Autor: Velázquez, Roberto. 
   Reservas ante una normativa electoral     
 
 ABC.    27/03/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 16. 

ABC. DOMINGO 27 DE MARZO DE 1977. PAG. 7.

RESERVAS ANTE UNA NORMATIVA ELECTORAL

La normativa electoral, que constituyó uno de los principales caballos de batalla de la oposición en sus

negociaciones con el Gobierno, ha sido, en general, aceptada por los grupos políticos. No es la ley Elec-

toral de la Democracia, pero puede permitir el acceso a la misma, según destacaron algunos miem-bros

cualificados de la oposición.

La normativa parte, evidentemente, de las limitaciones Impuestas por una ley de rango fundamental como

es la de la Reforma Política, ley en la que los partidos políticos no tuvieron participación alguna. En ella

se establecieron el número de diputados y senadores que deben integrar cada una de las Cámaras, los

sistemas electorales que han de aplicarse y se apuntan las correcciones que, en el caso del Congreso, han

de operar sobre el sistema proporciono 1

LOS MÍNIMOS.—Si el Gobierno, al regular estos correctivos, ha seguido en algún tema los criterios de

la oposición democrática, en otros no ha sido así. El porcentaje mínimo de votos para poder obtener un

escaño —un 3 por 100— y su cómputo a nivel de circunscripción favorecen, evidentemente. a las fuerzas

políticas regionales, que con su simple cómputo a nivel nacional quedarían definitivamente excluidas del

Congreso, aunque hubieran obtenido mayorías aplastantes en sus zonas de influencia.

En cambio, el número mínimo de diputados por provincia —dos, más los que correspondan en proporción

a la población— resulta excesivo en relación con las peticiones de la oposición y supone primar en exceso

el voto de las zonas menos pobladas y desarrolladas, en perjuicio de aquellas otras de mayor densidad

demográfica. Solución infundada teniendo en cuenta que el Congreso es la Cámara de las ideas, donde

deben estar representadas corrientes de pensamiento y no intereses territoriales, misión más propia de la

Cámara Alta, donde las diversas circunscripciones territoriales ya tienen una representación igual,

independientemente de su población.

CONDICIONES DEMOCRÁTICAS.—Sin embargo, el tema que más ha preocupado es el de las

condiciones democráticas del proceso electoral en sí. La primera condición es la concurrencia de todas las

fuerzas políticas organizadas, tema en que se ha avanzado considerablemente en las últimas semanas,

aunque aún permanezca la Incógnita de qué va a ocurrir con el «P. C. E.> y otros grupos situados a su iz-

quierda.

Asegurada la participación de todo el espectro político, el siguiente paso es la igualdad de todos los

partidos en la comparecencia electoral. La duración de la campaña electoral —veintitrés días— es

excesivamente corta, especialmente para aquellos partidos que acaban de salir de la ilegalidad y que

llevan un considerable retraso en cuanto a la organización de actos públicos que, de hecho, están teniendo

ya el carácter de preelectorales.

INELEGIBILIDADES. — Para garantizar la pureza de las elecciones el Gobierno ha aprobado una larga

lista de inelegibllidades e incompatibilidades que afecta a los cargos del Gobierno —excepto al presiden-

ta—, a la Administración Civil Central. Institucional, cargos sindicales no electivos, miembros de las

Fuerzas Armadas y de las carreras judicial y fiscal.

Aunque la lista de Ineleglbilidades es bastante extensa, tal vez hubiera sido conveniente extenderla

también a las empresas públicas y en la Administración Local a los alcaldes.

En cuanto a la neutralidad del Gobierno ante las elecciones queda pendiente aún el teína de la

neutralización de aparato político del Movimiento. El presidente Suárez parece haberse comprometido a

hacerlo y la medida puede haber sido estudiada en los últimos Consejos de .Ministros, pero todavía no ha

sido aprobada.

PROPAGANDA. — La pureza democrática de las elecciones incluye también la propaganda electoral y

las elecciones. En el primer tema la normativa electoral declara la igualdad de acceso de las diferentes

fuerzas políticas a los medios de comunicación de titularidad pública y para garantizarlo se constituye una

Comisión, solicitada por la oposición, en la que estarán representadas las diversas candidaturas.

El decreto-ley establece Igualmente que los Ayuntamientos habilitarán espacios publicitarios gratuitos

para la fijación de carteles, que se distribuirán con Igualdad de superficie entre las diferentes candida-

turas. Lo que no se recoge es la Igualdad en cuanto a ubicación de esos espacios.

En materia de financiación la regulación es bastante completa. El Gobierno primará con un millón de

pesetas cada escaño conseguido, con cuarenta y cinco pesetas cada voto para el Congreso y con quince

los del Senado. El abono de esas cantidades será con posterioridad a las elecciones, lo que plantea el

problema de acceder a los créditos necesarios para poder mantener la campaña electoral y donde,

lógicamente, tendrán preferencia aquellos grupos ideológicos más vinculados a los intereses económicos.

En definitiva, la confrontación electoral se producirá entre los partidos con dinero y los partidos con

gente.

EL ORIGEN DEL DINERO.—El real de-creto-ley trata también de controlar el origen de los fondos de

financiación de las campañas electorales. Los representantes de las candidaturas deberán comunicar a las

Juntas electorales los números de sus cuentas bancarias para la recaudación de fondos; las imposiciones

deben ser nominativas y cuando sean de los propios partidos habrá de precisarse Igualmente su origen.

Finalmente se prohibe el Ingreso de fondos provenientes de la Administración del Estado. Local,

Institucional y de las empresas públicas.

Como medida complementaria, las diversas candidaturas vienen obligadas a mantener una contabilidad

especial y aplicar los fondos de esas cuentas corrientes únicamente a su financiación electoral.— R. V.

El cuadro adjunto recoge los resultados de la votación en un "lander" alemán, en el que se eligen treinta y

dos diputados, igual que en Madrid. La única diferencia estriba en porcentaje mínimo de votos necesarios

para conseguir un escaño. Mientras que en la República Federal alemana ese mínimo es de un cinco por

ciento, en España es sólo de un tres por ciento.

Para la distribución de escaños, los sufragios obtenidos por cada lista se van dividiendo por uno, dos,

tres... hasta completar el número total de escaños a cubrir. Estos se van distribuyendo luego a los mayores

cocientes que resulten. El mínimo del tres por ciento en la práctica sólo Opera en relación a aquellas

circunscripciones «en las» que hayan de elegirse un alto número de diputados.

La semana POLÍTICA

 

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