Autor: Blanco, Juan. 
   A mucha honra     
 
 El Alcázar.    09/07/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

A mucha honra

Nos metieron a todos, hermanos, en el mismo saco, nos barajaron como a naipes, nos agitaron como

dados, cosieron la boca y ahora nos tunden como a las esteras en primavera, sin que podamos reaccionar

ante la lluvia de palos que se nos viene encima. Aquí estamos, hermanos, apretujados, en el guetto, en la

gran reserva que primero recibió, ¡qué campaña bien pagada!, el título de bunker, después el de

¡nmovilista, más tarde el de derecha y ahora el de ultraderecha. Somos, hermanos, la media España

perseguida, habitantes del páramo en que nos han confinado, mientras la otra media azuza a los perros,

enseña los dientes, grita como posesa y alimenta el odio que carga las bombas, monta las pistolas y vierte

la hiél del rencor en las sucias páginas de los diarios y revistas. Pues muy bien. Prefiramos ser

ultraderechistas que rojos.

Tengo a mi lado un puñado de recortes de prensa y en la memoria muchos datos y frases de políticos.

Unos y otros se complementan. Delante de mí la noticia de la voladura de Malacatín, esa vieja tasca, ese

antiguo comedor de más de cien años de vida que ha visto pasar por su puerta momentos tan graves como

la llegada de dos repúblicas, la pérdida de nuestros últimos vestigios coloniales, los asesinatos de varios

presidentes del Gobierno, la huelga revolucionaria del 1 7, el desastre de Anual, la revolución de Asturias

y la proclamación de «L´Estat Cátala», el 18 de julio de 1 936, tres años de Guerra Civil y los primeros y

duros años de la paz de Franco. Y mientras España se convulsionaba la vieja tasca seguía siendo centro de

tertulias, lugar de descanso, sitio de sano esparcimiento, cumpliendo con esa gran obra de caridad que es

dar de beber al sediento, Y ahora...

Ahpra y desde el ya lejano 1977 nos metieron en el mismo saco a los falangistas, a los tradicionalistas, a

los de Fuerza Nueva, a los del antiguo Movimiento Nacional, a los hombres con espíritu social, que no

socialistas, a los católicos no demócratas cristianos, a los patriotas sin más ni menos, al Ejército, a las

Fuerzas de Orden Público, a la Guardia Civil y a muchos hombres del Cuerpo Superior de Policía, a

todos, en fin, que no somos marxistes o cómplices. «Se trata, en suma, de insistir en la tradición golpista

de la derecha que como en 1 932 ó 1936 acude a la conspiración en cuanto el país no va según sus

deseos.» (Diario 16, 1 8 de mayo de 1977). Entonces había que destruir a los candidatos de Alianza

Popular, cuando Alianza era un partido con ambición y sentido nacional, y se les destruía con la calumnia

o mediante el miedo. «Si gana Alianza Popular —dirían Tierno Galván y Carrillo, al alimón— habrá una

guerra civil.» Pero no por ello se olvidaban de EL ALCÁZAR o de la Confederación de Combatientes.

El «inaceptable golpismo del diario de la Confederación», se insultaba desde la misma cloaca.

¿Y las excusas de Suárez para no conceder, en principio, la amnistía a los criminales de la ETA?,

comunicadas en conversación con representantes de las fuerzas separatistas: «Todos los miembros de la

comisión coincidieron en que el Gobierno español —copio de la prensa de mayo de 1 977— se negaba a

acceder a la liberación de los presos para las fechas de las elecciones (del 1 5-J) alegando (Suárez) su

presunta debilidad frente a los sectores ultraderechistas del Régimen, fundamentalmente de las Fuerzas

Armadas...» Ya comenzaba la caza de brujas organizada desde el poder/el mismo que existe hoy y que

por boca de su ministro del Interior ha declarado en la revista «que la ultraderecha española quiere el

golpe de Estado», para «descubrir» dos días después una conjura cívico-militar no se sabe con qué fines,

pero ha servido para lanzar otra carga de odio en el cargado ambiente nacional.

No voy, hermanos, a recordar lo más reciente. Sólo esas declaraciones del secretario particular del alcalde

de Leganés tras los graves disturbios que provocaron nueve heridos,-siete de ellos policías: «La gente

pensaba que era una provocación de la extrema derecha...» De ahí al «para eso les pagan» que se ha dicho

ante asesinatos de militares, guardias civiles, o policías nacionales sólo hay un paso, y para volar con

explosivos a Malacatin, centro de reunión de ultraderechistas —según una revista—, paso y medio.

Juan BLANCO

 

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