Autor: JASA. 
   Europa acude a "salvarnos"  :   
 Felipe González reclama apoyo a la izquierda europea para defender el "proceso democrático": esta nueva intromisión marxista en los asuntos internos sí que constituye una humillación para España. 
 El Alcázar.    15/03/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Europa acude a «salvamos»

Felipe González reclama el apoyo de la izquierda europea para defender el «proceso democrático»: esta

nueva intromisión marxista en los asuntos internos sí que constituye una humillación para España

Ha sido una semana repleta de sorpresas. La sorpresa de Otero Novas, exministro y diputado de UCD,

diciendo —textual, según Europa Press— que su partido «está legislando y gobernando en contra de la

mayoría de la población». La sorpresa de Alzaga y sus siete propuestas de cambio al divorcio que cayeron

como un jarro de agua fría sobre Fernández Ordóñez. La sorpresa de los seis diputados en una sesión

calificada de plenaria con Roca Ju-nyent, solemne, en la tribuna de oradores. Y todo ello corroborado con

la amarga sorpresa de una subida de la gasolina siete pesetas litro.

Sucesión de sorpresas, sin duda, que, a pesar de todo, no pueden compararse en su magn itud con la

sorpresa deparada por Felipe González en la primera parte de su periplo europeo. Más que sorpresa, este

hecho tiene una denominación más exacta: humillación.

El PSOE pide ayuda

En los últimos veinte días, los políticos socialistas han empleado hasta la saciedad esta palabra,

humillación, como consecuencia de la ocupación del Congreso de los Diputados. Sin embargo, es curioso,

ha sido precisamente Felipe González, líder del PSOE que tan profundamente se siente escarnecido, el

que ha infringido en esta última semana una humillación mucho más profunda a España. La alternativa de

poder, el recambio de la democracia, el pretendiente a la coalición gubernamental, se ha paseado por Gran

Bretaña en demanda de apoyo para su partido, Foot, Carrington, Gil-mour, Thatcher, entre otros, han sido

sus interlocutores. En ellos volcó González sus miedos, sus pesadumbres y sus complejos y a todos ellos

dio a conocer los trapos sucios que un elemental sentido de dignidad nacional hubiera obligado plantear y

resolver, solos, en casa.

La respuesta, tan sólo en el primer round, no puede haber sido más satisfactoria para el esfuerzo

mendicante de Felipe González: Gran Bretaña, Alemania, Francia, estén dispuestos a salvarnos.

Europa entera acude en nuestro socorro para liberarnos de nuestros seculares demonios familiares.

Paternal y solícitamente, como quien reprende a un niño travieso, acuden en nuestra ayuda para

indicarnos con ánimo protector dónde está la ruta que señalan al respecto los cánones democráticos al uso

europeo.

El SPD alemán se confiesa «muy preocupado» , y para darnos cumplida constancia de su «solidaridad»,

mandará a Willy Brandt a Madrid para que participe en una reunión con el grupo parlamentario socialista.

Raymond Carr se ocupará de plasmar en un libro las cuitas relatadas por González en el Saint Antony

College de Oxford ante la mirada expectante de la intelectualidad británica: por eso, dentro de poco, los

españoles tendremos que acudir a un relato anglosajón para saber qué es lo que ocurrió en estos años

decisivos de nuestra historia reciente. Hasta el Parlamento Europeo se acordó de nosotros y nos dirigió un

nuevo aliento para el ingreso, algún día, en la CEE. Y Calvo-Sotelo, que —por lo visto— no quiso ser

menos que González, también se reunió en un almuerzo con once embajadores europeos.

Definitivamente, estamos salvados.

«Esto no es la democracia»

En este contexto cayeron, el jueves, a las 18,54, las declaraciones de Otero Novas. Exactamente, esto fue

lo que dijo: «Resulta que estamos haciendo una ley en contra de la voluntad de los españoles...» «Esto no

es la democracia. Quienes hemos luchado por ella estamos profundamente decepcionados, porque esto es

el despotismo ilustrado...» « Estamos en una etapa de infantilismo democrático...» «Un enf rentamiento

entre UCD y la Iglesia por causa del divorcio lo que haría es hundir a UCD.»

