Autor: Baró Quesada, José. 
 Crónica viva del dolor de España.. 
 Ante el cadaver de Franco     
 
 ABC.    22/11/1975.  Página: 40. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

ABC. SÁBADO 22 DE NOVIEMBRE DE 1975. PAG. 40.

CRÓNICA VIVA DEL DOLOR DE ESPAÑA

ANTE EL CADÁVER DE FRANCO

He permanecido más de tres horas —las primeras de la capilla ardiente del Palacio Real— cerca de los

restos mortales de Francisco Franco. Tres largas horas preñadas de emoción. He visto llorar a muchos

hombres y mujeres cuando pasaban ante el féretro. He visto, conmovidos —todos lo estábamos—, a los

fieles servidores del que fue Jefe del Estado español: Fuertes de Villavicencio, Ricardo Catoira, Sánchez

Alcaide, Jaime Moreno, Ángel Oliveras. PoIicarpo Mestres, Menéndez. Lizaur, Recaredo, Salazar, Zurdo,

Valdivielso, Balbino... Hombres de las Casas Militar y Civil, de los Servicios de Seguridad del

Regimiento de la Guardia... Atrás quedan el Pazo de Meirás, La Zapateira, Ayete, el «Azor», los viajes

triunfales por todas las provincias, las cacerías en tierras de la Mancha, las jornadas de pesca en Asturias,

mis almuerzos como invitado del Caudillo en su tienda de campaña del coto de las Mesías. Y está inerte,

fría, la mano ilustre que tantas veces estreché.

Se desvanecen dos soldados que, con las armas a la funerala, dan guardia al Generalísimo. Mandan

apagar los focos grandes de la Televisión para que el calor que despiden no perjudique al cadáver. Veo a

monseñor Guerra Campos y al ex ministro López Bravo con profunda consternación en los rostros.

También a Antonio Oriol, a Silva Melero, a González Gallarza, a Miguel Primo de Rivera, a Jesús Romeo

Gorría, a Garicano Goñi...

Gentes humildes, gentes del pueblo, con enorme tristeza. Sollozos y palabras entrecortadas. "¡Qué pena,

Dios mío!", se oye frecuentemente decir. En las colas —interminables— hay muchas personas con ramos

de flores. Otras llevan rosarios. Los altavoces difunden música sacra en torno a Palacio. Se oyen, cada

cuarto de hora, las salvas de Artillería. Los relevos de la escolta de honor —representantes de los tres

Ejércitos— y de los turnos de vela de las autoridades civiles se suceden cada veinte minutos. Al pie del

féretro las condecoraciones, los atributos militares de Su Excelencia y unas coronas con dedicatorias

entrañables.

Yo, cronista de Franco durante muy largos anos, tengo, como millones de españoles, atenazado el

corazón. Y lloro y rezo por él. al mismo tiempo que pido al Señor por mi Patria y por quien a partir de

hoy será nuestro Rey: Su Majestad Don Juan Carlos I. — José BARO QUESADA.

 

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