Autor: Carrasco, Javier. 
   Una cara travesura     
 
 El Alcázar.    30/05/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Una cara travesura

«Y ahora, la moción de confianza, ¿no?» Alfonso Osorio, creo que a título individual, huí/ó la

propuesta a viva voz, en los pasillos, como dándola por supuesta, «asi, por lo menos, es lo que

procede en todos los países democráticos»... Demasiado sabía el diputado de Coalición

Democrática que por mucho «anti-clímax» propiciado a iniciativa de los propios Suárez y Felipe

en la tarde de ayer, su «idea no tenía ninguna posibilidad de tentar al Gobierno.

El debate, sea cual fuera el resultado de la votación (a la hora en que escribo la moción de

censura sólo está respaldada por 146 votos), resultó una cara travesura, un delicioso enredo

inútil, tiada clarificador sobre las salidas al bloqueo de la situación política nacional, mucho más

grave, desde luego, que el de las preauto-nomías. I ,orenzo Olarte, diputado centrista, me

resumió muy ¡«ien el ambiente: «i,a gente no se habrá enterado de nada. Anoche, con Felipe

hablando de artículos 151 y 143, apagaría la televisión y a otra cosa...» «Un triste

espectáculo», que diría Blas Pinar, magnificando el tono de «galv ana» del canario.

El único que ayer «asusó» (para descalificación del espectáculo propiciado por la Cámara) fue

don Fernando Sagaseta. relatando la ficción de los soldados americanos evacuando a toda

mecha la base de Torrejón. Pero no hubiera «asusado» tanto si Rodríguez Sahagún no hubiera

entrado, en la más nefasta línea de actuación gubernamental, a responder a la demagogia del

separatista, aunque lo hiciera sin nombrarle para clavar un rejón dialéctico a Múgica («ahora ya

sabemos por qué razones el PSOE cuenta con el apoyo de su señoría para la censura»).

Aizpún, por su parte, me recalcaría la tremenda decepción que había supuesto para el

ciudadano la previsible continuidad del consenso, aunque, quien más quien menos, siempre

fuera de UCD. confiara en la aplicación de ese artículo 99 de la Constitución, citado por Blas

Pinar, antes del verano.

Hasta entonces, tiempo hay. Buena parte de parlamentarios y ministros (Castellanos. Gamir y

Ortega, entre otros) no les hacía demasiada gracia que el debate se prolongara hasta hoy y le

insinuaban a Landelino Lavilla piedad para con su largo fin de semana. A partir del lunes se

darían las ocasiones de buscar un mágico quídam, un presidente extraparlamentario, o ver si

Fernández Ordóñez dejaba de esconderse tras la columna de su escaño.

Carrillo dito que, antes o después, Suárez reconocería la triste realidad de su soledad en

compañía de 166 votos, pero, entre tanto, van a resultar ciertas las profecías de los «críticos»

socialistas (¡vaya cara la de Gómez Llórente durante el discurso de Felipe!) de que los dos días

«mientras nos devorábamos» (frase de Pérez .Millares) han sido un crédito de tiempo para el

ejecutivo. A pesar de que éste vaya desempedrando cuesta abajo y sin frenos, que eso es lo

que insinuó Fraga.

Me lo dijo un ministro al que no quiero comprometer: «Trabajar y trabajar y dar confianza a los

españoles, eso es lo que hay que hacer. Lo demás...» Lo demás son los sorprendentes

cumplidos de Felipe a don Manuel envidiando su estructurada cabeza de estadista para un

liderazgo de la izquierda; Senillosa diciendo que a él nadie le daba consignas, «que eso es

propio del fascismo»; el enfado del presidente de la Diputación de Aragón con Gómez de las

Roces, por su durísimo rapapolvo a UCD; la aceptación, por fin. de la enmienda a la totalidad

del proyecto de divorcio al ucedista Díaz Piniés; el fenomenal «trabajo de asistencia»,

desarrollado por Enrique Barón cerca de la «ex alternativa González» o la diplomática

respuesta de un representante de la OÍD a la difusa planificación en política exterior del PSOE,

«rio es su fuerte, no», y eso que la autoría puede provenir de un funcionario con tanta

experiencia como Fernando Moran.

En resumen: «48 horas a este ritmo, señor Abril, es un derroche de paciencia pública.» No se

trata de una definición. Sólo transcribo lo que oí en catalán, mientras Pérez Llorca enfilaba,

desde la tribuna, la hora presunta de la votación.

Javier CARRASCO

 

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