Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   El voto del miedo     
 
 El Alcázar.    30/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

El voto del miedo

LO más importante de todo este tinglado era que estaba roto el consenso. Bueno, pues no está

roto el consenso. Anteanoche, terminada la sesión, Suárez y Felipe González, si es verdad lo

que se cuenta por los pasillos, decidieron el primer consenso del disconsenso. Parece ser que

el acuerdo consistió en dejar de pegarse ante el regocijo público.

Guante blanco. Los delfines Guerra y Arias, sentados, tranquilos. Ahora los dejan callados,

como si ellos tuvieran la culpa. ¡Pero si los han azuzado para que mordieran!

Y esto no va sólo por los partidos mayoritarios, sino por todos. La pasada semana coincidieron

en la crítica al Gobierno, deforma unánime. Ahora, cuando los ponen a hacer verdad aquellos

juicios, el «no» resulta que es un «sí, pero no». Claro que Felipe González se apresuró a

tomarles la palabra, y eso era pasarse un poco. No toda crítica al Gobierno debe convertirse en

un voto a Felipe González para que ocupe la presidencia. Aunque también es cierto que lo

saben; tienen obligación de saberse la Constitución en todas sus disposiciones, sus disparates

y sus tretas.

Ahí se han equivocado los socialistas. Un grave error de cálculo. Creyeron que el voto de

censura, al suponer una elevación automática de su líder, les favorecía. Muy al contrario.

Acabamos de ver cómo en el Parlamento ha terminado por imponerse, lo mismo que en tas

pasadas elecciones generales, el voto del miedo. Ese, el miedo, ha sido el protagonista de la

sesión de ayer.

Felipe González se dio cuenta, mediada la sesión, y pidió la palabra para echarle agua al vino.

Sobre todo, para tratar de apagar los rescoldos dejados por lo que Fraga llamó «la declaración

de Guerra». ¡Qué error tan enorme, aquel planteamiento inicial! Un error que va a ser muy

difícil corregir, porque nadie ignora que el socialismo es también eso, ese tono de amenaza,

ese planteamiento de depuraciones y de persecuciones.

El panorama desolador de que había que elegir entre la corrupción y el revanchismo fue lo que

unos y otros intentaron anular en la sesión de ayer. Me temo que no lo hayan conseguido.

¿Cómo vamos a olvidar que todo, hasta ahora, se ha hecho por consenso,? Tanto la corrupción

como el revanchismo, señorías. Pero hace falta estar sordo y ciego para que el compromiso de

comportarse como.personas cuando estén cara al televisor, haga olvidar que el consenso

vuelve. No queda otro remedio, no pueden dar un paso los unos sin los otros.

Esa era la razón suprema del discurso de Fraga, al reclamar una mayoría fuerte en el poder.

Sólo que ¿dónde está esa mayoría? ¿En las huestes de Fraga?

Pues bien, o una mayoría fuerte que no es posible, que no existe, o consenso. De ello se

dieron cuenta, al final de la borrasca de anteayer, Suárez y González. Están condenados a

entenderse, como los matrimonios en que marido y mujer siguen necesitándose, pero no se

aman.

La palabra «coherencia» estuvo a punto de terminar con este primer consenso de buenas

maneras. No se daba cuenta el ministro Gamir de lo que estaba haciendo al dejarla caer sobre

los socialistas. El socialismo se presenta a sí mismo como la suprema coherencia, como la

coherencia químicamente, científicamente pura. Es sabio el refrán: « Dime de qué presumes y

te diré de qué careces.» No vuelva a hacer una cosa así señor Gamir, para que tengamos el

consenso en paz.

Joaquín AGUIRREBELLVER

 

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