Autor: Saiz, José Ramón. 
 Las elecciones del 16 de febrero de 1936. 
 No son homologables  :   
 Con las que se van a celebrar esta primavera. 
 Pueblo.    15/02/1977.  Página: 10. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

15 de febrero

No son homologables.

El Gobierno Suárez, como inicial objetivo de la Monarquía desde su proclamación el 22 de noviembre de

1975, se dispone a convocar, próximamente, «ñas elecciones legislativas como pieza fundamental de un

sistema político reformado, que establezca una plena y auténtica democracia, en el que el ejercicio del

sufragio posea importantes efectos Jurídicos, ideológicos y sociales. Así, pues, una generación de espa-

ñoles va a recuperar ese hábito político de acudir a unas urnas y elegir a sus representantes. Con tal

motivo, recordamos hoy el cuarenta y un aniversario de la celebración de las ultimas elecciones

democráticas, que dieron, entonces. el triunfo al Frente Popular.

Para la mayoría de tos historiadores, el deterioro democrático culmina con la crisis del 15 de diciembre de

1935, cuando el presidente de la República, don Niceto Alcalá Zamora, decide entregar la jefatura del

Gobierno a un político sin fuerza parlamentaria, Manuel Pórtela Valladares, en vez de entregar el Poder a

José María Gil-Robles, jefe de la C. E D. A., que contaba con el mayor número de escaños. Desde ese

mismo momento, los acontecimientos se aceleran: Pórtela preside dos Gobiernos, cada cual más efímero,

hasta que un día después de la festividad de los Beyes, con una situación política insostenible, clima de

guerra y bipolarización de las fuerzas políticas, disuelve el Congreso as Diputados y se convocan

elecciones para el 16 de febrero de 1936.

SE INICIA LA PREGUERRA CIVIL

Acerca de estos últimos comicios y del contexto sociopolítico que se respiraba entonces en el país, se han

publicado numerosos trabajos, muchos da los cuales han coincidido en señalar que íue a raíz de estas

elecciones cuando comenzó históricamente la guerra civil Una pluma crítica e ímparcíal como la del

político socialista Antonio Ramos Olivera, describió así aquellos momentos:

-Si las elecciones de no-vierobra de 1933 tuvieron efecto en una atmósfera de guerra civil, las de febrero

de 1936 fueron, la guerra civil misma. Las fuerzas políticas, más considerables da la nación se agruparon

sn dos bloques irreconciliables de parejo volumen. La propaganda electoral tumultuosa y violenta, so-

brepasó en incidentes a toda la experiencia anterior de igual linaje..,»

Por su parte, el joven historiador Javier Tusell, refiriéndose a la campaña electoral, destaca que «la

propaganda del Frente Popular resultó moderada, centrándose en la "recuperación de la República",

mientras que la de las derechas fue, aparte de imprecisa, maniquea, y se resumió en una serie cíe dilemas

o "slogans" totalmente desafortunados: "Todo el poder para el jete" (Gil-Robles), suponía poco menos

que una advocación a la dictadura; ´´a por los 300" (diputados). era gramaticalmente incorrecto y absurdo,

puesto que la C. E. D A. ni siquiera presentaba tantos diputados: "Por Dios y por España" suponía un

clericalismo exacerbado».

Abierta ía carrera electoral —prácticamente el mismo día en que Pórtela Valladares se hacía cargo de la

presidencia del Consejo de Ministros—, dos grandes bloques se concretaban: la derecha y la izquierda o

la C. E. D. A., o derecha tradicional y conservadora, y el Frente Popular. ES ¡efe del Gobierno, Pórtela,

intentará fabricar un centro híbrido y sin ninguna coherencia, que quedaría barrido por las posturas

extremas que se observaba en el electorado y que las urnas iban a confirmar de manera aplastante. Ahora,

en situación distinta, el centro podría ser la primera fuerza electoral.

Durante mucho tiempo se dijo que el Frente Popular fue creado por el Partido Comunista. Esto no parece

cierto, pues los mismos historiadores han señalado que el P. C. no tenía fuerza decisiva en la vida política.

Por su parte. las derechas, que llegarían a las elecciones sin pacto alguno, encontraron su arbitro general

en el ¡efe de la C. E, D. A., José Mana Gil-Robles. En total, nada menos que 33 partidos entraban en liza

en unas elecciones en la que tanto unos como otros afirmaron que no iban a respetar sus resultados, si

éstos te eran adversos. Eran dos grandes fuerzas —derecha e izquierda—, que como ha señalado Tusell,

«ninguna de las cuales podía ni debía olvidar el vigor del contrario».

En estas elecciones, a las que nos referimos, ganaron las izquierdas de aquella época, es decir, las ganaron

globalmente bajo la fórmula del frente populista, al uso en ía Europa de los años 30. Los historiadores han

destacado, principalmente, la actuación de la gran masa cenetista, que si en principio se abstenía de votar,

en febrero de! 36, votó masivamente por el Frente Popular.

Para Tusell, tos resultados son difíciles de interpretar «por las peculiaridades de la ley Electora! y por la

complicación de las alianzas producidas en !a campaña... La victoria del Frente Popular es indudable,

pero ello no quiere decir que la mayoría absoluta de los españoles, ni siquiera la mayoría absoluta de los

votantes, se pronunciaron por el Frente Popular, porque si se sumaran los votos del centro con los de la

derecha y las alianzas de centro y derecha, hubiera favorecido a estas últimas». Si destaca, Javier Tusell,

la reducción del abstencionismo en estas e 1 e c c iones: «Todos ios testigos presenciales señalan que el

apasionamiento de la contienda se tra-ctxijo en un progreso considerable de la participación, que las

estadísücas confirman se pasó de un 67.4 por 100 a un 72 por 100 de votantes, ciíra esta última no muy

elevada, si se la compara con la de otros países europeos del momento.»

