Autor: Alcocer, José Luis (CIUDADANO). 
   Un equipo de segunda división     
 
 El Alcázar.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 3. 

La izquierda nacional

Un equipo de segunda división

Si es verdad el dicho de que el pez grande se come al pequeño, uno se pregunta: ¿cómo es que entre la

clase política española, nadie se come a nadie? Puede haber dos respuestas. Primera, que todos son

grandes. Segunda, que no hay grandes. ¿Cuál de las dos será la válida? Habrá que verlo. Pensar que todos

los peces son grandes (no gordos, como es usual decir en el lenguaje coloquial de nuestro pueblo) es algo

que, en todo caso, tendría que contrastarse con la realidad de cada día. ¿Sucede así? No lo parece.

No existe una sola lista posible de éxitos del Gobierno en ninguna materia, ni en una sola. Pero seamos

ecuánimes, tampoco existe una lista de apuntes de solución veraz y razonable, por parte de la oposición.

El Gobierno se descuida en sus eficacias obligadas, mientras que la oposición se vacía en sus militancias,

trepida en la crítica de sus ideologías y, en fin de cuentas, no hace absolutamente nada. Francia se ríe de

Calvo-Sotelo, y probablemente también de Felipe González. En una palabra, se ríe de nosotros, detiene

pesqueros y concede las extradiciones como en un programa de cirdo televisado. Ya pueden decir unos y

otros lo que sea, que Francia sigue siendo Francia.

No parece, pues, que la clase política se componga de grandes depredadores, o de grandes hombres,

mucho menos de grandes pensadores y en resumen, de grandes nada. Habrá que recurrir, entonces, a la

posibilidad de considerar la segunda posibilidad. La de que no hay nadie que sea grande. Es curioso

constatar que, en todos estos años, me refiero naturalmente a los posteriores a la muerte de Franco, no

haya surgido un pensamiento alumbrado desde posiciones originales, claras, brillantes, y que ese

pensamiento se haya encarnado en personas con carácter, con perfil propio, con peso específico propio

también. Lejos de ser así, tanto el Gobierno como la oposición han rebajado sus perfiles, hasta el punto de

que, si no se identifican previamente, uno no sabe con quién está hablando, ya queambosvienen a decir,

poco más o menos, la misma índole de tonterías. Ni la grandilocuencia de un Manuel Fraga, que todos

sabemos totalmente vacía, ni la cicatería de un Felipe, ni la presunta prudencia de un Sahagún, ni la

inocultable crisis de un Santiago Carrillo, configuran aquello que, en toda latitud civilizada, se suele

denominar espectro político. Aquí, en rigor, no hay espectro político.

Hay, eso si´, algunos espectros que posan de políticos, y una enorme, incalculable cantidad de gentes que

esperan, en un sitio o en otro, que alguien les diga algo estimulante. Si se miran bien las cosas, resulta que

el único gran sacrificado de todo este negocio montado entre amigos ha sido Adolfo Suárez, ni más ni

menos. Pero, si hacemos abstracción de él, todo lo demás es de un gris espantoso, sin olvidar que todos

los partidos parlamentarios, absoluta y totalmente todos, están haciendo agua por todas partes

Esto es enormemente grave, porque indica, no tanto que estemos viviendo un tiempo de crisis, que

probablemente sí estamos viviendo, como cfue nadie estaba preparado para afrontarla. Pero ¿cómo

entonces?, ¿de qué hablaban ustedes, cuando decían que bastaría la desaparición de la dictadura para que

todo marchase sobre ruedas?, ¿en qué quedamos? Pues únicamente en una cosa: en que, a las puertas de

la democracia, no había preparada, esperando, una legión de intelectuales, de líderes, de personalidades

de primera calidad, sino un triste equipo de segunda división, una colección de gentes muy, pero que muy

menores. Si hubiesen sido de primera, no hubiesen tenido que esperar. O sea que estamos, en todo caso,

en la segunda división, en la ausencia de cualquier ademán de grandeza. O para darle gusto al señor

Martín Villa, en cualquier categoría regional. Que» al fin y al cabo, es lo suyo.

José Luis ALCOCER

 

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