Autor: Vizcaíno Casas, Fernando. 
   El retablo     
 
 El Alcázar.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El Retablo

Las cosas de este país (antes llamado España) resultan verdaderamente curiosas. Refiriéndonos a la

política, es difícil entenderlas; pienso que cualquier observador extranjero, neutral y sensato, renunciaría a

descifrar las incongruencias y los contrasentidos que afloran por doquier en nuestra joven democracia.

Comenzando por esa misma adjetivación que, continuamente, le colocan al sistema, para disculpar todos

sus malos pasos (que son muchos). Joven, cuando rebasa los cinco años y medio de existencia. Menos

tiempo necesitó la II República (que era más que un sistema: era un régimen) para nacer entre

entusiasmos, envilecerse, desencantar y morir trágicamente. Convendría que alguno de los incontables

expertos en Democracia, que a diario abruman con su sabiduría y sus entusiasmos en la prensa del unte,

nos explicara cuándo hay que entender que tan admirable niña alcanza, por fin, la pubertad.

Digo que no se entiende nada, aparte la larga infancia de la criatura. Ahora mismo, cuando el partido en el

poder atraviesa una grave crisis, que lógicamente debería llenar de gozo al de la oposición, apiñándole

ante las muy serias posibilidades de acceder al Gobierno, el PSOE (que es el partido de recambio) anda

también en pleno desbarajuste interno, como si sintiera celos de la UCD y no quisiera hacerla de menos

en sus escisiones. El senador socialista por Murcia, José Pérez Fernández, se sale con un documento de

ocho folios, ocho (reproducido en La Verdad), donde vierte acusaciones tremendas contra determinada

comisión de su partido y pone a caer de un burro (con perdón) la actuación global del PSOE.

El senador Pérez (que hace algunos meses se enfadó tantísimo conmigo por mis apreciaciones sobre la

cárcel de cinco estrellas que iban a inaugurar en Murcia) habla en su escrito nada menos que de

corrupción, sobres, contrataciones a dedo, nepotismo, derroche de fondos públicos y prebendas.

Presentó el documento (fechado el 1 7.VI) a Ciríaco de Vicente, para que se sometiera a debate; pero el

diputado socialista se negó a ello, alegando las razones de forma habituales en estos casos. Circularon

entonces las también habituales fotocopias y se armó el cirio. Los acusados han reaccionado

violentamente contra las imputaciones; Hernández Ros (presidente del Consejo Regional Murciano, uno

de los más atacados por Pérez) dice que el documento en cuestión es demencia/, propio del Juzgado de

Guardia. Insiste el senador en sus denuncias. Carlos Collado también PSOE y presidente de la

Diputación) pide que se expulse al acusador del partido.

O sea, vamos, una elocuente demostración de la consabida honradez y eficacia de los nietos de Pablo

Iglesias.

Más acusaciones

Por su parte, el secretario de Estado para la Sanidad, Sánchez Harguindey, declara a Europa Press que no

está dispuesto a tolerar las críticas del ya aludido Ciríaco de Vicente (tan notorio en su ferviente

socialismo), porque están basadas en una absoluta falta de ética y honradez política. Dice, asimismo, que

don Ciríaco es un claro exponente de oportunismo mediocre y que sus afirmaciones son falsas,

tendenciosas y calumniosas.

Viene todo el enfado a raíz de unas manifestaciones del mentado don Ciríaco sobre la neumonía de

marras. Que será atipica, pero, de hacer caso a Harguindey, la actitud del diputado del PSOE no puede ser

más típica.

Otro socialista cachondo

Mi viejo amigo Pablo Castellanos, diputado del PSOE por Cáceres, está en la línea digamos ortodoxa o

clásica o dura del partido y suele hacer públicas sus diferencias con la política» oficial de Felipe. Pero

Castellanos también anda nervicso últimamente y en sus conferencias y mítines suele largar lo que no está

escrito.

En los locales de la UGT, de Gijón, habló sobre ¡a situación política después del 23-F y no vean cómo

puso al Gobierno, a los líderes, a la burguesía industrial, al capitalismo, a los privilegios, a \os, jueces

corrompidos, al martinvillismo, al Ejército fascista, a USA, a la Santa Sede y al sursum corda. Al menos,

eso leo en la versión que ofrece El Comercio, 5. VI I.

Cabreadísimo por los planteamientos económicos de la dictadura y por lo que el bueno de Castellanos

considera que produjo una falta total de competitividad, censuró que en aquellos terribilísimos tiempos

nadie pudiera comprarse otro coche que no fuese un repugnante SEAT.

Hombre, Pabüto, no te pases. Primero, que los SEAT no tenían (ni tienen) nada de repugnantes.

Y además, que aquí se podía uno comprar también, así, que recuerde de memoria los Renault, los

DodgeDart, los Peugeot, los Ford y hasta un capitoné Pegaso, si se terciaba.

Satisfacción profesional

El Consejo General de la Abogacía ha tomado el acuerdo de que, en caso de secuestro, la actuación

profesional de los abogados no podrá ir más allá del asesoramiento técnico a la familia del secuestrado.

De lo contrario, de querer ir más lejos (son las palabras de Antonio Pedrol), ya no gozará de la protección

del Colegio de Abogados, ni del derecho al secreto profesional, ni podrá percibir remuneración por su

cometido.

Como profesional del Derecho que soy, me enorgullece semejante decisión de nuestro Consejo General.

Y felicito a la comibión que ha redactado el acuerdo, limpiando con él todas las dudas y recelos que

despertó una reciente y lamentable actuación, de la que más valdrá no acordarse nunca más.

VIZCAÍNO CASAS

 

< Volver