Autor: Onega López, Fernando. 
   El péndulo     
 
 Arriba.    16/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Fernando ONEGA

El péndulo

Y al fin, las normas electorales. Aunque falta el articulado del futuro decreto-ley —que deberá ultimar

hoy y mañana la Comisión Técnica Interministerial—, la referencia del Consejo de Ministros aclaró todas

las dudas existentes. No voy a intentar, por supuesto, en este saludo de urgencia, entrar en el mecanismo

jurídico de uno de los temas más complicados de todo el derecho político. Pero sí se puede decir algo:

estamos ante unas normas que no pretenden otra cosa que estos dos principios: Ofrecer absolutas

garantías al proceso electoral, y dar todas las oportunidades posibles a los partidos.

AI primer principio responde todo el entramado de garantías jurídicas, que van desde el hecho de la

emisión del voto a la supresión de los miembros de las antiguas juntas del censo de designación

gubernamental, pasando, por supuesto, por la completísima relación de personas que, en razón de su

cargo, son inelegibles, El segundo se muestra en la supresión de los mínimos correctores a nivel nacional,

que quedan limitados a la circunscripción (la provincia]. Hay un riesgo todavía, y sigue siendo el de la

excesiva fragmentación de las representaciones en las Cortes, que se pretende eliminar señalando e!

mínimo del tres por ciento para tener derecho a ocupar un escaño en la Cámara de Diputados.

Otros aspectos de las normas también deben ser destacados: igualdad de oportunidades, igual acceso a los

medios de comunicación oficiales, financiación de campañas... Todos ellos vienen a coincidir en !o

mismo: el Gobierno, en estas primeras elecciones, desea una absoluta transparencia y ofrece todas las

garantías. El Gobierno sabe, por supuesto, que la normativa no va a satisfacer totalmente a sus

oposiciones de derecha y de izquierda. Lo que complazca a «Alianza Popular», por ejemplo, desagradará

a los pequeños partidos de la autodenominada «oposición democrática»; pero et agradarles a todos es un

milagro que no puede conseguir ni el Gabinete Suárez ni ningún otro. En las puras cuestiones técnicas,

podemos dar por segura la polémica. En la gran cuestión política de ofrecer unas elecciones limpias, con

un juego claro, sin posibilidad de pucherazos, creo que podemos darnos por satisfechos. Por el texto de la

referencia del Consejo de Ministros, no podemos quejamos. Por la negociación con las fuerzas políticas,

tampoco: la normativa aprobada tenía dieciséis puntos de falta de acuerdo. Una escrupulosa encuesta con

una parte importante de los grupos, permitió que se pudiera llegar a una síntesis satisfactoria.

Ahora sólo queda, como digo, esperar el texto articulado, del que no se esperan mayores sorpresas, y algo

más importante: poder votar. Pero, antes, hay que hacerse una pregunta: ¿quién ganó en estas normas?

«Alianza Popular» parece que no; pedía un mínimo corrector del cinco por ciento a nivel nacional, y se

dio un tres, y a nivel provincial. Parece, en cambio, que el Gabinete se aproximó bastante a las peticiones

de la «otra» oposición, e incluso en algunos aspectos las superó. Para mí, esto tiene una clara traducción

práctica: el Gobierno, como gestor que dice ser de la transición, jugó exclusivamente el papel de !a

Corona. Y el papel de la Corona en este tiempo preconsiituyente es hacer posible que todas las fuerzas

sociales puedan tener alguna representación en las nuevas Cortes y no sientan escrúpulos para presentarse

al veredicto popular.

Pero la carrera hacia las elecciones no termina, naturalmente, aquí. Esto que hoy publican los periódicos

es un precioso marco para e! cuadro. ¿Qué metemos dentro? Tristemente, todavía tenemos un barullo de

casi ciento setenta solicitudes de inscripción repartidas entre el Ministerio de la Gobernación y la Sala IV

tlej Tribunal Supremo. Ahora sí que ya es urgente llegar a aígún tipo de unificaciones para que el

ciudadano español no politizado tenga alguna claridad para pensar a quién elegir. Mientras los partidos se

aprestan a esa unión, no será malo recordarles que no tienen otra salida: el tres por ciento señalado como

mínimo puede cerrar infinidad de puertas para entrar en el discreto encanto del nuevo Parlamento.

Miércoles 16 marzo 1977

 

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