Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Media España contra el sistema     
 
 El Alcázar.    11/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Crónica de España

Media España contra el sistema

EXISTE una lógica tendencia informativa a concretar los resultados de las elecciones vascongadas en dos

afirmaciones rotundas: triunfo del PNV y hundimiento de UCO. Ambos datos-son incuestionables,

aunque deben ser encajados en sus justos términos. Pero, la consecuencia fundamental de los comicios

vascongados ha de buscarse en el índice espectacular de las abstenciones, las cuales confirman una

tendencia generalizada en toda España. La creciente resistencia al voto de los españoles configura un

fenómeno político de capital importancia y gran alcance. Algunos dirán que tales índices de inhibición

expresan los niveles del desencanto, traducido en una actitud pasiva. Creo, sin embargo, que el

incremento espectacular de la abstención, convertida en constante de comportamiento, explaya una

actitud combatiente de rechazo. El gran perdedor de las elecciones vascongadas ha sido el sistema

político.

Las emisoras de radio mantuvieron abiertos sus servicios especiales para la consulta electoral hasta las

tres de la madrugada. En ese momento, el Ministerio del Interior decidió cerrar la tienda hasta las ocho de

la mañana, hora en que el subsecretario del Interior a n unciaría los res ultados oficiales. Et poder se tomó

cinco horas de vigilia para digerir el pasto de las urnas. Volvía a reproducirse esa curiosa inclinación del

ucedismo a encerrarse en su concha cuando las cosas se le tuercen. La incapacidad de los hombres de

UCD para tomar decisiones sin la anuencia del/efe se ha transformado en un penoso hábito. Por lo visto,

nadie en UCD osa pensar por cuenta propia. La carta de dimisión firmada en blanco les pesa a los

hombres de UCD como una losa. De ello se deriva un grotesco trabamiento, cuyo reflejo en la opinión

pública se traduce en descrédito acrecentado del sistema democrático.

Los enviados especiales de la radiodifusión, llamados a intervenir una vez tras otra, debieron refugiarse

con frecuencia en el relato improvisado de sucesos intrascendentes y de anécdotas. No hay nada peor para

la estructura de la propaganda que los márgenes a llenar sin guía. Pero gracias a la espontaneidad o a la

irreflexión, podemos los demás tomar el pulso a los acontecimientos. Requerido a contar anécdotas, un

reportero explicó que al hacer el escrutinio sobraba un voto en una mesa del colegio de Gorliz. Entonces

se decidió a cara o cruz si se le quitaba al PNV o a la UCD. ¿Cómo puede sobrar un voto?

Se preguntaban atónitos los oyentes. ¿Y cómo es posible que los componentes de la mesa, teóricos

celadores de la pureza democrática, se jueguen el voto como si de unos vinos se tratara, en vez de revisar

a fondo las listas y las papeletas y, en todo caso, declarar nula la votación, conforme al reglamento? Bastó

esa sola anécdota, contada circunstancialmente, para confirmar el muy extendido recelo del pueblo

español hacia la seriedad de los comicios y la validez de la ceremonia de) voto. Una anécdota no puede

elevarse a categoría. Pero llueve sobre mojado. La manipulación del voto en anteriores convocatorias y la

multitud de incidentes viciosos de que han sido testigos o víctimas cientos de miles de españoles, se

traducen en un instintivo desprecio hacia el recurso de las urnas como expresión de la voluntad popular.

Mucha gente se justifica: ¿Y para qué voy a votar, si luego saldrá lo que convenga? Cuando esta laxitud

electoral se apodera de anchas franjas de la población, debe admitirse que la democracia ha perdido

crédito y viabilidad. Se preguntan consternados numerosos observadores por las causas del hundimiento

de UCD en las elecciones vascongadas. No hay ningún secreto inescrutable en el fracaso de UCD, como

tampoco existe en el rudo retroceso del PSOE. UCD y PSOE favorecieron durante estos años el proceso

autonómico y estimularon la marcha del PNV y los «abertzale» hacia la consumación de sus ansias»

independentistas.

UCD y PSOE practican una política permisiva y posibilista en relación con el terrorismo.

