Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   El pacto autonómico     
 
 El Alcázar.    05/07/1981.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Nacional

Crónica de España

El pacto autonómico

Hace diez años que Italia promulgó los estatutos regionales. Estaba ya en España cuando aquello sucedió.

Pero el parto había sido largo y laborioso, por lo cual tuve ocasión durante mis cuatro años de

corresponsalía en Roma de escribir repetidamente sobre el tema. Expuse entonces mis serias dudas sobre

la eficacia de aquel empero partitocrático, disfrazado de descentralización, que a la mayoría de ios

italianos les importaba muy poco. Y también aduje mis sospechas, en buena parte confirmadas, sobre la

índole de la confabulación. El propósito de crear parlamentos y gobiernos regionales escondía la

coincidencia de los partidos en el objetivo de debilitar al Estado, aunque sus fines a largo plazo fueran

dispares. Pese a su-fuerte laización ideológica y su desplazamiento hacia la izquierda, la Democracia

Cristiana sentía todavía el íntima escozor confesional de que la unidad de Italia se hubiera conseguido a

costa del Papado y bajo el signo de un desaforado jacobinismo Los comunistas veían en los estatutos

regionales la posibilidad de avanzar hacia la tesis revolucionaria de las nacionalidades.

Los socialistas de una y otra apariencia encontraban la ocasión para satisfacerlos apremios federalistas de

la Internacional.

Los republicanos podían ufanarse de haber cumplido la consigna del Gran Oriente, Y todos se sentían

felices ante la expectativa de crear miles de puestos políticos remunerados para sus respectivas militan

cías, al tiempo que se les abrían nuevas posibilidades para la corrupción y el expolio de los recursos

públicas.

Me ha (levado a estos lejanos recuerdos el oportunísimo articulo de Alfredo Sánchez Bella sobre el

décimo aniversario de la promulgación de los estatutos regionales en Italia. Sobre este y otros muchos

problemas italianos tuve largas y fructíferas conversaciones con Sánchez Bella durante aquellos cuatro

años impagables de corresponsalía. Fue Sánchez Bella un gran embajador. Y lo prueba el hecho de que

mucho tiempo después, en el periodo de los dos últimos cónclaves de la Iglesia católica, numerosos

italianos con prestigio en sus respectivos campos profesionales me hablaran con añoranza de su gestión.

Oigo todo esto para avalar el crédito que debe merecer su objetiva información sobre el desaliento

italiano respecto a Jos resultados del regionalismo, al cumplirse los diez años de existencia. Mal harían

los políticos empeñados en el trágala autonómico sobre la falsilla de García En-tenía, especialmente los

de UCD y AP, en no meditar la irreprochable conclusión que Sanchez Bella establece, tras depurar las

críticas, las reclamaciones y las protestas suscitadas por el laberinto regionaltsta. «Por causa de la política

regional puede decirse que en toda Italia está extendiéndose un ctima Ae malestar institucional Una

absoluta falta de fe, de esperanza y de ilusión en lo que se está haciendo. Esa es una de tas causas del

retroceso de votantes de la Democracia Cristiana, reflejada en la reciente consulta electoral.»

Advierta de antemano que los estatutos regionales italianos no pasan de constituir un medroso y cauto

intento político, si se les compara con el plan autonómico español. Y eso que la unidad de Italia es de

antes de ayer y cualquiera de las regiones italianas poseyó una prolongadísima entidad histórica y cultura´

independiente hasta la irrupción de Garibaldi, sin posible patangán «n tas artificiosas autonomías

españolas. Ni tan siquiera en el Alto Adigio y en el Vall de Aosta, donde se dan fermentos irredentistas, a

causa tíe sus respectivas ascendencias austríaca y francesa, se ha llegado a tos demeneiales excesos de los

separa-tismos catalán y vascongado, carentes de motivaciones objetivas anteriores al hundimiento de)

tradicionalismo tras la gran estafa del llamado abrazo de Ver-gata. En el Alto Adigio hubo un cierto

alboroto terrorista hasta casi e) fina) de la década de los sesenta. Pero como era susceptible de ser tachado

de nazista, se concluyó con él de manera expeditiva.

Cuando aquí comenzó a perfilarse, de cara al golpe constituyente, ta índole deJ contubernio autonómico,

ya ios resultados del regionalismo italiano debieron hacer meditar sobre las posibles consecuencias del

empeño. Pero la entidad de\ compromiso democrático con los padrinos internacionales del cambia era tan

fuerte que resultaba ilusorio sospechar en- tos consti-tucionaleros capacidad ni libertad para reflexionar

sobre ios intereses nacionales en precario. Se tomó el modelo italiano, se le inyectó ia ideología soviética

de las nacionalidades, se fe añadieron sobredosis de cerrilismo vasquista y de cursilería catalanista, se

introdujeron anilinas galleguistas, se alegró el mejunje can gatas de folkorismo andalucista y todo ello fue

mezclado con melaza radical-socialista. Resultó, como era de esperar, un tremebundo cóctel Molotov que

amenaza acabar con España.

No sólo están ios italianos hastiados de su moderado regionalismos causa de la contribución decisiva del

mismo al crecimiento desfavorado de la corrupción partitocrática. Otras muchas culpas le achacan, en

cuanto ha multiplicado tos múltiples vicios del sistema, entre ellos el desorden público, el caos

administrativo, la ruina económica, la inflación burocrática, el crecimiento espectacular del clientelismo,

etc. Los italianos sienten además en sus propias carnes fas consecuencias nefastas de aquello mismo que,

con frase gráfica, advirtió anticipadamente un cordobés a una muy alta autoridad del Estado:

«Es preferible el centralismo de Madrid al de Sevilla.» Algo muy parecido lamentan ya los catalanes

respecto a Barcelona. En cada nacionalidad comparece un pugnaz y sórdido centralismo en el que anidan

un sin fin de procacidades despóticas.

Además de irritante resultaba grotesca la explicación a una emisora de radio sobre el pacto autonómico

que- intentó antes de anoche el ministro de Administración Territorial. A los comprometidos an ei

desmantela miento autonómico de Ja unidad de España les importa muy poco lo que piensen y sientan los

españoles La voluntad popular no cuenta, según se demostró en el referéndum de Galicia, por sólo citar el

fraude democrático más reciente. Las autonomías serán impuestas aunque casi nadie las quiera. Se trata

de un oscura mandato que los déspotas de la partitocracia están obligados a cumplir, pese a quien pese,

incluido eJ presunto pueblo soberano. Ya se estableció hace tiempo que la disciplina está per encinta del

honor. La actual clase política se anticipó a dar ejemplo y sigue en sus trece.

Sánchez Bella avisa a la UCD y AP que ei Estado ¿e tas autonomías, junto a otros delirantes errores, va a

ser causa de su futuro descalabro electoral. De análogo parecer es Ricardo de la Cierva, cuya actual bestia

negra es el ministro Fernández, criterio en al que coincide una gran mayoría de españoles. No es lo más

grave, sin embargo, que se hundan UCD y AP, en beneficio d«l social cornunísmo. Más tétrico resulta

que se rompa la unidad de España y que pueda cumplirse ia premonición de José Calvo-Sotelo cuando,

espantado por los estatutos de autonomía de su tiempo, territorialmente limitados y con menores

atribuciones que hoy, proclamó que prefería una España roja a una España rota. Me temo, no obstante,

que estemos demasiado cerca de una España roja, además de rota.

Ismael MEDINA

 

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