Detrás de tan rotundas afirmaciones, que resultan tanto más significativas en boca de un ministro de un

gobierno de Suárez, están los ataques de Díaz Pinés a Fernández Ordóñez después de que el ministro

dijera que UCD es «una coalición departidos». Y después de que otra vez UCD quedara manifiestamente

en abierta ruptura tras la propuesta de cambio al proyecto de divorcio presentada por Alzaga y suscrita

por el grupo parlamentario centrista, que comporta un serio revés a las tesis social-demócratas.

El PSOE pide la injerencia extranjera en España, y el partido en el Gobierno se rompe. Son los dos ejes

de la semana con el trasfondo de que el veterano Gabinete encabezado por Calvo-Sotelo comienza a

presentar ya grietas notorias en su alborada política: se dijo que no se iba a retirar el proyecto de ley de

Administración del Estado, del Gobierno y de la Función Pública. No ha sido así; el Gobierno cedió a la

presión marxista, y aunque señala que los dos primeros epígrafes no serán modificados, para dar lugar a

un desdoblamiento con cambios importantes sobre el tema del funcionariado, el hecho es que se

aceptaron los puntos de vista de la izquierda. Mientras, en lo relativo a la denominación de los

representantes del Gobierno en las comunidades autónomas (tema que exigió tres «correcciones de

errores» en el BOE en el momento de su promulgación) ahora también se ha aceptado finalmente la

demanda catalana y vasca, y pasan de gobernadores generales a «delegados del Gobierno».

Más que un cambio de denominación, constituye una renuncia política a las competencias del Estado en

las «nacionalidades».

Otra crisis para UCD

Son dos datos, pero en un contexto más extenso: la incapacidad, la imposibilidad de UCD para gobernar.

Esta es en último término, la clave: UCD constituye tal amalgama de partidos, ideas, creencias y

estrategias (equivalentes a todo el arco político del Bundestag alemán) que desde el momento en que se

trata de afrontar una actitud constructiva de Gobierno se multiplican las posiciones contradictorias y se

cae en la más absoluta esterilidad política y en una amarga sensación de desgobierno para todo el pueblo

español. El martes, en el debate del divorcio, nos vamos a encontrar con que, sorprendentemente, la

denominada «oposición» secunda masivamente el proyecto del Gobierno, mientras que el partido que

nomi-nalmente conforma ese Gobierno puede rechazarlo en parte. La indisciplina de voto de los

democristianos va a ser pareja —si no media un acuerdo de última hora— ai hermetismo de una ejecutiva

que se va a negar a aceptar el punto de vista rubricado con 53 votos del grupo parlamentario. ¿Quién

gobierna en UCD?

Se decía en esta columna hace una semana.

Calvo-Sotelo puede verse arrastrado por la mafia de su partido y por los señores feudales que constituyen

los «cabezas de fila» de UCD. El descontrol del presidente, incapaz para mantener bajo su disciplina y

dentro de una mínima coherencia una trayectoria de gobierno entre la sucesión de intrigas palaciegas de la

antigua «fontanería» de la Moncloa, va a depararle, junto con la creciente amenaza marxista, una

claudicación permanente para su ejecutoria de gobierno. Porque también las fisuras se perciben en su

Gabinete, como antes se ha reflejado: todo da la impresión de que Calvo-Sotelo intenta mantener las

riendas, mientras que Fernández Ordóñez hace la guerra por su cuenta, y la ejecutiva pretende constituirse

en fuente permanente de decisión suplantando y ordenando al propio Gobierno. La situación no

constituye ningún buen augurio para el séptimo Gabinete de UCD en el poder, y parece conducir a tan

sólo dos salidas: o la coalición, o la ruptura. Solicitando su apoyo al PSOE, UCD puede ganarse un

efímero recurso, pero significará definitivamente —y quizá sin retorno posible— la implantación del

marxismo en el poder. Tan sólo si la UCD se decantara, precisamente, en consonancia con su electorado y

con la mayoría del pueblo español, como denuncia Otero Novas, entonces cabría una posibilidad, una

posibilidad de confianza. Pero, previsiblemente, eso no va a ocurrir.

JASA

 

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