Autor: García-Meras, Emilio. 
   Un buen cacao. A la guerra. La espantada     
 
 El Alcázar.    03/06/1982.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

Un buen cacao

— Hace días que estoy tratando de localizar a un hombre de negocios guineano llamado Andrés Moisés

Mba. Es, al parecer, un personaje sumamente interesante y que nos podría procurar informaciones

calurosísimas en cuanto a las relaciones españolas con aquel país. Investigúeme su paradero.

—¡Uf...! El señor Mba podría hallarse en estos momentos en Carabanchel cárcel.

—No puede ser. Yo me refiero a don Andrés Moisés Mba, que fue vicepresidente de la Diputación de

Bata en tiempos de la colonia, procurador en Cortes, que tiene la Encomienda de la Orden de África...

— Sí, sí, el mismo. Y que fue presidente del Consejo de la República con Macías y que luego se exilió a

Suiza... Un hombre de negocios con un instinto finísimo. A principios del 80, tras la subida al poder de

Obiang, regresó a Guinea donde se hizo cargo de alguna de las fincas abandonadas que puso

inmediatamente en órbita. Esto parece ser que despertó algunas envidias y se desató una guerra por el

control de la sociedad cuyo último activo había ascendido de cero a cuarenta millones de pesetas en

apenas dos años. Total, que su Hacienda Rosita valía un capital, pero su pellejo, ni un duro, usted ya me

entiende...

—Que el señor Obiang le involucra en aquella farsa de pretendido golpe de Estado, eso lo sé...

—Hay quien dice que un veinticinco por ciento de las acciones de esta sociedad está vinculada a la

familia del señor presidente, cosa muy plausible, conociendo cómo funcionan allí estas cosas. En fin, que

visto el cariz que estaban tomando las cosas, don Andrés Moisés se exilia de nuevo, esta vez a España.

En el reciente viaje del señor Nguema a Madrid solicita la extradición de su compatriota a lo que no

accede el Gobierno de Calvo Sotelo entre otras razones porque falta el instrumento jurídico básico que es

el tratado de extradición entre ambas naciones.

-¿Y...?

—Pues no sé, que de buenas a primeras, Mba desaparece de la circulación y siguiendo siguiendo pistas ha

dado con el morro en la prisión de Carabanchel. Yo aseguraría que don Andrés Moisés Mba, sin que se

sepa muy bien por qué, se encuentra allí preso...

— ¡Qué follón! ¡Está claro que, para cacao, Guinea...! —Segunda potencia; la primera, UCD.

A la guerra

— Informa El País que, según anunciaron en Buenos Aires miembros de la Federación de Sociedades

Hispanas, «en la embajada argentina en Madrid se presentaron seiscientos oficiales del Ejército Español,

que se ofrecieron voluntariamente para ir a luchar al Atlántico Sur en el bando argentino» .

—Pues por el bando inglés, le informo yo, tengo que decirle que un grupo de mercenarios, según todas las

sospechas de nacionalidad holandesa, recorren estos días los gimnasios de Madrid intentando reclutar

jornaleros del fusil que quieran ir a combatir a las «Falkland» bajo el pabellón de la ikurriha británica.

—¿Y pagan bien?

—Veinticinco mil pesetas diarias y un billete con derecho a fosa común.

— Bueno, pues ya saben las gentes desorientadas de UCD dónde pueden encontrar trabajo ahora que se

han quedado sin partido... A fin de cuentas, peor fue abstenerse (a favor de Inglaterra) en aquella

dramática votación del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

La espantada

—Apenas el señor Carrillo, secretario general del PCE, había expresado al señor presidente del Gobierno

su deseo (perdone, quería decir su opinión) de que el Ejército Español debía ser enviado a los confines del

Atlántico Sur (islas Malvinas), cuando, sorprendentemente, tomó el avión y se largó a los confines del

Atlántico Norte (Suecia).

—Je je, mayor distancia entre ambos, imposible. Es lo que se dice poner mar de por medio cantidad...

Emilio GARCÍA-MERAS

 

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