Autor: Urbano, Pilar. 
 En directo, desde las Cortes. 
 Los mil detalles de la jura del rey     
 
 ABC.    23/11/1975.  Página: 43-44. Páginas: 2. Párrafos: 19. 

ABC. DOMINGO 23 DE NOVIEMBRE UDE 1975.

CRONICA DE UNA JORNADA HISTORICA

EN DIRECTO, DESDE LAS CORTES

LOS MIL DETALLES DE LA JURA

DEL REY

Madrid.—Jornada de Cortes para Historia. Cortes de Franco v Jura del Rey Don Juan Carlos I.

A las diez y media de la mañana los periodistas, nacionales y extranjeros, estamos en nuestro puesto:

tribuna del salón de sesiones de las Cortes, ángulo extremo Izquierdo. Veremos el hemiciclo y el estrado

de Presidencia como en las viñetas de S´agaró, desde arriba. Se nos prohibe salir de la tribuna.

Observatorio testifical de excepción, pero inmóvil.

Desde aquí cabe escribir una crónica directa ambiental, llena de color y empapada de impresiones

diferentes, tantas cuantas se concitan en esta inmensa sala que mandó construir y decorar la Reina Isabel

II en 185O. Hay procuradores que desde 1931 esperan la llegada del Rey. Hay procuradores que desde el

verano de 1969 saben que algún día llegará. Pero no es sólo una cuestión de plazos en la esperanza lo que

matiza las diferentes perspectivas en la Cámara. No

• ENTRE LA GALA Y EL LUTO

La duquesa de Alba llega temprano, alrededor de las nueve y media. Para entonces ya hay animación en

salones adyacentes al de «plenarias> y en pasillos. A los procuradores se les ha exigido chaqué y corbata

negra. No obstante, algunos se presentan con traje de calle oscuro. Otros con camisa azul. También hay

procuradores militares que ostentan condecoraciones y brazalete negro, aun cuando el luto, en esta hora

decisiva y solemne. ha sido asumido por la gala.

Pronto llegan don Nicolás Franco Bahamonde y su hijo, don Nicolás Franco y Pasqual de Pobil, que

ocupan escaños inmediatos. Se va engrosando el pleno de asistencias. No hay representantes saharauls.

Las procuradores visten de oscuro. Belén Landaburu con traje de chaqueta abierto, «channel», y blusa de

seda con lazada blanca. Pilar Primo de Rivera, Carmen Bravo. Teresa Loring. Mónica Plaza, camisa azul

mahón.

ES Alcalde de Sevilla, Fernando Parias, uno de los procuradores que juraron su cargo en el recién

celebrado último Pleno, comparece acompañado de su esposa. Evita Helcón. que fue hace años «Mujer

Ideal».

• QUINIENTOS TELEESPECTADORES OE TV.COLOR

Junto a los receptores que han de ofreel reportaje directo en color de la comitiva y del juramento se han

ido situando los quinientos invitados que no entrarán en el salón de sesiones. Hay cuatro cámaras de R.

TV. E. distribuidas en el hemiciclo y otra en el exterior. Alberto Delgado presta voz y texto al reportaje

que realiza en planos Ramón Diez. Se retransmite para Europa.

• LA ARISTOCRACIA EUROPEA

Las personalidades invitadas van concurriendo a las tribunas que bordean el hemiciclo. Atestan y

desbordan su capacidad, que es sólo de ciento setenta personas. Pueden calcularse unas trescientas. Es

aquí, en esta zona alta, donde converge el colorido de los trajes de las damas.

La tribuna central es ocupada por las Infantas de España Doña Pilar y Doña Margarita —que visten traje

largo blanco y malva, respectivamente— a quienes acompañan los señores Gómez Acebo y Zorita. Poco

después llega y se sienta.

la junto a ellas, la marquesa de Villaverde, vestida de negro. Tras ella, el doctor Martínez Bordiú.

También allí, don Gonzalo de Borbón. Llegan al mismo tiempo los nietos del General Franco. Francisco.

Mariola, María del Mar y Cristóbal, con don Rafael Ardiz. En la tribuna central toman asiento también la

princesa Irene de Grecia. Y las señoras de Arias, de Rodríguez de Valcárcel y de Salas Larrazábal. En la

tribuna contigua derecha, junto a los Monarcas griegos Constantino y Ana María, hermanos de la Reina

Doña Sofía, veo a la Reina de Albania, a los Príncipes Carlos " Ana de BorbónDos Sicilias, duques de

Calabria, y a la duquesa viuda de Calabria, doña Alicia de BorbónParma, infanta de España.

En la tribuna contigua izquierda de la central, don Luis Alfonso de Baviera, los duques de Cádiz (se podía

apreciar la huella del sufrimiento pasado y del dolor presente en el rostro de la duquesa, nieta del

Generalísimo); doña Marisol de Baviera y la duquesa de Carrero Blanco, a quien por vez primera vemos

en público vistiendo de color: traje claro, crudo y abrigo fucsia encendido.

