Autor: Otaño, Alberto. 
 En el Meliá Castilla, fiesta pro frente de unidad nacional. 
 Los combatientes se divierten     
 
   13/10/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 19. 

En el Meliá Castilla, fiesta pro frente de unidad nacional

Los combatientes se divierten

Alberto Otaño

Y dijo el presentador;

Aquí na hay sardinas ni chuletas, pero tenemos magníficos bocadillos de campaña.

Eran las ocho y cuarto de la noche de ayer y se iniciaba el primer festival de la Confederación de

Combatientes «pro frente de unidad nacional».

En dos semanas se p repartí la fiesta. Hasta las tres de la madrugada estaba prevista ía actuación de

cantantes y conjuntos para animar el cotarro.

Ninguno ha cobrado nada por participar. Todos son ideológicamente afines a lo que aquí so pretende dijo

un miembro de la organización.

Desde Fernando Sancho a De Raymond, pasando por Perla Cristal o por Paloma Cela, una treintena de

profesionales del espectáculo garantizaban el jolgorio de la nostalgia.

El hotel Molía Castilla daba el adecuado marco al festejo. Camisas azules, boinas rojas, txape-las negras

de paracaidista, esmoqúines, trajes largos, perfumes caros, mejillas rasuradas, melenas fuera, chávalas

imponentes, vejestorios que matizan los años a base de maquillaje, banderas españolas, trajes oscuros,

miradas desafiantes en los niños y nostálgicas en los maduros y unas mil personas al comenzar la juerga.

Clavelitos; ¿a quién le doy claveles?

Guapas mozas vendían prendidos de claveles rojo y gualda. O rojo y amarillo, según Camilo. Por

cuatrocientas pesetas para la cnusa del frente de unidad naeio: nal, copa de invitación

cubalibre y similares o cuatro vinos en la «taberna del furriel», que el .güisqui valía cuarenta

duros— y siete horas de ininterrumpido culto al tiempo pasado y a la música de hoy.

Se comenzó —tras la españolísima zarzuela y la melancólica «Balada para Adelina»— con ritmo

discotequero. Algunos uniformes danzantes salieron a la pista. Al principio no hubo personalidades.

Es que vendrán más tarde. Han prometido asistir Pilar Primo de Rivera, Blas Pinar, Raimundo Fernández

Cuesta, Luis Valero Bermejo. Los duques de Franco nos avisaron que estaban de cacería. Pero igual

acuden a última hora.

Fiesta anticonstitucionalista y electorera, que cada uno mueve los peones en su dirección; faltaría más.

El beneficio económico será para propaganda, y, en definitiva, se trata de recaudar fondos para

servir a la idea. Allí estaba el «stand» de Fuerza Nueva, con sus chicas impecables, ofreciendo

pulseras en •rojo y azul, -poseías de Franco en forma de pasadores de corbata y gemelos a veinte o

sesenta duros, casettes de De Eaymond y mecheros. Al lado, las «margaritas» del Tercio de Cristo

Bey de Madrid ofrecían manifiestos en su tenderete. La literatura se emplazaba en el centro: Libros

como «El año siguiente» o «Pornografía y drogas» se apiñaban junto a ceniceros con la efigie del caudillo

y mecheros de «El Alcázar».

Más allá, la Agrupación de Juventudes Tra-dicionalistas vendía postales de la Virgen del Pilar,

aprovechando la festividad del día.

No estaban previstos mítines de ningún tipo. El personal iba a divertirse con sus «estrellas» y a menear el

solomillo según avanzara i a noche. Había muchos ceniceros, eso sí, que no es cosa de estropear la

moqueta, que anda el metro por las nubes. Pulcritud y buenos modales presidían la reunión de la derecha

más derecha. Luego vendrían los aplausos y los fervores, la calentura de cualquier tiempo pasado fue

mejor.

Pero sin sardinas. Que es que huelen oue apestan.

 

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