Autor: Paris Eguilaz, Higinio. 
   El Partido Socialista se autoexcluye del poder     
 
 El Alcázar.    11/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

El Partido Socialista se autoexcluye del poder

Decididamente, el partido gobernante (UCD) tiene mucha suerte política, porque a pesar de

haber colocado a España en una situación alarmante, tanto por el peligro que determinadas

autonomías suponen para la unidad político-territorial, como por los problemas muy graves que

está creando el terrorismo y la delincuencia (359.145 delitos en 1979, que representan 84.000

más que en 1978) y la situación casi insostenible a que ha llevado a la economía, ha recibido la

mayor ayuda que podía esperar, con la publicación del programa económico del Partido

Socialista, titulado «Estrategia económica socialista».que es un conjunto de contradicciones,

incongruencias y disparates técnicos, que si llegase a gobernar produciría la inmediata

desintegración económica y ante esa alternativa es lógico que un partido político como la UCD

que en la actualidad era un partido quemado por sus graves errores, todavía si se renovase,

tendría perspectivas políticas. . El programa socialista reconoce, que la lucha contra el paro

está en la primera línea de sus objetivos y por ello considera que la política de empleo es de

una prioridad irrenunciable.

Sin embargo, no realiza análisis alguno de las cifras oficiales de paro, limitándose a afirmar que

existen 700.000 obreros agrícolas que sufren un doble paro temporal y encubierto, y si ello

fuera exaéto significaría que la cifra total de paro se va acercando a los dos millones de

personas, pero no detalla por sectores y provincias su evolución en el último decenio, en el que

en sus comienzos prácticamente no existía, hasta las elevadísimas cifras actuales, ni se

estudian las causas que han promovido ese paro.

Es un hecho de dominio general, que el factor fundamental que promueve el desempleé es el

insuficiente nivel de inversiones, es decir la situación de subinversión que se viene

produciendo, que en vez de aumentar en un mínimo de un 7 por ciento anual, a precios

constantes, ha venido siendo negativa en lósanos 1975 a 1978 y sin aumento en 1979 y ese

déficit de inversiones es en la actualidad como mínimo de un billón y cuarto de pesetas.

Recobrar el aumento anual y al mismo tiempo realizar las inversiones suplementarias para

reducir ese déficit en pocos años, es la vía fundamental para resolver ese problema, pero sin

embargo la posición que se adopta es totalmente contraria.

El párrafo siguiente muestra el fundamento de la posición del programa para resolver ese

problema. « Es necesario adoptar nuevas formas de desarrollo, que permitan un mayor

crecimiento mediante el aprovechamiento de todos los recursos disponibles, con criterios

selectivos distintos.»

«Todo ello supone que la participación del sector público en la formación de capital, debe

incrementarse sustancialmente, en primer lugar para cumplir los fines de servicio que le son

propios y en segundo lugar, PARA SUPLIR LA CAÍDA DE LA INVERSIÓN PRIVADA.»

Un examen objetivo de lo ocurrido en España en los últimos años demuestra que los hechos se

han producido en forma totalmente opuesta a la expresada. En primer lugar, las medidas de

política premarxista adoptadas son las que han provocado la situación de subinversión, con el

fuerte déficit correspondiente y solamente se puede salir de ella suprimiendo esas medidas

negativas y en forma alguna intensificándolas, como defiende el Partido Socialista.

En segundo lugar, implica un desconocimiento de la naturaleza y funcionamiento del

mecanismo económico; creer que la inversión pública y la privada, en un sistema económico

occidentar, son homogéneas y por tanto sustituibles, es algo inadmisible y contrario a la

realidad. Cada sector tiene su campo de actuación propia, que puede moverse dentro de

ciertas variaciones, pero de ninguna forma sustituir uno al otro.

En fin, y éste es un hecho fundamental que resulta decisivo, hay que tener en cuenta la

situación presupuestaria y en este aspecto se ha llegado a un punto límite, o cercano al mismo.

Con una relación entre la actividad del sector público, que incluye los Presupuestos del Estado,

la Seguridad Social, las Corporaciones locales, los organismos autonómicos de toda clase y las

empresas estatales, y la actividad total, que como mínimo es el 42 por ciento y un déficit en ese

sector de 378.000 millones de pesetas, que puede aumentar a lo largo del año, y en el que se

ha previsto una financiación creando dinero por el Banco de España por un importe de 170.000

millones de pesetas una tortísima elevación del gasto público, como propone el programa

socialista, provocaría una gran inflación con efectos desintegradores, que agravarían el paro.

No se hace alusión alguna al coste de ese programa y a sus consecuencias y no se trata

solamente de gastos para inversiones públicas, sino para consumo; aumento de subvenciones

para el desempleo, extendiéndolo al sector agrícola y toda clase de prestaciones colectivas,

mayores retribuciones, etcétera.

En el programa socialista que comentamos, se afirma que «la actuación de los socialistas.

está destinada a incidir especialmente en los impuestos que gravan la Renta y el Patrimonio» y

que «el Impuesto sobre la Renta constituye la pieza esencial del mecanismo «distributivo».

De ahí la insistencia en que se debe profundizar en ia reforma fiscal, para aumentar claro está,

la progresividad y que no se debe permitir que en la base imponible se produzca ningún tipo de

discriminación. El odio ciego del marxismo se manifiesta en toda su injusticia, al suprimir de

raíz, las desgravaciones por razón de matrimonio e hijos, por razón de que las rentas sean de

trabajo y por dedicar una parte de los ingresos a inversiones para estimulare) ahorro personal.

Por si lo expuesto no fuera bastante, se indica que es necesario «cambiar la estructura de las

empresas», que ya sabemos lo que significa en la práctica, iniciando ya la nacionalización en el

sector eléctrico y «estableciendo un control social y público en los mecanismos económicos».

En fin, para que el cuadro esté completo, en la página 10 se indica como uno de los objetivos

«la movilización de capitales improductivos por medio de una política de ingresos y gastos

públicos». ¿Cómo se puede desconocer el hecho de que en la economía actual no hay

capitales improductivos y que los depósitos de ahorro de las instituciones de crédito están

siempre utilizados por éstas, a través del crédito? Se puede ser marxista, pero no se puede

llegar a una ignorancia tan extrema. El programa revela un marxismo anacrónico, trasnochado

de un igualitarismo utópico, creador de paro, que en realidad no es ni un marxismo actual,

porque está fuera de toda racionalidad • económica, que no se puede ni siquiera discutirlo

seriamente, y que llega a un verdadero infantilismo, cuando dedica tres páginas a lo que llama

«planificación concertada». ¿Qué idea tienen los socialistas españoles de lo que es la

planificación? Si se aplicasen las ideas que proponen, la desintegración económica sería

inmediata y por ello entendemos que con ese programa el socialismo se autoexctuye de ser

una alternativa de poder válida.

Se comprueba muy bien el parecido del programa socialista con algunas medidas adoptadas

por el ministro de Hacienda anterior y el Pacto de la Moncloa y cuánta razón teníamos al

calificarlas de pre-marxistas y la situación actual es en gran parte la consecuencia de tal

política, que ahora se intenta frenar y a la vista está, con poco éxito.

Higinio PARÍS EGUILAZ

 

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