Autor: Álvarez Rendueles, José Ramón. 
 Opinión. 
 El dólar no va a bajar     
 
 ABC.    24/05/1982.  Página: III. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

José Ramón ALVAREZ RENDUELES

E1 dólar no va a bajar

Durante la mayor parte de 1981, las políticas económicas de ¡os países industriales estuvieron orientadas

prioritariamente a combatir la inflación. El peso de esta tarea recayó, de nuevo, sobre la política

monetaria, ante las dificultades institucionales y las limitaciones impuestas por la propia recesión

económica a una actuación más restrictiva en el terreno fiscal. |Los tipos de interés monetarios y reales

alcanzaron, en consecuencia, niveles sin precedentes para un periodo de recesión.

Estados Unidos fue el foco impulsor de esta elevación general de los tipos de interés. Su política

monetaria mantuvo, en 1981, un tono fuertemente restrictivo, permitiendo un crecimiento muy bajo de las

magnitudes monetarias, incluso en la segunda mitad del año, cuando la economía presentaba signos de

debilidad. Los altos tipos de interés nominales derivados de esta actuación, del mantenimiento por parte

del público de unas expectativas inflacionistas elevadas y de un creciente déficit público, determinaron un

fuerte aumento del coste del dinero en términos reales, que se había situado en años anteriores en unos

valores muy bajos o incluso negativos. La política fiscal americana, pese a los intentos de la

Administración por reducir el déficit presupuestario, volvió a plantear en 1981, una mayor necesidad de

financiación del sector público que presionó con fuerza sobre la situación de los mercados.

Como consecuencia de todo ello, durante la primera mitad de 1981 se produjo una intensa elevación de

los tipos de interés americanos y del eurodólar, que ejerció una fuerte influencia alcista sobre la

cotización del dólar. Estas circunstancias colocaron a las autoridades monetarias de Europa ante un grave

dilema. Por una parte, muchos de los países europeos se encontraban atravesando una fase de actividad

muy baja —con descensos de su PNB en términos reales— que las autoridades deseaban combatir

mediante una actuación monetaria más expansiva o, si se quiere, menos restrictiva.

Este planteamiento, que se apoyaba en un mayor optimismo sobre la evolución de la inflación, conducía,

sin embargo, á una apertura en los diferenciales de interés de sus monedas respectivas con el dólar y

favorecía, por tanto, la depreciación de aquéllas, con la consiguiente elevación de los precios interiores de

las importaciones y el contagio potencial de las alzas de precios en los sectores de exportación. El temor a

una reanimación del proceso inflacionista a través de los efectos inducidos por la caída en el vaíor de sus

divisas obligó a la mayoría de los países europeos a adoptar unas políticas monetarias más restrictivas de

lo que hubieran deseado. Y únicamente en la segunda mitad de 1981, con la caída de los tipos de interés y

la cotización del dólar, aquéllos pudieron distendir ligeramente sus condiciones monetarias internas.

Al término del pasado año se pensaba que la caída del dólar y el descenso de los tipos de interés,

esbozados en el segundo semestre de 1981, se mantendrían, al menos durante la primera mitad de 1982, a

pesar de un rebrote, en diciembre de 1981, de la situación de comienzos de año. Estas expectativas no se

han visto, sin embargo, confirmadas por los hechos, a pesar de que la recesión de la economía americana

está resultando más profunda y duradera que lo previsto y de que la tasa de inflación ha descendido

sustancialmente.

Por el contrario, la evolución reciente de los mercados monetarios y financieros en los Estados Unidos

hace suponer que a lo largo de 1982 volverán a mantenerse las altas tasas de interés.

Por una parte, eí margen de maniobra de las autoridades monetarias americanas es, en la actualidad, muy

reducido, ya que ias magnitudes monetarias están creciendo a un ritmo muy superior al máximo

establecido. Por otro lado, las necesidades financieras de las unidades de producción se han mantenido

elevadas, a pesar de la recesión, en contra de lo esperado, y amenazan con incrementarse con intensidad

tan pronto como la economía se recupere, contribuyendo así a aumentar la presión generada por la fuente

demanda de fondos procedentes del sector público, que muestra una tendencia creciente. El único factor

que, en 1982, podría jugar a favor de una reducción de los tipos de interés americanos es la considerable

desaceleración del ritmo de aumento de los precios. Sus posibles efectos beneficiosos se ven, sin

embargo, contrarrestados por el creciente pesimismo de los mercados financieros ante la evolución del

déficit presupuestario, cuyo elevado volumen puede poner a prueba la capacidad de financiación

del´mercado si no se llega a algún compromiso entre el Gobierno y el Congreso que impida que aquél

llegue, en 1983, a la cifra temida de los 150 millones de dólares.

Como resumen de todo lo anterior debe destacarse que la situación en que se encuentran actualmente los

países europeos es muy similar a la que prevaleció durante la primera mitad de 1981. El dilema entonces

planteado vuelve a aparecer de nuevo, enfrentándose los deseos de favorecer una reactivación- de la

actividad económica interna con el temor de una aceleración de la espiral inflacionista como resultado de

depreciaciones de los tipos de cambio. El descenso de los tipos de interés americanos podría facilitar la

solución de esta disyuntiva, que se ve favorecida por la reducción que se está experimentando en los

precios del petróleo, pero ello parece, por el momento, poc0 probable. Entretanto hay que aceptar que los

condicionamientos de origen exterior están reduciendo el grado de autonomía de las políticas monetarias

europeas y, con ellas, de la española.

Durante 1982 se mantendrán los altos tipos de interés en Estados Unidos

Gobernador del Banco de España

 

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