Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   ¿A quién beneficia la ley electoral?     
 
 Diario 16.    02/04/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

¿A Quién beneficia la ley Electoral?

En una democracia el Gobier-no no debe tener más norte que el bien cornún, y todas sus medidas y larcas

deben hacerse pensando en crirerios de imparcialidad y respeto a la igualdad entre los ciudadanos.

Sin embargo, (a experiencia priác-tica pone de evidencia que los grupos y las clases sociales en el Poder

utilizan, con excesiva frecuencia, sus posiciones políticas en beneficio no de ¡as necesidades comunes,

sino de los particulares intereses que representan. Por ello lo que todos los ciudadanos deben preguntarse,

a !a hora de juzgar la labor de cualquier Gobierno, es, en primer lugar, ¿a quien benefician sus actos de

gobierno?, ¿al servicio de qué intereses actúan?

La pregunta no puede ser mas oportuna en estos momentos en los que en nuestro país se abre un proceso

electoral reglamentado por una ley Electoral, aprobada por un Gobierno al que nadie ha elegido, y que

presenta, en sí misma, unas caracleríslicas que nos obligan a poner en duda seriamente el grado de

imparcialidad del Gobierno ante . el proceso electoral que se abre.

La ley Electoral, pese a la propaganda triunfalista que de ella hace el Gobierno, adolece de lagunas, de

efectos técnicos e insuficiencias que se sobreañaden a un conjunto bastante amplio de limitaciones socio-

políticas que impiden caracterizar nuestra situación presente como ver daderamente democrática.

Las garantías» de] reparto»

Ahora bien, más allá de las cuestiones técnicas y del problema de los limites socio-políticos, hay un

aspecto de la ley Electoral que llama poderosamente la atención: me refiero al reparto del número de di-

putados entre tas diferentes provincías. ¿Cómo se ha hecho este reparto? ¿Se ha procedido con impar-

cialidad y equidad? ¿Por qué se ha elegido este sistema de reparto ti* escaños y no otro? ¿Se garantiza»

con. este reparto que el voto de todos los ciudadanos tenga el mismo valor?

¿Por qué esta desigualdad?, se preguntan muchos. V seguro que no faltará quien esté dispuesto a dar

razones demográficas, estadísticas o de técnica electoral. Sin embargo, a lo que nadie se va a atrever —

desde el Poder— es a responder a la pregunta decisivas: ¿a quién va a beneficiar esta desigualdad?

A título indicativo, a rni se me ha ocurrido preparar estas tablas con alguna información estadistica su-

gerente de las razones del Gobier-no para establecer tal procedimiento de reparto de escaños.

Desigualdades sospechosas

Como vemos, las provincias que tienen un mayor porcentaje de clase trabajadora industrial, una

mayor conflictividad laboral y una mayor inclinación electoral izquierdista (los dalos de recientes

sondeos de opinión apuntan en la misma línea que los datos de las elecciones de 1936) tendrán en el

próximo Parlamente menos representantes que los que coresponden a su población, mientra? que las

provincias con menos población industrial, mínima conflictividad laboral y mayor tradición de

voto derechista tendrán más re-presentantes de los que proporcional-mente les corresponderían.

Obviamente, es necesario ser muy candido como para cree; que estas desigualdades en el valor de los

votos obedecen a razones "estadísticas" o de "técnica electoral". Todo parece indicar que nos encontra

mos frente a un procedimiento —muy bien estudiado— para restar fuerza, a las organizaciones más re-

presentativas de los trabajadores, a través de una cierta mainipulación

del valor de los votes. Manipulación que, ciertamente, va a provocar serias suspicacias sobre e) mismo ca-

rácter democrático de la consulta electoral que se avecina. ¿Qué pasará cuando los españoles nos demos

cuenta de que un partido poli tico que ha obtenido, por ejemplo más del 20 por 100 de los votos, sólo

tiene un 11 por 100 ó un 12 por 100 de los escaños parlamenta rios? Se trata de una hipótesis com

pletamente verosímil que puede quedar confirmada por los hechos y que, de momento, sirve para poner

de evidencia como nuestro más urgente objetivo político continúa siendo alcanzar una verdadera de

mocracia; es decir, organizar y reglamentar nuestra vida política con una nueva Constitución. Las próxi

mas elecciones pueden ser, sin duda la gran oportunidad histórica de lo españoles para llegar a ella por

una vía pacífica. Para ello es necesario que todos apoyemos con nuestros votos a los partidos políticos

que de verdad quieren una democroacia sin trampas, distorsiones, ni exclasiones,

José Félix Te/anos

 

< Volver