor que quepa— e irse luego con ella y unos Estatutos para la asociación así

"constituida" al Ministerio de la Gobernación.

4).—Claro es, que al margen de tales peñas están el Partido Comunista, sus sucursales, sucedáneos y

arsenales como los que

del GRAPO exhibió la noche del lunes la T.V.E, y los "compañeros" situados a la izquierda de aquél,

como son por lo menos un par de los partidos que acaban de "legalizarse". Desde luego no tan inmediata-

mente como el P.C.E. —y esto es por lo visto otro éxito gubernamental para el Sr. Apostua—, que lo

efectuó a renglón seguido de publicarse en el Boletín Oficial el susodicho Real Decreto-Ley, no porque le

hubiese llegado la onda sino porque la confección de estatutos para constituir una Asociación Política

dispuesta a proporcionar la máxima felicidad de los españoles, es coser y cantar para el Partido. Y ello sin

necesidad de ensalzar en ellos, no ya a la Unión Soviética ni a su régimen —lo que desde el pasado día 10

es ya legítimo—, sino a Carlos Marx, Engels, Lenin, etc.

Naturalmente tal inocuidad estatutaria hará que ni el Ministerio de la Gobernación, ni el Tribunal

Supremo, ni San Pedro que baje del celestial portal que custodia, dispongan de argumentación para

"presumir" y menos para declarar la ilicitud penal de la.asociación que aquéllos propongan. Aunque, eso

sí, "in pectore" todos puedan estar convencidos de que más que de Hermanas de la Caridad o de San

Vicente de Paul, tal Asociación o asociaciones se acercan o caen de -lleno en las que proscribe el Código

Penal, por sometidas a la disciplina internacional o al totalitarismo de los secuestros, metralletas, granadas

de mano y demás armamentos e instrumentos que como del GRAPO, repetimos, nos exhibió la otra noche

la T.V. Y reforma causada por ley votada en Cortes, que haría imposible la

legalización de partidos, hasta hace muy poco incompatible con nuestras leyes fundamentales, que,

aunque ustedes no lo crean, siguen vigentes.

5).-Se le puede asimismo pedir "a la situación" que aclare cómo si conforme al artículo 1,2 de la Ley

1/1977, aprobada hace dos meses por referendum "la potestad de elaborar y aprobar las leyes reside en las

Cortes", habiéndose promulgado hace ocho meses la ley de 14 de junio de 1976 por la que esas Cortes

regularon el derecho de Asociación, el Real Decreto-Ley de 8 de febrero, desmocha esta última ley, al

grado de que parecen haberse eliminado de ella la exigencia de declaración de acatamiento al orden

constitucional y de ajustar su actuación y organización al procedimiento democrático, como igualmente la

prohibición de "toda recepción de fondos procedentes del extranjero o de entidades o oersonas extran-

jeras" (art. 4,6 de la citada Ley).

Y ¿no cree el Sr. Apostua que conviene aclarar todo esto y especialmente si es preceptiva esa declaración

de acatamiento al orden constitucional y si continua o no vigente la prohibición de fondos procedentes del

extranjero? Porque, de no prohibirse su envío...¿a quién beneficiaría? ¿A quiénes han beneficiado ya?

De otra parte si en los Estatutos de la asociación no consta la obligación de acatar el vigente "orden

constitucional y democrático", va a resultar segura la existencia de partidos republicanos y totalitarios, lo

que no parece muy conforme con la ley fundamental votada por el pueblo español en 15 de diciembre de

1976, ni con los residuos que van quedando de nuestras otras leyes de igual clase.

Es por tanto evidente, que pese al indudable éxito alcanzado al conseguir el limpio e incruento rescate de

los señores Oriol y Vitlaescusa, que una vez más celebramos con todo el alma, hay candentes cuestiones

que debe resolver sin demora la "situación".

 

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