Autor: Urbano, Pilar. 
   A un muchacho con camisa azul     
 
 ABC.    24/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

MARTES 24-11-81

Hilo directo

A un muchacho con camisa azul

Querido Mario: Acabamos de colgar los teléfonos. Es de madrugada. Te he escuchado, en silencio,

durante una hora. Estabas afónico, ronco, de tanto gritar, de tanto cantar el «Cara al Sol» a voz en cuello

por la calle... Necesitabas desahogar tu «desfonde», tu decepción.

Y me ha hecho gracia tu «tarjeta-oral» de visita: «Soy Mario R..., un facha.» Lo decías con cierta altivez

provocadora. Y a mí me pareció muy bien que fueses lo que quisieras ser. Me has dicho que estuviste «en

todo el rollo... desde hace tres días, sin apenas dormir, sin apenas comer»; que te dolía el brazo de

«aguantar bandera» y la garganta de «darle al vozarrón»; que te habían quitado o te iban a quitar el carné

de conducir, ¡... dita sea!; pero que eso no importaba... Me has contado una montaña de cosas, ¡menudo

reportaje! Tú no ibas a Oriente «"contra nada, contra nadie...", pero estaban los otros, Joséle, Luis

Antonio, Miguel..., y una vez allí, les salió el energúmeno... y yo sé que ni se (fian leído la Constitución,

ni han ido a votar en su puñetera vida, porque no tienen edad, ni saben qué es eso de la LOARA...»

Te fastidiaba el «farde» de coche de papá, y de uniforme flamante «que cuesta una pela, tú» y de brazo

hercúleo y de niña mona haciendo equilibrios en el borde del «mehari» descapotado... Tú no ibas a eso.

Te irritó aquel «bocazas» cargado de iras y furias, un "furia-facha" que a sus veinte años aún tiene

coleando tres del COU», que se pasa las horas tontas jugando al compra-vende de casettes y estampas, y

pegatinas, y emblemas..., y que, de pronto, se puso a hombrear, bandera al viento.

Te decepcionó -^reo que ése era ayer tu más doloroso aguijón de desencanto— el li-derazgo caduco de la

tribuna; «se aprovecharon del acto para pedir votos», y «se liaron a denunciar todo lo que va mal..., sin

decirnos cómo ellos lo harían bien»... Pensaste, de repente, que «toda aquella verbena de boinas rojas, de

camisas azules, de brazaletes rojinegros, de banderas rojigualdas, de pancartas vocingleras y agresivas, de

toques de silencio y de mítines "a la contra" de todo no podían servir para mucho». Y te sentiste un

«tibio» infiltrado en la muchedumbre ululante, delirante, vehemente...

Mario. Yo comprendo, ¡no sabes cómo!, tu «proceso» del 20 y el 21, y el 22 «Ene». Estudias Derecho y

amas la Ley. Reconoces, me lo has reconocido por teléfono, que «no se pueden hacer alardes públicos

con lo prohibido, con lo ilegal», con lo que avasalla un sistema constituido voluntariamente por «la

mayoría»: y los uniformes «paramilitares» están fuera de nuestra Ley. O son una infracción, o son un

disfraz, o son un desplante. Sabes que una camisa azul de falangista fue, en su momento, una prenda

seria, respetable, incluso peligrosa «y hacía falta reaños para llevarla», te ha contado tu padre. Sabes que

hombres valientes murieron con ella puesta... y ensangrentada. No te gustaría que volviera a ser así. Te

cuesta admitir que «los rojos y los de la ucedé también puedan ser buenos patriotas». Pero pueden serlo...

y lo son, Mario. Aunque piensen y quieran para España cosas distintas de las que quieres tú. Te resistes

aún a aceptar que la bandera nacional es patrimonio de todos, aunque para respetarla y honrarla no

hagamos ese despliegue ensordecedor de tráfico rodado a todo trapo, a todo gas, a todo claxon, a todo

«folklore nacionalista».

Mario, te escribo desde el respeto a tus ideales, y a los valores inalienables que defiendes. Pero te escribo

también desde la discrepancia, por tus modos exasperados de expresar esa defensa. Te escribo desde la

comprensión de tu desencanto. Ciertamente hay mucho bueno y noble por hacer. Y la ju ventud que tú

eres podría arremangarse en lo tarea... Quizá Estudiando más, quizá trabajando seriamente y más... Te

escribo desde el miedo. Sí, Mario, en este «triduo» estrepitoso me habéis dado miedo. Y no soy cobarde.

Pero os veía más prestos para la lucha violenta que para el esfuerzo sereno... Miraba los tendones tensos

de esos brazos portabanderas, las manos enguantadas en piel negra, y me estremecía: «blandíais» un

símbolo sagrado como podríais esgrimir una «parabellum»... si fuera necesario. ¡Y no es necesario! ¡Y

no-queremos que nadie lo haga necesario..., ni mucho menos en nombre de ese tesoro único y común

llamado «España»!

Mario, tú estás a tiempo. La vehemencia que se despacha a gritos, la «desfachatez facha» que se adueña

de las calles, el alarde patriotero... no construyen «esa España mejor», que en el hondón de tu alma

quieres. Una invasión prepotente de banderas nacionales y de saludos brazo en alto puede provocar otra

invasión paralela de banderas rojas y de saludos puño en alto. El «revival» suicida de españoles contra

españoles.

Mario, tú estas a tiempo. La camisa azul mahón, ¿sabías?, significó siempre «trabajo oscuro y callado;

estilo sobrio y austero». Y en ti no significa nada de eso. Vagueando, callejeando, alardeando, crispando

el alma y los puños, tu camisa es... un disfraz. Tu bandera «partidista», una provocación... que acapara y

usurpa el derecho de todos, ¡de todos, Mario!, a veneraría como cosa propia. Tu invocación del pasado,

una estridencia estéril que pretende campear sobre el presente, arrasándolo. Eso que llamas y que llamo

«Patria» la construimos «unos con otros». La destruimos «unos contra otros». Mario, amigo facha: tú

estás a tiempo... Salta del «ghetto» hostil. Siéntete «todos».

Pilar URBANO

 

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