Autor: Paso Gil, Alfonso. 
   Error de perspectiva     
 
 El Alcázar.    28/02/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

"digo yo que.."

ERROR DE

PERSPECTIVA

PARA juzgar algo como para emprender cualquier cosa hay que procurar que no nos malforme el error de

perspectiva. ¿Que es un error de perspectiva? Contemplar algo de una manera desenfocada e inútil. Pues

bien, estamos contemplándolo todo desde hace un año y cuatro meses con un talante novecentista. con

una pupila del siglo XIX y con una retina de principios del XX. De lo que no cabe la menor duda es de

que las gloriosas invenciones de la democracia liberal se han terminado. El primer aviso se lo dio la

revolución de octubre en 1917. El segundo aviso se lo dio Mussolini, y otro aviso fundamental fue el de

Hitler en el treinta y tres. El hecho de que tras una guerra hayan salido victoriosas las democracias

europeas apoyadas por la nieve rusa y por la industria de armamento norteamericana no nos dice nada de

lo que es la realidad. La realidad de las cosas es, en estos instantes» una pura apariencia, valga la

paradoja. Estamos empeñados en no renovar el concepto de la política. Nos hemos propuesto anclar

definitivamente nuestra nave en el paisaje del Congreso de Diputados y del Senado. La búsqueda de la

representatividad del pueblo en el mando de la nación la hemos encajado tristemente a través de los

partidos políticos. Ni un átomo de originalidad, ni una molécula de progreso. Todos son aires antañones y

hasta los humoristas de salas de fiestas, para hacer reír al público, se meten con el Gobierno como ocurría

en tiempos de mi padre y de mi abuelo.

Esta especie de ceguera tiene sumida a Europa en un auténtico caos político. Los terrorismos de variado

signo y de amplio espectro son, en ocasiones, más potentes que los Estados. Porque los Estados no

pueden ya garantizar nada a los ciudadanos. Ni siquiera la tranquilidad de andar por la calle. Todo está

viejo, marchito y fantasmal. La experiencia marxista ha demostrado claramente que lo que hacen

veinticinco obreros en la U.R.S.S. en un día, lo hacen cinco en Estados Unidos, de donde el mercado de

libre competencia y la iniciativa privada siguen sendas triunfantes frente a la férrea monopolización del

Estado y ante las consumas económicas del Kremlin. El comunismo, que fue una "chance" no nos sirve

para nada. Es tan telarañoso, tan viejo y tan pétreo como una democracia liberal de aire costumbrista. Nos

está turbando la mente el error de perspectiva. No estamos mirando adelante sino hacia atrás. No tenemos

un futuro, sino que recordamos las glorias victorianas —siempre el ejemplo de Inglaterra— y la

"grandeur" de Francia. Estamos aún ante el espejismo colonialista. Dice muy bien Gadhaffi, y estoy de

acuerdo con él, que la democracia es un gran fraude porque el pueblo no gobierna. Gobierna alguien en

nombre del pueblo, que lo estafa y lo lleva a la confusión. Y es porque no hemos querido imaginar lo que

puede ser un Gobierno para el siglo XXI. No nos ha dado la gana de pensar como ha de gobernarse una

nación civilizada dentro de veinte años. En España tuvimos la suerte de crear "in vitro" un audaz

experimento de Gobierno. Creamos una democracia, pero nos saltamos con estupenda habilidad los

cauces de representatividad por medio de los partidos políticos. Nos fuimos directamente a las esencias

del hombre y utilizamos como representación aquella que es verdaderamente representativa en el ser

humano: la familia que forma, el lugar de trabajo, la actividad que desarrolla.

Se diga lo que se quiera esta era una manera original de entender el Estado y era una manera de anular las

oligarquías políticas y presentar un frente unido ante cualquier presión y cualquier peligro. Nunca estuvo

España tan cerca del Estado moderno como los cuarenta años que vivimos y que tuvieron como protago-

nista principal al Caudillo. El hecho mínimo de que a su muerte los enanos corrompidos de siempre

hablen de dictadura y no reconozcan el avance en perspectiva del Estado nacional sindicalista es un

formidable síntoma de la eficacia de éste. La democracia liberal está por completo periclitada. El régimen

de partidos no tiene funcionalidad. Hay que ampliar el sentido de la palabra democracia y rebuscar

cuidadosamente en sus esencias.

Hasta ahora nos viene de Europa la tiranía de la democracia liberal con aires rousseaunianos y topos de

Montes-quieu. Estamos viviendo todavía de las ideas políticas que pusieron de moda los soldados de

Napoleón cuando invadieron jubilosamente gran parte del Viejo Continente. Ya es hora de que mandemos

a la porra a la Revolución francesa que no tuvo ope-tatividad sino en las manos de un hombre al que hoy

los conspicuos de turno llamarían tirano: Napoleón.

ALFONSO PASO

 

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