MISIONES EXTRANJERAS: CUATRO JEFES DE ESTADO

Entre las personalidades que ocupan las tribunas reservadas por el Ministerio de Asuntos Exteriores, el

presidente de Chile, general Pinochet y su esposa: el Príncipe Rainiero de Mónaco, que antes de

comenzar el acto pasó a la tribuna inmediata a saludar a la esposa del presidente filipino, doña Imelda de

Marcos, a quien acompañaba su hija. Junto a Pinochet, el Rey Hussein de Jordania, el gran maestre

soberano de la Orden de Malta, fray Angelo Mojana —recibido la víspera en Barajas por el entonces

Príncipe de España, y a quien se tributaron los honores de Jefe de Estado, pertinentes de su rango—; el

hermano del Sha de Persia, Principe Abdor Reza Pahlevi; el vicepresidente de los Estados Unidos, Nelson

Rockefeller

Asimismo, se encontraban presentes el primer ministro de Marruecos, Hamed Osman; el hermano del

Rey de Arabia Saudí, jefe de la Guardia Nacional de su país; el ministro de Asuntos Exteriores de Costa

Rica; el vicepresidente del Gobierno y ministro del Interior y el de Asuntos Exteriores de la República

Dominicana: la ministro auxiliar parlamentaria de Asuntos Exteriores de Canadá: el ministro de Deiensa

Nacional de Uruguay, el de Educación de Argentina; el presidente de la Corte Suprema de Colombia:

representando a Paraguay el h i .1 o del presidente Stroessner; el presidente del Congreso y el ministro del

Interior, y el del Ejército de dicho país; Titulares de la cartera de Asuntos Exteriores de Pakistán y de

Túnez Los embajadores de Nigeria, y de Ghana. Nuncio apostólico de Su Santidad, monseñor Luiggl

Dadagllo. Primer ministro de Gabón; secretario general de la Presidencia de Turquía; secretario general

de las Naciones Unidas en Europa, y director general de Relaciones Exteriores del Mercado Común, entre

otros miembros de las Misiones diplomáticas acreditadas en España

• LAS LAGRIMAS DEL REY

En frente de la tribuna de Prensa, veo a don José María Pemán, emocionado. Pensativo, concentrado con

intensidad en el momento, el presidente Arias Navarro.

en el banco azul que ocupa el Gobierno en el estrado de Presidencia.

Creyendo que nadie lo ve, en algún momento del acto solemne, llora en silencio el Rey Constantino.

Hay un impresionante silencio en la tribuna central que preside la marquesa de Villaverde y las

Infantas doña Pilar y doña Margarita de Barbón.

Loe televidentes pudieron apreciar en el rostro da Don Juan Carlos I profundas ojeras. Alguien, de

buena credencial, me confirma un dato: Hasta las cinco de la madrugada de ese mismo día. no se

facilitó al Ministerio de Información y Turismo d texto del mensaje del Bey a la nación.

Cuando suenan los acordes del himno, una vez proclamada su Realeza, que las Cortes, el Consejo de

Regenci, el de Reino, el Gobierno y la Familia Real, escuchan en pie y en silencio, el Rey llora. Unas

lágrimas breves, de hombre, de hijo que se siente heredero de una tradición dinástica centenaria.

• EL TRAJE DE LA REINA

No pudo elegir Doña Sofía un atuendo de color más español; su vestido largo, de corte «princesa", con

bordados a gran realce en el zócalo, y abrigo y bolso del mismo tejido, era carmesí. Como la vuelta de los

capotes toreros a última hora de la tarde, vivo, pero matizado, favorecedor, elegante. En diagonal sobre su

pecho la banda azul de María Luisa, y junto al collar de perlas la condecoración de la misma Orden.

Desde mi emplazamiento alto veo la cabeza airosa, sin diadema alguna, de la Reina. Su gesto afable, su

talle erguido. Las infantas Doña Elena y Doña Cristina, que lo serán de España al terminar la

proclamación, visten de terciopelo color verde oliva. También en el mismo tono el lazo que sujeta sus

cabellos rubios. El Príncipe heredero, Don Felipe, guarda la compostara graciosa de un «niño que se porta

bien», de un niño que quiere ser un hombrecito. Y en un momento del mensaje del Rey, llama a su madre

para que observe a alguien que ambos conocen mucho...

• OVACIONES Y ACLAMACIONES

Tres aclamaciones resuenan en la sala de sesiones durante el acto. Tres aclamaciones contundentes,

replicadas, vitoreadas por el hemiciclo puesto en pie. Las de "¡Viva el Rey! ¡Viva España.!" gritadas por

el presidente del Consejo de Regencia después de recibir el juramento real. Y el sonoro y rotundo «¡Viva

España!" con que el Rey terminó su mensaje.

Después de haber abandonado el salón la Familia Real, el hasta ese momento Consejo de Regencia, los

miembros de la Mesa de las Cortes y de la Casa del Rey y el Gobierno, espontáneamente, los

procuradores y consejeros del Reino, gritando «¡Franco. Franco, Franco!" y vueltos hacia la tribuna que

ocupaba la marquesa de Villaverde, hija única del extinto Jefe del Estado, prorrumpieron en una ovación

fuerte y unánime. Un homenaje significante.

• NI INCIDENTES NI ACCIDENTES

Todo se desarrolló de acuerdo con el ceremonal prescrito. Hubo sobriedad, sin alardes de lujo. Los tapices

que enjabelgaban los muros y parte de la tribuna de presidencia, así como la alfombra que cubría el

recorrido desde la puerta de los leones, fueron traídos la víspera del Patrimonio Nacional. Escoltó a la

Familia Real la Guardia de Franco, montada y vestida de gala. El trayecto de la comitiva real fue seguido

por una multitud ferviente que vitoreaba a los Monarcas a su paso. No hubo percances, ni errores, ni

incidente alguno. En la enfermería de guardia de las Cortes se asistió de una lipotimia al rector magnífico

de la Universidad de Granada, y de una torcedura de tobillo a la procurador Montserrat Tey.

Mientras los Reyes acudían al Palacio Real para rezar ante el cadáver de Francisco Franco (a tal fin, la

Reina cambió su abrigo carmesí por otro negro), los invitados y muchos de los procuradores asistentes al

juramento permanecieron en las Cortes, aun después de las dos de la tarde, siguiendo, a través de los

receptores de televisión, el reportaje en directo.—Pilar URBANO.

 

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