Ampararon indultos y amnistías. Protagonizaron oscuros pactos oportunistas con las organizaciones del

terror o sus aparatos políticos de protección. Hicieron de las «nacionalidades» una burda y envilecedora

bandera democrática. Permitieron y estimularon la exaltación de los autores de los crímenes, mientras se

esforzaban por disimular de manera abyecta el volumen insoportable de la sangre derramada.

Cohibieron mediante falaces presiones e indignas distorsiones los mecanismos espontáneos de reacción

del patriotismo agredido. Se hicieron responsables de la ruptura de la unidad de España, del crecimiento

impune del terrorismo, de la corrupción del sistema democrático y de un rosario inacabable de cobardes

concesiones. Gracias a ellos pudieron apoderarse de Vascongadas las organizaciones secesionistas

marxistas, progresó la escalada revolucionaria y se generó un poder armado, más fuerte que el poder del

Estado. Es lógico que muchos electores se plantearan: ¿Y para qué vamos a votar a UCD y PSOE, si

UCD y PSOE hacen el juego al PNV, a Herri Batasuna, a Euzkadiko Ezkerra y, en definitiva, al

comunismo prosoviético? Los más medrosos se apuntaron al voto de los partidos secesionistas, temerosos

de que su ausencia fuese tomada en cuenta por los interventores filiados al aparato terrorista y sus

nombres pasaran a integrar las listas de futuras represalias. Los más cobardes han apuntado su voto al

futuro «Estado socialista de Euzkadi», persuadidos de que el voto equivale a un aval a exhibir muy pronto

como garantía de supervivencia. Los demás, aquéllos que todavía no llegaron a enlodar su alma hasta tal

punto, prefirieron condenar con su ausencia del voto tan monstruosa farsa.

El partido de la abstención consiguió el domingo una gran victoria en Vascongadas. Fue el suyo el triunfo

más consistente. Resulta espectacular el crecimiento del partido del rechazo. Ni tan siquiera en Andalucía

pudo disimularlo el recurso al aguijoneo emocional, mediante la utilización inmunda del argumento de

agravio comparativo respecto a Vascongadas y Cataluña. En toda España se aproxima al cincuenta por

ciento del electorado el partido del rechazo al sistema. Muchos encajes de bolillos harán falta a la

partitocracia para engañar en Cataluña sobre el fenómeno en aumento del repudio.

Agoniza el invento farisaico del «voto útil», merced al cual UCD pudo disponer de una consistencia

electoral objetivamente inexistente. Declina el deslumbramiento socialista de quienes salían del anterior

régimen con romántica vocación progresista. La mitad de los españoles vuelven las espaldas al sistema.

Están hartos de falsificación democrática. Se niegan a ser utilizados. Prefieren el diluvio al engaña. Faltos

de una voz poderosa que los integre y aune, ayunos de un alentador ideal al que abrazarse, defraudados en

sus ansias de unidad, la mitad de los españoles parecen haber optado instintivamente por provocar con su

inhibición la ruptura del sistema. Saben o sienten que la abstención abate las últimas barreras de la marea

marxista y secesionista. Pero intuyen que al favorecer un agravamiento extremo de la situación y poner al

sol la purulencia del consenso, plantean las condiciones indispensables para que estalle la farsa.

Los resultados electorales en Vascongadas desembocan en una realidad extremosa y quebradiza. Suárez y

la UCD han perdido sus últimas apariencias de representatividad y de utilidad. No son una solución, sino

el camino hacia la consumación de la catástrofe. Felipe González y el PCE no configuran ya una solución

de recambio. El esperpento de democracia parlamentaria queda despojado de vestiduras engañosas y

aparece ante el pueblo como mero e indigno apaño de poder. El proceso revolucionario emerge sin

veladuras y muestra la dimensión amenazadora de su fuerza destructiva. Media España aguarda

expectante, después de romper el escaparate. Nadie puede hacerse ya ilusiones. Caminamos

aceleradamente hacia la consumación del conflicto. Mientras la Unión Soviética afila los cuchillos, en los

Gobiernos occidentales se acrece el sobresalto. Otra vez España ha roto las previsiones racionalistas.

De nuevo España se convierte en piedra de escándalo.

Ismael MEDINA

 

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