Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
   Que nos lo expliquen     
 
 El Alcázar.    15/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

Que nos lo expliquen

El obrero González regresó de su periplo por el Reino Unido —que así lo llamó, tal vez como

demostración deque había ido en «visita oficial», razón por la cual llamarle Inglaterra o Gran

Bretaña podría haber resultado una descortesía— y los usufructuarios democráticos de Prado

del Rey le hicieron, naturalmente, una entrevista bastante larga y desprovista de interés

excepto en el punto que va a centrar este comentario. Naturalmente, la entrevista en cuestión

fue emitida, íntegra, dos veces. El obrero González estaba muy satisfecho del periplo, de las

visitas y de las comidas —de trabajó, por supuesto— que había hecho en Londres, y muy

especialmente de un simposio o coloquio que había mantenido en Oxford, universidad que,

como todo el mundo sabe, está saturada, desde la Edad Media, de la crema de la

intelectualidad. La crema actual, según el obrero González, está enteradísima de los asuntos

españoles, hasta el punto de emitir dictámenes sorprendentes que, con ese aval, y aunque

puedan atentar a los derechos de una nación a gobernarse como más le convenga, resultan

irrevocables y, por supuesto, irreprochables.

El obrero González nos comunicó a los sufridos telespectadores que había explicado a tan

docta y preparada audiencia los recientes sucesos políticos españoles. Y como ocurre que, por

mor de lo que sea, los sufridos telespectadores españoles no hemos recibido todavía ni

explicación ni siquiera pura relación ordenada de tales sucesos, creemos que puede resultar

una obligación de Televisión Española que el obrero González nos brinde a sus compatriotas,

connacionales o compaisanos —a su gusto— esa explicación, para ver si nos enteramos de

una vez. Y aunque probablemente fuera útil ilustrar sus explicaciones con el testimonio directo

de lo sucedido en el Congreso de los Diputados, por razones obvias dispensamos a Televisión

Española de ese trámite, y al propio obrero González, con el fin de que la realidad más real no

acabara colisionando con la realidad derivada de la ficción.

Y si el obrero González no aceptara esta labor didáctica ya que, notoriamente, el nivel cultural y

político de la audiencia televisiva no es comparable al de una síntesis, oxoniana del

conocimiento sobre España y los españoles —sin incluir Gibraltar, por supuesto— brindamos la

idea a los servicios informativos de Prado del Rey, por su cuenta y riesgo. Porque la verdad es

que de los recientes sucesos españoles, TVE no nos ha servido ni la misa ni la media.

Y algunas versiones ofrecidas por otros medios de comunicación social, además de poco

estructuradas y confusas por aquello de que se sirven por intermedio de lagartos, serpientes de

cascabel, boas constriptoras y otros acreditados reptiles, tampoco nos ofrecen ni misas ni

medias, aunque sí la presencia del cazo. Y ya ha transcurrido el tiempo suficiente para que,

con el máximo respeto a las legales cautelas judiciales, sepamos qué pasó, cómo pasó, por

qué pasó, por lo menos. Clarito y por orden, sin blancos ni «sfumatture». Vamos, como mandan

los cánones objetivos de la información.

Ya, de paso, a lo mejor TV nos explica por qué nos sirven al doctor Alfonso Cabeza en todos y

cada uno de los espacios que integran la actual programación, que no le queda más que

«Aplauso» sin salir, y cualquier sábado sale, bien defendiendo los colores de Zaragoza en «La

juventud baila», sección individual-masculino, bien cantando a ritmo de rock-suburbano sus

pensamientos, querellas y vanidades. No creo que los socios y peñas atléticas organizasen

manifestaciones de protesta, sino todo lo contrario. Los que han protestado, al parecer, han

sido los navarros, confirmando la supuesta maniobra recogida en esta misma columna sobre la

razón de programar «El León de los Pirineos», que en esta ocasión no nos separan de Francia,

sino que sirven para una tediosa invasión gala de nuestros íntimos salones comedores cuartos

de estar.

Marcelo ARROITA-JAUREGUI

 

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