Autor: Alonso Nadales, José Ramón. 
   Ante un gesto histórico     
 
 Pueblo.    16/03/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ANTE UN GESTO HISTÓRICO

POR vez primera en la Historia de España, un Gobierno se niega a si mismo el derecho a participar en

unas elecciones generales. Para garantizar ante una situación histórica excepcion a I la neutralidad del

aparato del Estado, nuestros ministros y altos cargos en ejercicio no podrán ser candidatos a senadores y

diputados, lo cual es no sólo único precedente en nuestro acontecer político, sino incluso de cuanto ha

sucedido y viene sucediendo en países extranjeros. El Presidente de la República francesa es candidato in-

cluso desde su alta legislatura —De Gaulle lo fue varias veces—, y lo mismo sucede en la Presidencia de

los Estados Unidos, donde Ford ha sido rival de Cárter en las últimas elecciones presidenciales. Todos los

ministros franceses suelen ser candidatos a senadores o diputados en las elecciones generales, y lo mismo

ocurre en la democrática Inglaterra, y desde luego en las naciones nórdicas, tan consideradas como

modelo en cuanto a ejemplos de democracia militante. La única excepción que no parece contener la ley

—que sólo habla de ministros y otros altos cargos— es la del propio presidente del Gobierna, exceptuado

en cuanto no se. encuentra especialmente nominado. Tendríamos asi la certeza de que los ministros en

ejercicio no serán candidatos, salvo si se retirasen antes del día octavo siguiente a la convocatoria de

elecciones, y lo mismo sucedería con los altos cargos ríe la Administración central, local, institucional e

incluso de ios máximos dirigentes sindicales. Jamás esta neutralidad, que es casi asepsia, se ha producido

entre nosotros desde las elecciones que dieron origen a las Cortes de Cádiz.

EST E sacrificio polít i c o de un Gobierno, auténtico ges-tn histórico de significación irrecusable,

puede conducirla que tengamos las elecciones más limpias de todo nuestro acontecer politico,

enmendándose asi errores que fueron tristísimos en el remoto pasado. Tiempos hubo en nuestro país en el

cual las elecciones no sólo se dirigían, sino que se ganaban desde el Ministerio de Gobernación, y en

estos menesteres llegaron a ser casi legendarios don Luis González Bravo y Romero Robledo, que con el

apodo de -el polio de Antequera» hizo que sus amigos ganasen todas las actas, que votasen todos los

muertos y que claudicasen todos los vivos, excepto allí donde por existir un solo candidato se le

proclamaba por el casi legendario artículo 2.9, y entonces tampoco se votaba. Fue Pérez de Avala quien

escribió —en torno a 1920— que el Parlamento estaba compuesto por los yernos, los cuñados y los

amigos de quienes ocupaban los cargos ministeriales, y que la elección de verdad sólo se daba en

circunstancias excepcionales. Enmendar tristemente este lamentable pasado es propósito que se ha

asignado el Gobierno de Adolfo Suárez, que declara incompatible el alto cargo con ser candidato. No sólo

nace una democracia, sino que va a nacer limpia y acaso sin mácula. Si el presidente mismo puede ser

excepción es, sin duda, porque como ¡efe del Gobierno se trata del Poli tico por antonomasia. En cierta

manera el hombre que ha ganado limpiamente el referéndum del pasado 15 de diciembre está capacitado

para líder del tiempo difícil que atravesamos. El sacrificio de los ministros pasará a la historia política

como un rasgo excepcional, que. difícil será no se repita en las siguientes coyuntu ras electorales.

CU ANDO Ortega enjuicia lo que llamó -gran fantasmagoría de la Restauración-, escribe que el mávimo

error de Cánovas fue dar a los españoles una ley Electoral que no era de su agrado, cuando es la ley

Electoral la que en verdad define y justiprecia los verdaderos quilates de una democracia. No se votaba

limpiamente ni con la norma que sirvió para las elecciones constituyentes de 1875, ni se mejoró el vicioso

sistema con la ley de Sa-gasta en 1890, ni tleyó a depurarse debidamente el proceso democrático con la de

1907, que trató de ser tan eficaz como en realidad se proponía serlo Antonio Maura, que antes había sido,

¡ay!, -el yerno de Gamuzo». La democracia sotana corrompida, y no conmovía ni interesaba a ¡os

españoles, que, por otra parte, eran entonces mayoritariamente analfabetos, y confiaban su ciudadanía —

¡si esto es confiar!— en caciques y muñidoras aue hacían una España a su triste imagen y semejanza. Por

eso, casi nadie lamentó en su momento inicial la dictadura de 1923, ni nadie tampoco consideró como

puras las elecciones de febrero de 1D36, caracterizadas por el enorme intento de gatuperio electoral de

Alcalá Zamora y Pórtela Valladares, que, además, fracasó de forma estrepitosa y acaso lamentable,

porque dio paso a una España politicamente bipolar y con las espadas en alto cuyo posterior y dramático

desenlace bien sé sabe. Una sociedad que se complace en sus propias lacras acaba hundiéndose en lo que

se merece, que es la pérdida de las libertades. Sólo la auténtica pureza del sufragio ría a ía democracia el

aura de legitimidad qv.e le es preciso para ser durable.

NUESTRA nueva, legitimidad democrática va a nacer desde el ejemplo de una chine dirigente que se

sacrifica desde sus cargos —o renuncia previamente a ellos— pora que la nueva legalidad nazca bajo ios

auspicios más favoraolex. Nunca fuimos democráticamente ejemplares, ni con Riego, n.i con Martínez de

la Rosa, ni con Espartero y González, ni con Narváez y Serrano, ni con Prim y Ruiz Zorrilla, ni con

Sagasta y Cánovas... Arrastramos Jes-de los primeros orígenes una democracia enclenque y viciada, y

ahora se trata de rehacer el camino mal andado para que el Gobierno mismo sirva de ejemplo al pueblo, y

lo. democracia exista no sólo en la fría letra de la norma, sino en la práctica de las urnas y en la plena

confianza de los votantes. Ayer el Gobierno ha ganado una batalla ante ¡a Historia. Suárez se ha apuntado

un éxito ínnegociable, y el ministro Landelino Lavilla —un hombre joven, una imagen nueva, una voz

sincera— ha podido exponer el propósito oficial con claridad meridiana. Lo.s partidos serán

subvencionados para evitar toda corrupción, se regulará el uso de los medios públicos de información y

habrá igualdad de oportunidades. Una democracia que nace asi —y ésta va a ser de verdad "rabiosamente

sincera»— tiene desde chora el aplauso del pueblo y creemos que el respaldo de los oor-tidos, de la

Prensa y de los circuios internacionales. La Monarquía de Don Juan Carlos va n hacer borrón y cuenta

nueva con el largo y a. veces nada ejemplar pasado de nuestras luchas políticas, desde el manifiesto de

´los Persas» hasta estos dias alborales. Un sufragio limpio hará posible una democracia no sólo legitima,

sino, además, durable. N u n c a Gobierno alguno había dado a nuestro pueblo un ejemplo semeinnte.

 

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