Autor: Prieto, Joaquín. 
 Si prospera la barrera del 5% se producirían profundas modificaciones en el sistema político. 
 La reforma electoral en proyecto tiende a eliminar partidos regionales y evitar rupturas estatales     
 
 El País.    27/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Si prospera la barrera del 5% se producirían profundas modificaciones en el sistema político

La reforma electoral en proyecto tiende a eliminar partidos regionales y evitar rupturas en los estatales

JOAQUÍN PRIETO

Fuentes políticas dignas de crédito atribuyen al Gobierno la intención de reformar la ley Electoral, en el

sentido de exigir un 5% de votos a nivel nacional como mínimo necesario para obtener representación en

el Parlamento. Si los españoles votaran en el futuro como lo hicieron en 1979, la barrera del 5%

eliminaría de las Cortes Españolas

a los partidos regionales, e incluso podríamos asistir a la transformación en extraparlamentarios de líderes

como Garaikoetxea, Pujol, Rojas Marcos, Bandrés y Sagaseta -y también de Blas Pinar—, Se encuentra

en estudio un sistema para salvar al PNV y a la Minoría Catalana, pero no cabe duda de que las

modificaciones pueden suponer cambios profundos en el sistema político.

Los defensores de un mínimo tan alto alegan que la reducción del número de partidos con representación

parlamentaria es un factor de estabilidad; los enemigos de tal sistema se llevan las manos a la cabeza al

preguntarse cómo es posible que se intente eliminar del Parlamento español a los partidos regionales en

plena construcción del Estado de las autonomías. Para comprender lo elevado de la barrera que pretende

construirse, baste decir que un millón de votos ´pueden ser insuficientes para obtener representación

parlamentaria: Coalición Democrática, cuarta formación política de este país, apenas rebasó esa cifra en

1979.

Si el primer decreto-ley sobre régimen electoral sirvió para liquidar la sopa de siglas de 1977, dando lugar

el 15 de junio a lo que entonces se denominó «bipartidismo imperfecto», las elecciones de marzo de 1979

constituyeron una amarga decepción para quienes trataban de polarizar la importancia política de aquellos

comicios en una lucha UCD-PSOE, codo con codo. Inesperadamente, ¡as urnas abrieron un hueco

importante a los partidos nacionalistas, y las sucesivas elecciones de carácter autonómico confirmaron la

pérdida de fuerza de los partidos estatales y el afianzamiento de los partidos regionales.

Á nadie se le escapa que una reforma lan importante como la que se proyecta cuya almendra es la

elevación del mínimo para acceder al Congreso, hasta ahora situado en el 3% a nivel provincial- tiene su

más importante defensor en el partido gubernamental. También es evidente que el PSOE no haría ascos al

tema, aunque discuta tal o cual aspecto. A preguntas de EL PAÍS, varios dirigentes socialistas han

preferido aplazar toda respuesta a «recibir los papeles del Gobierno», mientras el portavoz, dt ¡a Minoría

Catalana, Miguel Roca, contestó lo siguiente: «Seria muy bueno que la noticia fuera falsa; creo que en

estos momentos es más útil ocuparse del paro y de ¡a inseguridad ciudadana que de modificar la ley

Electoral».

El problema autonómico

Toda reforma electoral resulta siempre polémica, y más si tiene consecuencias tan importantes como la

que se pretende. Importa aclarar que e! origen inmediato de! proyecto de reforma no debe buscarse tanto

en la delicada situación de la democracia en España, acosada por golpistas y terroristas, como en las

tentaciones de ruptura interna del partido gubernamental. Pero el dato esencial es el fracaso de ios

partidos de «ámbito nacional» en las comunidades autónomas ya institucionalizadas. Este último proceso

ha resultado catastrófico para UCD, escasamente brillante para el PSOE y desastroso para el PCE,

mientras Alianza Popular no levanta cabeza en las citadas comunidades.•»•

Altas fuentes gubernamentales justifican la propuesta de modificación con ejemplos simbólicos: «No va a

estar el Rey recibiendo continuamente a Sílgasela», por ejemplo. Pero algunos ejemplos de politica-

ficción pueden darnos una medida más exacta de los motivos de la reforma: si un sector de la actual UCD

pretendiera desgajarse y presentarse «por libre», el mínimo del 5% puede desalentar tal proyecto; si algún

sector político tuviera la intención de lanzar un partido nuevo, las cosas serian ahora menos fáciles; si el

electorado de algunos partidos regionales «se convence» de que es inútil votar a los de 1979 —y no se

abstiene cu masa , probablemente reforzaría el respaldo de los partidos nacionales.

Seria inexacto decir que las modificaciones estudiadas por el Gobierno obedecen a una transformación

profunda del sistema proporcional previsto en la Constitución; la proporcionalidad se mantendría, sólo

que serian muchos menos los llamados a repartirse los escaños disponibles. En la República Federal de

Alemania, país en el que está inspirada la reforma española, fue necesaria una intervención del Tribunal

Constitucional para determinar que un mínimo del 5% a nivel federal es compatible con la lev Fundamen-

tal (Constitución) Los resultados prácticos en la RFA responden al conocido fenómeno de un sistema de

tres partidos - democracia cristiana (CDU), socialdemocracia (SPD) y liberales (FDP)-, que, al parecer, el

equipo de!.ministro Martin Villa trata de traducir en un sistema español de cuatro partido (Alianza

Popular. Unión de Centro Democrático, Partido Socialista Obrero Español y Partido Comunista de

España).

Medidas correctoras

Para evitar que sectores cualitativamente importantes, como el PNV y Convergencia i Unió, queden

totalmente eliminados del Parlamento español, se encuentra en estudio un sistema de distribución de

restos capaz de asegurar representación parlamentaria a ambas formaciones, siempre que mantenga, a!

menos, su nivel de votos de las últimas elecciones.

Algunos expertos consideran posible un sistema intermedio, que produjera algunos de los efectos

buscados por los autores del proyecto, pero sin que sus consecuencias fueran tan drásticas. Esa solución

intermedia consistiría en situar el mínimo legal en el 5% a nivel regional, lo cual eliminaría pequeños

partidos con representación unipersonal en él Congreso, pero no seria obstáculo para que Herri Batasuna.

Euskadiko Ezkerra o el Partido Socialista de Anda-lucia accedieran a las Cortes, siempre en el supuesto

de un nivel de votos parecido al de 1979.

Conviene «clarar que el sistema electoral no prejuzga, de antemano cuáles .serán los partidos que

cumplirán sus condicianes para obtener representación parlamentaria, pero está claro que las elecciones

precedentes han contribuido ya a dar una idea del respaldo papular que cada uno puede t-sr

 

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