Gil-Robles d e n u nclaria abiertamente el «pucherazo» de estas elecciones. En su libro «Memorias» dice

que -el Parlamento dio el primer ejemplo de arbitrariedad al anular las elecciones de algunas provincias,

en las que habían triunfado p 1 e ñámente tas derechas».

Visto el panorama electoral de los últimos meses de ía segunda República. hay que precisar, ante ío-

cto, que no es válido establecer un paralelismo entre 1936 y 1977. La España de aquel tiempo fue muy

distinta a la actual, por lo que aquellas elecciones d-e! 36 no son, como se dice ahora, «homologables»

con las que se celebrarán en la primavera de este año. De ahí que en estos momentos estemos viviendo ta

ofensiva de los sondeos de opinión para predecir, con mas o meaos exactitud, IB inclinación política de

los españoles ante las primeras urnas de la nueva democracia española.

Predecir el comportamiento electoral de un pueblo significa conocer a fondo la ley Electoral que regule

dichos comicios. Las elecciones del 36 se regularon por el sistema mayoritario, & doble vuelta y con el

voto femenino. Las normas de 1933 favorecían a los partidos que se aliaban entre sí, ya que de ese modo

podían obtener la prima reservada a la mayoría, es decir, se autorizaba la «candidatura abierta». Desde la

modificación de la ley de 1907, con la posterior incorporación del voto a la mujer, quedo duplicado el

cuerpo electoral, constituyendo, de esta forma, una incógnita más cara a los resultados generales.

Cara a las elecciones que se anuncian, todavía se desconocen las normas electorales, si bien éstas serán

especiales, ya que las elecciones son para elegir unas Cortes constituyentes a través del sistema pro-

porcional para el Congreso de Diputados y mayoritario para e! Senado.

PRONTO, A VOTAR

El pais . y esos son los intentos del Gobierno de Suárez, se adentra, nuevamente, por la vía del sufragio.

Nadie duda de que la reintroducción de elecciones como hábito político producirá resultados positivos al

país, si respondo a la lógica totai de !a democracia representativa.

Más de veintidós millones de españoles van a ser convocados dentro acaso de cien días a las urnas. Hace

cuarenta y un años que se realizaban las últimas, en condiciones democráticas formales. Fueron unas elec-

ciones de las que salió la triste convocatoria para ¡a guerra civil De las elecciones que se avecinan, es de

esperar se concrete la consolidación de una democracia europea y occidental, que no? lleven al éxito y no

al más negro fracaso.

José Ramón SAIZ

Cuarenta y un años después...

«El inconveniente de las elecciones libres es que no se sabe quién ya a ganarlas.» Esta frase, adjudicada a

un viejo bolchevique, nos sirve para referirnos a las elecciones que están anunciadas en nuestro país.

Efectivamente. Han pasado muchos años sin elecciones libres y democráticas, sin partidos políticos, sin

libertad, en definitiva, para que ahora desconozcamos plenamente la inclinación del electorado español,

después de cuatro décadas de abstencionismo democrático.

Sin embargo, sí podemos afirmar que no existe ningún paralelismo entre aquel tiempo de democracia

turbulenta y este inmediato que iniciamos, En aqtii-JIa ocasión, el triunfo electoral se decantó para la

izquierda, mediante la formula del Frente Popular. Hoy la situacion es distinta. El nivel de renta per

cápita, entonces muy inferior al europeo hoy es igual al de ranchas regiones de Europa; la concienciación

nacional, los nuevos sistemas de comunicación, el equilibrio industrial y, en general, la propia situación

europea dan como resultado dos sociedades muv distintas.

Habría algo más. Existe un poder firme en el Estado; una derecha e izquierda que no tienen un pasado

inmediato de enfrentamientos violentos; la posición de la Iglesia es diametralmente opuesta, y el Ejército

español tiende, como todos los europeos, y asi ío ha expresado eJ teniente general Gutierrez Mellado, a

posiciones moderna* e imparciales, alejándose de protagonismos .políticos.

Entonces, en el 86. el testado se rompía a borbotones, el Gobierno v la oposición se amcim/Hhnn dr

muerte., y moría el centro porque lo mató el propio Pórtela Valladares. La situación «¡ tan distinta

aettinlntpnte. que el centro político pnede resurgir y exigir la moderacion por encima de la izquierda y de

ta derecha, siempre irreconciliables.

J. R, S.

En aquéllas, en las que triunfó el Frente Popular, desapareció el centro. Ahora, podría ser la primera

fuerza electoral

De las ultimas de la II República, por el sistema mayoritario, a las primeras de la Monarquía, por el

sistema proporcional

RESULTADOS DE LA PRIMERA VUELTA DE LAS ELECCIONES DE 16-11-1936

Electores .................. 13.553.710

Votantes .................. 9.864.782 ...... 72 %

Frente Popular ............ 4.555.401

F. P. con centro (Lugo) .. 98.715 ...... 34,3 %

Nacionalistas vascos ...... 125.714

Centro ..................... 400.901 ...... 5.4 %

Derecha .................. 1.866.981

Derecha con centro .... 2.636.524 ...... 33.2 %

COMPOSICIÓN RESULTANTE DEL PARLAMENTO

Izquierda .................. 250

Centro ..................... 45

Derecha............ „....... 176

CON LAS QUE SE VAN A CELEBRAR ESTA PRIMAVERA

 

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