Autor: Vizcaíno Casas, Fernando. 
   El retablo     
 
 El Alcázar.    03/06/1982.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

El Retablo

Mientras continúa la tensa espera de la sentencia del 23-F (escribo la madrugada del miércoles, cuando

nada se sabe todavía), la noticia nacional de mayor interés debía ser (supongo) el ingreso de España en la

OTAN. Y, sin embargo, no puede decirse que haya merecido la atención que podía esperarse. Bien es

verdad que le ha robado espacios lo del fichaje del argentino Maradona por el Barca; que con ese tema sí

que se han volcado todos los medios de comunicación social, como suele decirse ahora.

Para quienes estamos lejos de los misterios de la política internacional, esto de integrarnos en la Alianza

del Atlántico Norte constituye un contradictorio asunto, en el que no hay forma de que los expertos se

pongan de acuerdo. A mí no me parece mal, partiendo de la base de la feroz campaña desatada en su

contra por los partidos marxistas; porque yo siempre estaré en el lado opuesto del que ellos elijan.

Maniático que soy. Pero tampoco ignoro que gentes sensatas y de muy respetable ideario, tampoco han

sido partidarias. En fin; un lío. A mis cortas entendederas en la materia, se les ocurre pensar que

probablemente lo malo de eso de la NATO haya sido el momento elegido. Con las Malvinas por medio, la

alianza, (entre otros) con Gran Bretaña, se presenta del todo inoportuna.

Entonces, se me ha ocurrido leer las declaraciones del zorro plateado (née Pérez Llorca) y mí perplejidad

ha sido total. El señor ministro de Asuntos Exteriores riza el rizo de la contradicción de una manera

integral. Dice que seremos leales a la Alianza, si bien, al mismo tiempo, serviremos los intereses de

Hispanoamérica. Insiste en que pertenecemos (bueno, usa, como es natural, la bonita frase estamos

enmarcados) a los demás países europeos, pero nos sentimos miembros de la Comunidad Iberoamericana,

y que esa doble pertenencia no es contradictoria, sino enriquecedora. Y matiza curiosamente nuestra

alianza con Inglaterra, en el contexto (¡ya salió la palabreja!) del sistema democrático y geográfico, pero

no en el conflicto de las Malvinas.

Todo lo cual no dejaría de constituir un jeroglífico demencia!, si en sus últimas afirmaciones no

apareciese la triste realidad de nuestra política exterior: en el asunto de Gibraltar, don José Pedro renuncia

al uso de la fuerza. Opta, por el contrario, por una política de creación de intereses comunes, de inserción

en ámbitos compartidos, de inicio de una dinámica que pueda traer la recuperación del Peñón.

Había llegado aquí, cuando me pareció escuchar unas sonoras, ruidosas y atronadoras carcajadas.

Llegaban desde Down´mg Street, sin duda.

La consolidación

Está visto que los de UCD no se ponen de acuerdo ni a tiros (en el sentido metafórico de la expresión, no

se me vayan a asustar). No hace más de tres o cuatro meses, el Gran Ciprés aseguró públicamente que la

transición había terminado. Y sin embargo, ahora va el ministro (dicen) de Obras Públicas, señor Ortiz, y

expone las cinco condiciones precisas para consolidarla democracia.

¡Hay que ver lo que tarda en fraguar semejante cemento, caramba!

Los despistados

Un anónimo y pintoresco comentarista escribe, a propósito de la cercana sentencia sobre el 23-F, que no

hay que preocuparse si no sale lo durísima que él desea. Que nadie olvide —pontifica— que estamos en

una democracia, que cuenta con mecanismos suficientes para corregir* si los hay, los posibles errores

(subrayado en el original), incluso los judiciales. Si las condenas decididas por el Tribunal se alejan en

exceso de las solicitadas por el Fiscal, el Gobierno tiene la facultad de dar instrucciones a éste para

recurrir ante el Tribunal Supremo.

Demos de lado la soberbia (y la maldad) de suponer que el Tribunal incurrirá en error, si no dicta

gravísimas penas. Me ciño a la pavorosa incultura jurídica que demuestra el anónimo fustigador de

conciencias; porque eso de los recursos no es invento de la democracia, sino de la Ley de Enjuiciamiento.

Y del Derecho Romano, por supuesto

E I amable vecino

Madrid se ha llenado (lo han llenado) con unos carteles publicitarios del turismo marroquí, que dedican

(se auto-dedican) al país de Hassan II la bonita denominación de amable vecino de enfrente.

Nueve pesqueros españoles acaban de ser apresados por las patrulleras del reino de Marruecos. El vecino

de enfrente tiene unas ideas muy peregrinas acerca de la amabilidad.

El irlandés cargan te lan Gibson, irlandés especializado en interpretar a su aire la reciente historia de

España, acaba de declarar en Ya los inmensos cambios que ha percibido entre la España del 36 y la

actual, a través de sus estudios. En los pueblos de Castilla (dice), que antes eran míseros, ahora hay mejor

nivel de vida. Creo realmente que estamos en otro mundo. Leyendo el libro sobre Calvo-Sotelo y

comparando el Madrid de entonces con el de ahora, es como si hubiese pasado un siglo.

El señor Gibson es un antifranquista furibundo, que pone siempre a parir al anterior régimen.

Sin embargo, ¿a quién achacará esos inmensos cambios? ¿A don Adolfo Suárez? Es capaz.

VIZCAÍNO PARAS

 

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