Autor: Álvarez Álvarez, Carlos Luis (CÁNDIDO) (ARTURO). 
   Las conmmemoraciones     
 
 ABC.    24/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

MARTES 24-11-81

OPINIÓN

De ayer a hoy

Las conmemoraciones

En medio de los grandes desconsuelos de este tiempo español el hilo tenue de la democracia parece

cobrar una resistencia de acero. Resiste hasta su propia impureza. Pero ahí está su verdad, que no suprime

de un tajo las pasiones contrarias. Es un poder relativo y finito constituido por numerosos poderes

relativos y finitos, que día a día sobreviven al empuja de to «infinito» y de lo «eterno», a sus

conjuraciones y conmemoraciones.

Las dictaduras nunca sienten curiosidad por el pasado inmediato. Sienten curiosidad por el pasado

remoto. Las democracias sienten curiosidad por el pasado inmediato aun en los casos en que ese pasado

haya sido el de una dictadura. Los proyectos y los hombres de la República no existieron para el

franquismo más que como objeto de injuria —una injuria que se extendía hasta el «nefasto» siglo XIX—

y como materia de olvido. Azaña e Indalecio Prieto, entre otros representantes del pasado inmediato del

régimen de Franco, eran para ese régimen monstruos de liviandad, y Alfonso XIII, incurso también en ese

pasado, un mostrup de pereza histórica.. El franquismo retrocedió por el tiempo y decidió que sus fuentes

eran los Reyes Católicos. Pero su manía de adaptarlo todo a su forma operó también sobre aquel pasado

remoto. La democracia, sin embargo, siente curiosidad por su pasado inmediato. Los proyectos, muchos

de ellos no deleznables, y los hombres, muchos de ellos honrados y capaces, del régimen de Franco, salen

a la luz y el análisis. Vemos que de eso se ocupan, en una situación democrática, los demócratas y los

antidemócratas.

El gusto de las dictaduras por el pasado remoto es antihistórico. Buscan allí no lo que tuvo de vida, de

proyecto, sino lo que tiene ya de petrificado e irremediable, para incorporarlo a su propio ser. Piensan que

incorporan así la eternidad, no la historia.

Las conmemoraciones del franquismo que se han celebrado estos días —con la aportación impasible y

democrática de la televisión— vienen siendo interpretadas por los antidemócratas en son de triunfo, como

un debilitamiento de la democracia, cuando es todo lo contrario. Esa es la primera irracionalidad de esas

conmemoraciones. Ven el mal absoluto en un régimen que los soporta, sencillamente porque el régimen

que ellos formaron no soportaba la menor contradicción. Y no soportaba la menor contradicción porque

los franquistas pensaban que su régimen era el bien absoluto. Incluso sus tesis coincidentes con los

principios de la Constitución —la unidad de España y el orden social y político— se revisten de tal

frenesí contra la libertad en cuyo seno deben realizarse esas tesis, aunque no en su opinión, que aparecen

como prejuicios negativos cuando ellos las sostienen. Pero aunque no fuera de ese modo, sabemos que en

la ocupación de los demagogos va incluido, junto al rumor, la alarma, el complot y la agitación, el uso de

nobles consignas, de abreviaturas y enfáticas generalizaciones con las que tratan de seducir a unas masas

no adiestradas aún en la dificultad co* tidíana de ser ubres.

El trabajo del franquismo es ahora el de separar la sociedad del ideario democrático aprovechándose de

las dificultades de la libertad, una de las cuales es precisamente la legalidad del propio franquismo. Las

conmemoraciones franquistas tienen por objeto hacer resaltar el «carisma» del dictador absoluto sobre la

«discutibilidad» del poder democrático, y la armonía yacente que imponen los regímenes autoritarios,

sobre el riesgo histórico de la democracia, la cual siempre es un proceso.

CANDIDO.

 

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